Antes de que arrancara el campeonato, comenté en una entrevista que la típica depresión post Mundial ya no iba a existir una vez que todo terminara. Me refería a esa nostalgia que aparece después de vivir con intensidad extrema una tradición que acapara toda la atención y que organiza nuestras pasiones. Un mes de fútbol mundialista, mientras transcurre, se percibe como si fuera la vida entera. Nos convencemos de que va a ser así para siempre. Y cuando sos enviado especial de un medio, lo llegas a creer.
La conexión permanente con las redes y con lo que traen los feeds son la causa de que esos vacíos ya no existan. No es que no extrañemos esos días de fútbol, vacaciones sin viajar y Mundial. Lo que sucede es que nos atragantamos con lo que siga. Las emociones son reemplazadas por otros estímulos. Las reacciones por nuevas indignaciones. Los algoritmos eligen nuestras conversaciones y la nostalgia futbolera dura un chispazo. Se pasa de página sin recordar bien que fue lo que leímos.
Pero nadie apostaba a que el hueco conceptual fuera ocupado por el colapso del mandato de Gianni Infantino, que puso al fútbol global en situación de terromoto, revisar y confirmar alianzas que debe fortalecer y filtraciones a la hora del día.
La última noticia documentada: FIFA intentó en 2021 ser parte de la fallida Superliga Europea, tomar acciones de ese campeonato y sin hacer partícipes a las asociaciones miembro. El último rumor: Infantino le prometió a Marruecos la final del Mundial 2030 en Casablanca. Lo “levantó” Polymarket y FIFA lo desmintió con precisión: por el honor de la organización y porque Kalshi fue partner en el Mundial.
La velocidad que tomó el asunto del Mundial (no) privatizado de Infantino lo presenta como el primer caso del fútbol en el que las decisiones corren detrás de las noticias. La cartografía que modeló al fútbol entre el FIFAgate y el Mundial 2026 ya es otra. Se movió el piso y los dirigentes del fútbol saben muy bien que estas oportunidades y reacomodamientos se aprovechan. Nadie está del todo tranquilo porque ahora las decisiones del fútbol global, regional y local están conectadas. La disputa involucra a todos.
Nunca el poder del fútbol se sacudió de esta forma y puso a un gestor exitoso al borde del abismo en menos de 15 días. Si después de este peligro de derrumbe los institutos, diplomados, programas ejecutivos y escuelas de negocios deportivos no actualizan el capítulo de “gobernanza en el fútbol”, sepan los alumnos que los contenidos son falopa.
Infantino pasó de rey del fútbol y futuro CEO de Football Forward Enterprise a alguien que revisa su lista de contactos para ver quien le atendería una llamada. Se le despegó hasta Arsene Wenger que jamás abandona su cara de disgusto y va al frente cuando tiene que defender reglas e ideas de organizar un Mundial cada 15 minutos. Infantino casi sin escape debió mover al núcleo duro de FIFA a una reunión de emergencia en Marruecos, su Boca Predio.
Replegado en un país que lo respalda de manera explícita, Infantino ahí pudo pensar con calma, analizar las próximas movidas y confirmar con quiénes cuenta en el alterado tablero global del fútbol. Tenía dos urgencias por resolver: llegar a la elección del próximo Congreso en marzo y no morir en el intento.
La salida del laberinto fue por arriba. Le pidió disculpas a las asociaciones por la desprolijidad en el proyecto Football Forward Enterprise, prometió mejoras en los criterios de gobernanza y finalizó con una advertencia: FIFA no tolerará más alguna duda sobre la integridad de sus miembros y sus acciones. Del ataque al contraataque. Estrategia de manual de crisis, fundamental para que no lo vean titubear.
La semana pasada contamos de que se trataba el plan de Infantino que hizo estallar todo por los aires. Sobre la idea de que el fútbol esta subexplotado -en sus análisis lo comparan con la NBA, la NFL y la F1 sin reparar en matices y perfiles de negocio-, los fondos de inversión entienden que la evolución comercial del fútbol de FIFA no estaba en sumar nuevos activos sino en abrirse a instrumentos financieros de capitalización.
Las asociaciones nacionales del fútbol podrán responder a sus confederaciones y articular estrategias comunes, pero finalmente cada una vota por las suyas y defiende sus intereses. Sportico hizo una contabilidad muy sencilla que permite entender por qué Infantino, triunfante tras el Mundial 2026, creyó que el plan podía tener éxito: la mayoría de las 211 federaciones jamás jugó un Mundial, pero se benefician con lo que esos campeonatos producen para sus economías.
La percepción generalizada es que el Mundial involucra a todos los países, pero si la miramos desde el conjunto de 211 federaciones, es una competencia de elite que podría ser más inclusiva -desde el dinero, lo competitivo se verá- si pasara a 64 equipos. La teoría que sostenía que un Mundial lo juegan los mejores corresponderá a otra época del fútbol: lo jugarán todos los que puedan entrar.
Sobre esta realidad el archipiélago de federaciones que solo miran el Mundial por TV, no tendría reparos en levantar la mano, votar que sí a lo que fuera y automáticamente ingresar un proyectado de 86 millones de dólares, desde ahora y hasta 2038.
Infantino creyó y le hizo creer a JP Morgan y a los sharks de Thrive Capital que iba a ser así de sencillo. No lo fue y el terromoto político todavía no tiene fecha de vencimiento. El fútbol en 2026 tiene todas sus terminales conectadas y diferentes niveles de representación. Están las federaciones nacionales, las ligas de cada país, las entidades que agrupan a los clubes y los foros regionales e internacionales que agrupan a las ligas. Algunas son ejecutivas y otras más simbólicas por el impacto sus decisiones.
European Football Clubs que preside Nasser Al-Khelaïfi -dueño del PSG- y que agrupa a 800 clubes de 55 países podría complicarle las cosas a la FIFA si decidiera un boicot al Mundial de Clubes 2029, un evento que todavía no tiene sede y que, según protestan algunos, adeuda ingresos y premios por 250 millones de dólares.
También es importante saber que FIFA dejó de ser una organización que le “habla” solo a las federaciones y tiene diálogo directo con los clubes, con los jugadores y con los agentes. A lo que vamos es que las representaciones y las decisiones políticas del fútbol global en 2026 son un entramado de intereses y elementos de presión cruzados y vinculados entre sí. En ese aspecto, cada parte involucrada en el fútbol elige su propia aventura de acuerdo a lo que más le conviene.
En estos diez días que hicieron temblar al mundo del fútbol, CONMEBOL tuvo silencios largos y expresiones tardías que deben ser interpretados como una estrategia de dilación, sobre el convencimiento de acompañar a Infantino. Conmebol reune a sus dirigentes hoy en Asunción y se esperan novedades de un bloque de países sin grietas. Samir Xaud, presidente de CBF, dijo estar en contra del proyecto una vez que la propia FIFA lo archivó, pero su opinión fue a título personal. No vinculante.
Los motivos de la cohesión en CONMEBOL y del apoyo a la gestión de Infantino son concretos y estratégicos: la región tiene el Mundial femenino en Brasil en 2027 y el Mundial 2030 con partidos en Argentina, Uruguay y Paraguay para celebrar el centenario. Llevar el campeonato a 64 equipos es una iniciativa de tuit fijado de Alejandro Domínguez. Fue lo primero que publicó al día siguiente de la final España-Argentina.
Una ampliación que traería para el bloque de CONMEBOL una felicidad inédita: lo jugarían nueve de los 10 equipos. La salida de emergencia que precisó Infantino tiene pendiente todavía resolver si el campeonato pasará efectivamente de 48 a 64 equipos.
Haciendo zoom en una probable postura de la AFA, la discusión de fondo debería tener la duración de una charla de ascensor: la AFA rechaza cualquier idea de armado societario que incluya la inversión privada como instrumento, además del reparto de acciones como forma de intervenir en las cosas del fútbol. Si el asunto realmente fuera sobre eso, habría una disonancia mayúscula entre lo que la AFA pueda aceptar allá y combatir acá.
No va por ahí. La idea de bancar a Gianni Infantino en la conducción de la FIFA se basa con la continuidad de una línea de conducción que le ha permitido, en lo deportivo, ser campeones del mundo y llegar a otra final. Y en lo político ocupar lugares estratégicos en diferentes mesas de conducción del fútbol global.
Infantino fue por las suyas y eso es lo que desconcertó hasta a los más altos directivos del fútbol, que interpretaron que el problema era suyo y le correspondía solucionarlo. Los pedidos de renuncia y las expresiones de disgusto fueron muchas. Los apoyos se deslizan en silencio. A la salida de Rabat, en días, tal vez en horas, se verá si Infantino equilibró el barco, ganó tiempo o los nubarrones vuelven a aparecer.
La FIFA de Infantino tropezó con los cordones de sus planes de expansión comercial inconsultos y cambió el clima post Mundial. Ocupó el lugar de la nostalgia futbolera con ráfagas a repetición de noticias, filtraciones y escándalos que vinieron de sus propios laberintos.
El periodismo de investigación y los feeds que amplifican el drama mantuvieron al fútbol en alerta. El poder se vuelve volátil cuando se pierde el manejo de la agenda y los hechos se descontrolan. Las redes sociales no duermen ni se calman hasta que las bombas se desactivan.
Infantino ya le dio explicaciones a las 211 federaciones y les pidió disculpas. No sabemos todavía si JP Morgan y los sharks de Thrive Capital ya recibieron las suyas. A veces los negocios se caen. Eso sí que debe quitar el sueño.
*Análisis de datos y fuentes consultadas con IA. Imágenes producidas con ChatGPT y Gemini. Los textos son de autor.
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mg.
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