
Mi angustia catastrófica galopante
Siempre he hecho la guasa de mi angustia catastrófica galopante, refiriéndome a que de pronto algo me agobiaba de tal manera que me daban ganas de respirar en una bolsa de papel.
L´amargeitor
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Siempre he hecho la guasa de mi angustia catastrófica galopante, refiriéndome a que de pronto algo me agobiaba de tal manera que me daban ganas de respirar en una bolsa de papel.

Hay una idea muy instalada —y bastante agotadora— de que las mujeres podemos con todo.

Mi papá me enseñó que tenía que ganar mi dinero, hacer dinero, ahorrar dinero.

Ser mamá es, valga la redundancia, la madre de todas las chambas.

Dos veces al año hago un retiro para mujeres que necesitan bajarse tantito del mundo y acordarse cómo era eso de ponerse a ellas primero.

Le compré un coche a mis hijos.

Qué hueva hablar del amor, la amistad y San Valentín. Hablemos mejor de la valentía.

Enero siempre llega como ese chef mamón que te avienta una lista de ingredientes imposibles y te dice: “Si no te sale el soufflé perfecto a la primera, fracasaste”.