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Big Data Sports · Jul 30, 2026

💣 Por qué Infantino desata la guerra comercial del fútbol

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Marcelo Gantman · Big Data Sports

Gianni Infantino aplica la principal lección que aprendió de tantas reuniones públicas y privadas con Donald Trump: primero se tira del mantel de la mesa y luego se negocia. El presidente de la FIFA, para salir de críticas y cuestionamientos en torno al Mundial 2026, logró cambiar la conversación con un método muy reconocible: golpear, negociar y más tarde explicar, como si el nuevo orden de las cosas fuera natural.

Infantino se mandó. O Infantino se la mandó. Final abierto según salga este experimento.

El fútbol es muy sutil para dejar en offside a encumbrados dirigentes o expertos analistas del juego. Te pone a hablar como un zonzo de un Mundial de 64 equipos mientras caen las bombas de una guerra comercial del fútbol, con la presentación intempestiva de la creación de FIFA Forward Enterprise, una filial dedicada a la explotación de los activos comerciales de los Mundiales con vía libre a la inversión privada.

Infantino abandona los modales suaves y emplea las técnicas del Salón Oval. Instala el tema en un instante y el viejo mundo del fútbol, shockeado, le contesta con comunicados. The Times creyó que publicaba una denuncia y en la práctica se pareció más a la filtración calculada de un plan comercial elaborado y listo para ser ejecutado bajo la experiencia de JP Morgan.

La FIFA no desmintió la noticia sino que la perfeccionó con detalles extras: si esto no se aprueba, las 211 federaciones miembro recibirán menos dinero en sus programas. El despliegue se parece bastante al escenario de batalla por los aranceles, pero el contenido es otro: el fútbol de la FIFA próximo a cambiar un modelo de negocios y gobernanza próximo a cumplir cien años. Si en lugar de aranceles de exportación ponemos financiamiento o no a programas de desarrollo del fútbol, los métodos y los argumentos hacen juego.

Captura de la carta enviada por FIFA a las federaciones.

Parte de la carta enviada por FIFA a las 211 federaciones miembro fue filtrada a los medios. En ese contenido se revela cómo funciona el proyecto, los fondos previstos y como sería la participación, tal cual describimos aquí:

Aumento del financiamiento Forward

La propuesta, de implementarse, permitiría que las Asociaciones Miembro se beneficien de los siguientes aumentos en el financiamiento Forward:

  1. FIFA Forward – USD 20 millones por AM para el ciclo que comienza el 1 de enero de 2027, distribuidos en partes iguales entre las 211 Asociaciones Miembro.

Este monto seguiría aumentando ciclo tras ciclo: USD 22 millones para 2031-2034, USD 24 millones para 2035-2038, y así sucesivamente. Se financiará mediante pagos garantizados provenientes de los mayores ingresos que genere esta entidad recién creada, de carácter comercial.

  1. FIFA Fast-Forward (un nuevo programa) – USD 20 millones por AM, como una oportunidad de financiamiento única y excepcional, solo para las Asociaciones Miembro que deseen participar. La decisión deberá comunicarse antes del 19 de septiembre de 2026 para poder planificar con anticipación, con fondos disponibles de manera inmediata a partir del 1 de enero de 2027.

Se financiará mediante la venta, por parte de FIFA, de una porción minoritaria de su participación en FIFA Forward Enterprise a inversores externos de largo plazo, cuidadosamente seleccionados, sin ceder ningún tipo de control.

En total, para el próximo ciclo que comienza el 1 de enero de 2027, cada Asociación Miembro tendrá la posibilidad de acceder hasta USD 40 millones por Asociación Miembro bajo esta propuesta.

A lo largo de un período de 12 años y tres ciclos, esto representaría pagos en efectivo de aproximadamente USD 86 millones (USD 40 millones + cerca de USD 22 millones + cerca de USD 24 millones), frente a los USD 3 millones recibidos en el mismo período antes de mi elección. Es decir, un aumento muy significativo: de 3 millones a 86 millones por AM en el mismo lapso.

Se vislumbra una larga disputa. Hubo rechazos inmediatos de UEFA y CONCACAF, organizaciones que tienen peso propio pero que en realidad son un archipiélago de voluntades de las federaciones que las integran. Otras declaraciones de rechazo llevaron la firma de Javier Tebas (LaLiga), la Federación inglesa, la Premier League, European Leagues y FIFPro Europa. Los que no se notan son los apoyos, porque justamente son los que no se expresan. Hay que mirar ahí con atención.

Acá lo que más interesa es tratar de entender por qué la FIFA salió con este plan comercial que, por su magnitud y ambición, dista mucho de ser un proyecto con el que Gianni Infantino se encontró mientras volaba por las 16 sedes del campeonato. La novedad, en realidad, es la coronación de una hoja de ruta entre los capitales norteamericanos y el fútbol.

El plan presentado por Infantino, si llegara a prosperar, es la pieza que encaja en el rompecabezas de los fondos de inversión. El flujo de los capitales norteamericanos -propios o como gestiones de otros inversores- quedó representada en la gran cantidad de clubes europeos que los tienen como dueños: más de cien clubes comprados desde 2018. El 36 por ciento de los equipos del Big 5 europeo tiene partes totales o parciales en manos de estadounidenses.

Hay fondos que manejan gran liquidez y buscan oportunidades en el fútbol. La última tendencia es la de compañías que se organizan en torno a instrumentos financieros para clubes cuando hacen transferencias o tienen derechos para explotar: respaldan las operaciones con adelantos económicos sobre pases de jugadores o derechos audiovisuales.

La disponibilidad de dinero permite acelerar procesos, financiarlos y luego consolidar nuevas posibilidades que sin ese respaldo no hubieran sido posibles. Gran parte del fútbol hoy se apalanca en fondos que anticipan la concreción de operaciones contra derechos de transferencias de talentos o explotación de medios y contenidos.

No todo es tan líneal. El movimiento de capitales norteamericanos hacia el fútbol, en reiteradas ocasiones, tiene la espesura de la selva de Vietnam. Son culturas deportivas y de negocios que no hablan del todo el mismo idioma.

El fútbol es una actividad que no obedece a las reglas que conocen. Y es susceptible a comportamientos singulares como la ausencia de topes salariales, los presupuestos abiertos, sistemas de competencia que no son cerrados (ascensos y descensos), ligas desparejas sin planes de negocios sustentables o un futbolista al que no le importa que el dueño del club sea millonario, que impone sus reglas y decide irse cuando quiere.

Esa dinámica compone la melodía disonante del fútbol frente a las ligas y franquicias norteamericanas. Alcanza con darle nuevamente play a Moneyball para comprobar la crudeza con la que un jugador es separado del plantel y mandado a otra ciudad, de modo inconsulto y sin anestesia. El fútbol tiene particularidades que escapan a la lógica de los negocios deportivos de Estados Unidos.

FIFA rompe una tradición de explotación de activos. Le ofrece a los inversores un camino sin fricciones ni traumas y con participación directa en lo que el fútbol produce: derechos de transmisión, licencias, ticketing, hospitality, patrocinios y un horizonte amplio de nuevos negocios inventados o por inventarse.

La ejecución y el armado del modelo responden a estrategias de JP Morgan, pero el esquema tiene carpetas anilladas en los escritorios de varios fondos que canalizan inversiones en deportes. Apollo Sports Capital , un fondo con 6.000 millones de dólares de capitalización que tiene participación en Atlético de Madrid y sus clubes en México y Canadá, Wrexham, Madrid Open y Miami Open en tenis, presentó en diciembre de 2025 un reporte sobre la industria deportiva que conecta directamente con el proyecto de FIFA, aunque no estén vinculados.

Apollo sostiene que el deporte es una industria sólida de más de 2.5 billones de dólares, con ingresos cada vez más firmes por contratos de TV, patrocinios y acuerdos comerciales de largo plazo, con valuaciones de franquicias y clubes que crecieron durante décadas. Pero hay algo que no se produjo y acá pone el énfases en su análisis: el financiamiento no acompañó ese crecimiento y funciona como cuando el negocio era mucho más chico.

Según el reporte los clubes y las ligas dependen casi siempre del dinero de sus dueños, o de vender participación accionaria cuando necesitan capital. Usan poca deuda y no recurren a otros instrumentos financieros.

El dato que esgrimen es que las franquicias deportivas tienen un nivel de deuda cercano al 10 por ciento de su valor, contra un rango de 40-70% en industrias comparables. Desde la perspectiva de Apollo, eso indica que el deporte usa menos herramientas financieras de las que tiene disponibles.

El planteo de Apollo apunta a que el deporte use activos ya sólidos -contratos de derechos audiovisuales de mediano plazo, ingresos cada vez más previsibles- para acceder a un financiamiento más sofisticado.

El reporte marca que las ligas norteamericanas ya aceptaron ese cambio. La entrada de fondos de inversión en la MLB y la NFL muestra que el capital institucional pasó a verse como herramienta para financiar crecimiento, modernizar organizaciones y desarrollar proyectos, sin que los dueños pierdan el control de los clubes.

Apollo marca que “el deporte maduró como industria, pero no como mercado financiero”. Que vender más derechos o sumar fanáticos ya no alcanza y que la próxima etapa depende de construir un sistema de financiamiento a la altura del tamaño, la estabilidad y el valor económico que el deporte ya alcanzó como industria.

Esa es la canción que venía escuchando Infantino con una FIFA instalada hace años en el cuadrante norteamericano; ahora llega en su propia versión. Sucede luego de casi una década de acercamiento y fusión material y espiritual con el ecosistema del deporte norteamericano.

Infantino trae al fútbol el último grito sobre cómo se hacen los negocios en Estados Unidos. La FIFA explora con firmeza este futuro con inversores privados de un modo containtuitivo a como lo leen los que siguen al fútbol de cerca: no lo hace porque los recursos son limitados sino porque el negocio funciona muy bien. No hay razón para suponer que la mayoría de las 211 federaciones miembro, que cuentan con los fondos de FIFA como parte de su economía, vayan a a dejar de seguir el camino del dinero para abrazar una noción de tradición y legado.

El plan en marcha es una sociedad comercial escindida de la burocracia deportiva, que pivotea sobre derechos comerciales para abrirse a participación accionaria. Con entradas y salidas de propietarios de esas participaciones según sus necesidades de liquidez, para dejar bajo un nuevo manto de luz, o de sombra, la gestión de los activos de lo que hasta entonces lucía como una propiedad colectiva, tradicional y cultural conocida como fútbol, the people game.

Esta es la propuesta de FIFA Forward Enterprise, el nuevo modelo de explotación de los Mundiales de fútbol, que desafía un sistema de gobernanza y gestión comercial de sus campeonatos. Que lee el movimiento del dinero en el deporte con las coordenadas precisas, porque lo interpreta en su máximo expresión: el cuartel general del fútbol global vio cómo son los negocios en la industria deportiva norteamericana. Y le encantó.

La nueva guerra comercial del fútbol deja a la tarjeta roja de Balogun, al mistaken identity, al sensor de la pelota en el pelo del croata y a la ampliación del campeonato a 64 equipos, como una charla de pichis, que ignoran lo que desconocen y creen saber de qué va la cosa.

-Video grabado por Infantino donde presenta el proyecto-

Muchas gracias por recibirnos cada semana, los comentarios y cada una de las citas que hacen a nuestros contenidos. Lo apreciamos mucho.

Hasta la próxima!

mg.

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