RSS Amplifier

Cápsula · Apr 16, 2026

Cápsula 69: 🚀 Entorno laboral global

0
Sign in to vote or save

Blackbot · Cápsula

La revolución de la IA no está en los modelos, está en la gestión

El “State of the Global Workplace 2026” de Gallup contrasta con el entusiasmo tecnológico alrededor de la IA, ya que afirma que no está transformando el trabajo al ritmo prometido. Las organizaciones han invertido miles de millones en modelos generativos, integraciones y pilotos; sin embargo, los impactos en productividad y beneficios siguen siendo marginales.

Gallup muestra que el verdadero cuello de botella eso organizacional. Solo 12% de las personas que trabajan en empresas con IA implementada dicen que realmente ha transformado la forma en que se hace el trabajo.

Este hallazgo se superpone con el hecho de que desde 2022, el compromiso de los mandos ha caído nueve puntos. En promedio global, los managers ya no están significativamente más comprometidos que sus equipos. En regiones como el sur de Asia, además, la combinación de adopción tecnológica, recorte de mandos intermedios y expansión del tamaño de los equipos está produciendo menos acompañamiento, más carga, más riesgo de desgaste.

Mientras tanto, la foto global del compromiso se estanca. Solo 20% de las personas empleadas en el mundo están comprometidas con su trabajo; 64% no lo está y 16% está activamente desconectada. Gallup estima que ese desajuste le cuesta a la economía global unos 10 billones de dólares en productividad perdida, alrededor del 9% del PIB mundial. Es decir, la mayor fuga de valor no está en la brecha entre empresas con y sin IA, sino entre organizaciones que gestionan bien a sus personas y las que no.

El informe conecta este paisaje con otra dimensión clave: la experiencia emocional del trabajo. Aunque el porcentaje de personas “thriving” (con una evaluación alta de su vida presente y futura) mejoró ligeramente hasta 34%, las emociones negativas, estrés, tristeza, enojo, soledad, siguen por encima de niveles prepandemia. Y aquí aparece una contradicción interesante: los líderes reportan mejores evaluaciones de vida que quienes les reportan, pero tienen días peores. Más estrés, más enojo, más soledad. La cúspide organizacional tiene más agencia, pero también más carga emocional y más distancia social.

En contraste, América Latina y el Caribe aparece como una anomalía optimista. La región combina una de las tasas de compromiso más altas del mundo (30%) con el mayor porcentaje de personas “thriving” (56%) y uno de los niveles más bajos de soledad (12%). Al mismo tiempo, el estrés diario sigue siendo elevado (43%) y la percepción de que es buen momento para encontrar trabajo es relativamente alta (60%). Es un ecosistema laboral emocionalmente intenso, pero con una reserva de esperanza y sentido vital que otras regiones parecen haber perdido.

¿Qué implica todo esto? Que el vector estratégico ya no puede ser solo “adoptemos tecnología”, sino “reconstruyamos la gestión”. La IA tiene cierto potencial, pero ese potencial depende de que las organizaciones asuman algo casi obvio y casi siempre ignorado: liderar personas es una capacidad crítica.

De esto y más hablamos en el último episodio de Creative Talks Podcast.

Te damos la bienvenida a #Cápsula.

Si te interesa explorar cómo resolver problemas que involucran personas reales, el próximo 17 de abril Jon Black imparte el Lab de Design Thinking. 90 minutos para conocer los principios, las fases y las herramientas de esta metodología de manera práctica.

Online · $199 MXN para público en general y gratis para miembros · Cupos limitados

Regístrate aquí

Si te interesa aprender a comunicarte mejor con herramientas de inteligencia artificial para trabajar, crear, investigar o desarrollar ideas, el próximo 24 de abril Fernanda Rocha imparte el Lab: ¿Cómo hablar con la IA? 90 minutos para entender cómo funcionan los prompts, cómo estructurar instrucciones y cómo usar la IA como herramienta de pensamiento y trabajo.

Online · $199 MXN para público en general y gratis para miembros · Cupos limitados

Regístrate aquí

El eje que heredamos de la Revolución Francesa, ese que acomoda a la humanidad entre izquierdas y derechas según su grado de confianza en la razón o en la tradición, dejó de describir la disputa que realmente se está jugando. Durante tres siglos, liberales, socialistas, anarquistas y conservadores discutieron con ferocidad sobre cómo repartir recursos y valores entre humanos, pero compartían un piso común, la política existía para servir al Hombre. Hoy ese piso se está agrietando, y lo que emerge ya no es una discusión sobre el Hombre sino sobre la Vida con mayúscula, entendida como un continuo informacional que va del virus a la biósfera y, quizás pronto, a las galaxias.

Dan Zimmer propone una brújula distinta para orientarnos, un eje vertical Arriba/Abajo que no reemplaza al de izquierda y derecha sino que se superpone a él y, en muchos casos, lo vuelve secundario. Arriba están quienes priorizan la trascendencia tecnológica y leen la historia de la vida como una curva creciente de procesamiento de información. Para ellos la Vida es algo que debe liberarse de las limitaciones biológicas y planetarias mediante expansión tecnológica, y la tarea ética central es empujar esa curva hasta la singularidad aunque el costo presente sea ecológico y humano. Musk, Thiel, Andreessen, Tegmark, todos apostando a que una superinteligencia futura reorganizará Gaia mejor de lo que jamás podríamos nosotros, y que los billones de vidas simuladas en algún porvenir cósmico compensan cualquier sacrificio terrenal.

Es una ética de la magnitud, donde lo que importa es maximizar el volumen total de experiencia, no la calidad situada de estar vivo aquí. Abajo están quienes parten de la misma matriz cibernética pero llegan a conclusiones opuestas, si todo son sistemas interdependientes, entonces la obsesión por el control y la expansión es precisamente lo que desestabiliza los bucles que permiten que la vida se mantenga. Lovelock, Margulis, los partidos verdes decrecentistas, el Dark Mountain Project, apostando a finitud, autolimitación y sabiduría sistémica más que a inteligencia escalable, convencidos de que los sistemas complejos tienen dinámicas que exceden cualquier intento de modelización total y que el mito del control es en sí mismo una fuente de riesgo existencial.

Lo interesante del marco de Zimmer es que explica movimientos políticos recientes que el eje horizontal no alcanza a describir. Por qué la oligarquía tecnológica estadounidense, supuestamente alineada con Trump, no tiene en el fondo nada de conservadora. Por qué los partidos verdes europeos se parten internamente sobre la energía nuclear. Por qué un mismo actor puede ser leído como progresista y reaccionario sin que ninguna etiqueta le quede del todo. Cruzando ambos ejes emergen cuatro cuadrantes posibles, izquierda-Arriba, izquierda-Abajo, derecha-Arriba, derecha-Abajo, y la pregunta interesante es qué actores reales encarnan hoy un centro-Abajo, esto es, fuerzas que sin caer en el primitivismo empujen hacia la autolimitación ecológica y la complejidad sistémica en lugar de hacia el tecno-optimismo expansivo.

Dan Zimmer

Hay un fenómeno que lleva un par de años asomándose en la cultura pop, en las series, en las aplicaciones de citas, y que empieza a tener datos duros detrás. La app Feeld reporta que en los últimos dos años el número de hombres que busca exclusivamente mujeres mayores creció un sesenta y cuatro por ciento, y el fenómeno es particularmente pronunciado entre los de dieciocho a veinticinco años. Películas como Babygirl y The Idea of You, reality shows dedicados al tema, perfiles de mujeres de cincuenta recién separadas inundadas de mensajes de hombres de treinta y cinco. Un episodio reciente de The Opinions del New York Times reunió a la escritora Emily Leibert y a la psicoanalista Jamieson Webster para intentar entender qué está ocurriendo, y la conversación es más desconcertante de lo que el titular promete.

La lectura optimista, que está muy presente en el episodio, es que estamos ante un acto de liberación femenina. Mujeres que por primera vez pueden objetivar abiertamente, que ya no dependen de la validación masculina porque los hombres ahora llegan hasta ellas, que finalmente pueden preguntarse qué desean en lugar de qué deben tolerar. Muchas de las entrevistadas por Leibert describen una sensación de libertad casi eufórica, la posibilidad de construir un novio como quien se construye un accesorio, de sacar al finance bro de la ecuación financiera y quedarse con lo que quede. Hay algo genuinamente novedoso en eso, y no tiene sentido despreciarlo. El punto es que cuando uno presta atención a lo que estas mujeres dicen que ofrecen a cambio, porque ahí la narrativa se tuerce. Hablan de formar al joven, de nutrirlo para que eventualmente pueda estar a su altura, de mothering him into adulthood. Es decir, de cuidarlo. De hacerse cargo emocionalmente, económicamente, pedagógicamente de un adulto que no termina de serlo.

Esto podría ser vino viejo en botellas nuevas. Durante siglos, las mujeres cargaron con el trabajo invisible de sostener a hombres emocionalmente subdesarrollados, de traducirles sus propios sentimientos, de absorber sus ansiedades mientras ellos proveían dinero y estatus. El feminismo pasó décadas intentando desarmar esa asimetría, mostrando que el cuidado no es un don natural femenino sino una función política que alguien tiene que ejecutar para que el resto del sistema funcione. Y ahora, en nombre de la liberación, la escena se reorganiza con los roles invertidos pero con la misma estructura intacta, mujeres que proveen recursos materiales y afectivos, hombres que son cuidados, formados, socializados. El cuidado sigue fluyendo en la misma dirección, solo cambia quién lo dispensa y quién lo recibe. Lo inquietante es que se celebra como ruptura lo que en rigor es continuidad.

La pregunta que queda flotando es si esto es realmente el objetivo al que se llegó después de todo ese camino. Si la meta del feminismo era que las mujeres pudieran comportarse como los hombres que antes criticábamos, objetivando cuerpos jóvenes, comprando acceso a la juventud, maternando parejas que no las harán crecer a ellas. El fenómeno no es condenable en sí mismo, cada quien sabrá qué hace con su deseo, pero tiene sentido preguntarnos desde dónde y con qué fines está ocurriendo este fenómeno.

The New York Times

Una app de citas londinense llamada Sonder decidió hacer exactamente lo contrario de lo que la industria tecnológica lleva dos décadas optimizando, un proceso de registro deliberadamente molesto, perfiles sin plantillas, sin asistentes de IA que redacten la biografía por ti. Los fundadores admiten que pierden cientos de usuarios por esa fricción, pero la defienden como indicador, si alguien no está dispuesto a dedicar tiempo a armar un perfil, probablemente tampoco lo estará a construir una conexión. En menos de un año llegaron a 6,500 usuarios en Londres sin gastar un peso en marketing, organizan eventos presenciales recurrentes tipo club de corredores pero para conocer gente, y rechazan frontalmente las herramientas que sus competidores ofrecen como mejoras, Tinder escaneando el carrete del usuario para entenderlo mejor, Bumble con su asistente de IA que responde por ti.

La señal aquí es que la fricción, que durante veinte años fue tratada como el enemigo a eliminar en toda experiencia digital, empieza a reposicionarse como signo de autenticidad y por lo tanto como ventaja competitiva. Durante buena parte del siglo todo producto digital se midió por cuánto reducía los pasos entre el deseo y el resultado, cuántos formularios eliminaba, cuántos clics ahorraba. Ahora aparecen productos que venden precisamente lo contrario, el esfuerzo como filtro, la molestia como garantía de que al otro lado hay un humano que también se tomó la molestia. Es un giro contraintuitivo que tiene sentido en un ecosistema saturado de perfiles generados por IA, conversaciones automatizadas y relaciones que empiezan con un swipe y terminan con un ghosting.

De cara al futuro, esta señal apunta a que la próxima ola de diferenciación en productos digitales podría no venir de hacerlos más rápidos o más inteligentes, sino de introducir fricciones seleccionadas que filtren intención y compromiso.

Sonder

Nvidia anunció en marzo su módulo Space-1 Vera Rubin, un sistema de cómputo diseñado para instalarse directamente en órbita y procesar inteligencia artificial en satélites, con hasta 25 veces más capacidad que sus chips terrestres equivalentes. Los primeros clientes ya están firmados, Axiom Space, Starcloud, Planet Labs, y Jensen Huang lo presentó con la frase que resume toda una cosmovisión, la inteligencia debe vivir donde se generan los datos. El argumento de fondo, sin embargo, es más terrenal de lo que parece, los centros de datos que entrena la IA consumen tanta energía y tanta agua que están tensionando las redes eléctricas y los acuíferos en media docena de países, y llevarlos al espacio se presenta como la solución elegante al problema.

La señal parece confirmar que el planeta empieza a quedar chico para la infraestructura de la inteligencia artificial, y en lugar de discutir si hay que moderar su crecimiento, la industria elige expandir el territorio. Es la misma lógica que llevó a la fiebre de compra de tierras rurales para data centers que comentamos hace un par de meses, solo que ahora la frontera se corre a la órbita baja. Hacia delante, lo que esta señal apunta es que las próximas disputas ambientales y geopolíticas no ocurrirán únicamente por recursos terrestres sino por espectro orbital, trayectorias, radiación, basura espacial, y que la pregunta de quién regula la nube dejará de ser metafórica para volverse literal.

Nvidia

🧠 Únete a la comunidad creativa de Blackbot

Queremos invitarte a formar parte de nuestra comunidad de diseñadores y personas curiosas e inquietas interesadas en creatividad, innovación, diseño, negocios y futuros.

Nuestra comunidad es un espacio seguro donde podrás compartir tus ideas, explorar nuevas perspectivas y desafiar lo convencional. Así que siempre encontrarás apoyo, inspiración y amigos con quienes compartir, intercambiar y debatir ideas.

Además, tendremos retos, herramientas, reportes, webinars y contenido exclusivo para la comunidad.

Únete ahora en el siguiente enlace: https://nas.io/blackbot

Sin posts

Read the original on capsula.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.