Gertrude Goldschmidt, la artista venezolana originaria de Europa del Este, más conocida como Gego, ha estado presente en mi universo visual desde hace muchos años ya. Primero, vi sus esculturas móviles en Nueva York; luego, surgió su nombre muchas veces en conversaciones con el matemático caraqueño Carlos Di Prisco durante sus años de estadía en Bogotá. Carlos llegó a conversar varias veces con Gego hace muchos años ya; la hija de Gego, Barbara Gunz, estudió matemáticas en la Universidad Central de Venezuela y tomó un curso de topología con Carlos. Esculturas de Gego vistas en muchos lugares siempre me trajeron a la mente un destilado estructural muy poderoso, muy llamativo para el matemático en mí: la estructura de la sombra, de las redes superpuestas, de la movilidad alusiva a Calder, pero en versiones de filigrana casi inefables. La sutileza escultórica puesta a vibrar ante los ojos, como esos retículos que sostienen la vida en nuestros cuerpos, como esas mallas de nuestras conexiones mentales y corpóreas, todo eso puesto ahí ante nuestros ojos, con alambres e hilos, luces y sombras.
En la Ciudad de México, en el Museo Jumex, hace dos años y medio hubo una exposición gigante de la obra de Gego. Además de las obras que esperaba ver, los entramados y retículos maravillosos, me llevé una sorpresa muy grata al ver muchas otras obras de la gran artista. Esbozos, cuadernos de apuntes y un impresionante libro de artista (Autobiografía de una línea), muchísimas esculturas tal vez menos inmediatamente impactantes que las esculturas famosas, pero no menos importantes. La exposición en Jumex (Midiendo el infinito) realmente me mostró facetas de la obra de Gego que me ayudaron a capturar mejor su complejidad, sus procesos, los sedimentos de su obra.
Agrego un pequeño álbum de fotografías que tomé en Jumex (durante ese viaje maravilloso a México en diciembre de 2022).
NOTA: recordé todo esto por un post de Jacqueline Goldberg, otra gran artista (poeta, escritora, traductora, ensayista) venezolana con origen en Europa del Este. Hace pocos días en su fb, la escritora publicó un post que evocaba de manera muy elocuente la obra de Gego y Soto como precursores de lenguaje instalativo, como parte de su tesis doctoral en la UCV (La Instalación en Venezuela: (1960-1995): historias y protohistorias).
NOTA: Carlos Di Prisco me envía más conexiones: por un lado, aclaró una versión anterior de este post, con el nombre de la matemática hija de Gego, Barbara Gunz. Por otro lado, menciona a su hijo, el nieto de Gego, el artista Elías Crespin – y la línea que va de Gego a Crespin vía la geometría de la hija/madre, Barbara Gunz.
Esta breve entrevista con Barbara Gunz es interesante: cuenta que Gego, su madre, decía que lo que ella hacía no era escultura. Vale la pena verlo: https://www.youtube.com/watch?v=7hoUZf0C8K0




































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