Seamos honestos: que te pongan los cuernos duele, porque pega directo en el ego, en la confianza y te hace dudar hasta de ti. Pero, aunque nos encanta señalar con el dedo a los “traidores” la realidad es que nos hemos hecho expertos en manejar una doble moral, juzgando en público lo que hacemos en privado. La infidelidad sucede a diario en todo el mundo, y no queremos aceptar que solo puede existir cuando, por miedo, las personas acuerdan controlarse como “muestra de su amor”.
A mí, me han acusado de hacer uso de la “desconexión moral”, implicando que solo busco excusas para ser infiel a mi pareja sin sentir culpa o remordimiento; que no siento empatía y que me creo mis historias para convencerme de que “las reglas morales de exclusividad” no aplican para nosotros.
Y me pregunto: ¿quién inventa esa “moral”, quién impone las reglas de lo que está bien y lo que está mal, sabiendo que estas cambian de generación en generación y si acaso quien las inventó consideró las consecuencias?
Con todas las historias de infidelidad que cada uno de nosotros conoce, queda claro que luchar contra el impulso sexual humano es una batalla perdida. Es ingenuo pensar que podemos manejar a voluntad nuestros impulsos naturales, solo porque firmamos un papel o nos comprometimos a ser exclusivos.
Solo basta con saber de la cantidad de familias que, por intentar seguir las reglas morales para ser la “familia perfecta”, acabaron creando un ambiente tenso y asfixiante de donde ahora quieren escaparse porque no pueden expresarse con libertad.
Aceptemos nuestra biología: de todos los animales mamíferos, los humanos no solo somos los más creativos, sino que también estamos entre los más persistentemente sexuales. Así que nos conviene aprender caminos alternativos, para vivir nuestra sexualidad sin que esta sea un obstáculo para formar y mantener unidas a nuestras familias.
Entonces: ¿por qué seguimos forzando una monogamia que, para cumplirla, tanta gente requiere de un esfuerzo sobrehumano? ¿Por qué ni el miedo al infierno ni al “qué dirán” han logrado frenar ese fuerte impulso genético?
Sin embargo, continuamos intentando seguir, sin éxito, las reglas sociales de exclusividad y tratando de convencernos que desear a alguien más está mal y que está prohibido.
Quizá tú también, alguna vez, has intentado justificar el deseo de estar con una persona, al mismo tiempo de amar a otra, para no sentirte mal. Pero, ¿y si lo que sucede es que finalmente te estás rebelando, de forma sana, en oposición a esas restricciones, a esa regla social que es limitante, nada amable y poco constructiva?
El hecho de que una mayoría pretenda hacer “el bien”, forzando la exclusividad, no significa que esta imposición funcione.
Cuestionar las reglas es de valientes.
La gente, que al usar su pensamiento crítico logran sobreponerse a la culpa por la regla cultural de exclusividad, no lo hacen por maldad, sino por ser congruentes con lo que piensan y sienten, en lugar de seguir ciegamente lo que quién sabe quién dijo que debían hacer.
Creo que nos vendieron y nos siguen vendiendo, la idea de que: “si sientes algo por alguien más, es porque no amas a tu pareja y no tienes empatía por ella”. Yo pienso que esto es una falacia. Porque para conectar de verdad con alguien, primero tienes que conectar honestamente contigo y aceptarte. Y luego, si te relacionas con otra persona desde el amor, la libertad y sin culpa, la conexión con tu pareja base puede incluso hasta mejorar.
No podemos tener bienestar si nos tragamos las reglas sociales sin masticarlas con cuidado. Por ejemplo: nos han hecho creer que desear sexualmente es lo mismo que amar, pero no tiene ningún sentido lógico. Amar y desear son experiencias profundamente distintas.
Lo que sucede generalmente en las relaciones largas y amorosas, es que la misma comodidad y la costumbre a la otra persona, es lo que a veces van apagando el deseo sexual hacia ella, sin importar cuánto la ames. Y cuando eso pasa muchos se confunden, pensando que dejaron de amar – lo que no siempre es cierto, y les da miedo hablar con su pareja de lo que sienten. Terminan por dar rienda suelta a sus deseos a escondidas, poniendo en riesgo las bases de la relación que, de hecho no funciona… pero no por no desear sexualmente a la persona con quien conviven diariamente, sino porque no sienten la libertad de compartir con su compañerx sus sentimientos y necesidades. No se dan cuenta que el deseo sexual se alimenta de lo nuevo, de adrenalina y momentos de excitación; que se nutre con el enamoramiento, mientras que una relación amorosa se sostiene de compasión, empatía y tolerancia mutuas y no de cuántas veces tienen sexo.
¿A qué te comprometiste?
Si tu promesa fue “a ser fiel hasta la muerte”, no me sorprende que después de los años choquen la biología y las reglas sociales.
No podemos cambiar nuestro legado genético, pero, ¿qué pasaría si el compromiso fuese: “prometo amarte sin controlarte”?
A muchos les da pánico tan solo pensarlo, porque nos inculcaron a creer que amar nos da derecho a poseer y que se puede demostrar cariño celando y controlando.
¿Qué es amar sin controlar?
Es entender que tu pareja no es tu propiedad. Es aceptar que ella tiene sus propios deseos, sus amigos, su tiempo y su mundo, y hasta su propio nivel de deseo sexual, y que todo esto no lo tienes que percibir como una amenaza. Es dejar de usar el amor para vigilar, “corregir” o manipular; es cuando tu paz mental no depende de saber dónde está o con quién habla, sino de saber manejar TUS emociones y promover SU felicidad.
Es mucho más fácil amar cuando te das cuenta de que el control es solo una forma de violencia entre otras como: checar el celular, prohibir amistades, hacer la ley del hielo, amenazar o chantajear.
El miedo a perder al otro nos lleva a intentar controlar. Pero, por tener miedo a perder a tu pareja, esa que jamás ha sido de tu propiedad, puedes terminar perdiéndote a ti mismx.
En una relación libre, respetuosa y balanceada, no esperas a que el otro llene tus vacíos, sino que tú te haces cargo de hacerlo.
Es fundamental entender que sin una imposición de exclusividad, no puede haber “infidelidad” y que si el amor no es libre, no es amor.
Te invito a que te visualices como una persona amorosa capaz de respetar la individualidad de quienes amas, y de comprometerte a... Amar Sin Controlar.
Te mando un fuerte abrazo.
Adriana Reinking
P.D. Agradezco de todo corazón a todos y cada uno de mis “rebeldes atrevidos”, que tomaron el curso “El ABC para amar sin controlar y tener sexo placentero” el mes pasado. Su participación ha sido muy valiosa para enriquecernos todos de las experiencias y opiniones, que valientemente se compartieron a lo largo del curso. Les invito a mantenerse en este camino de autoconocimiento que han iniciado, para continuar practicando amar sin controlar y mejorar sus relaciones con las personas más significativas en sus vidas. Recuerda que la calidad de tu vida depende de la calidad de tus relaciones. ¡Atrévete!
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