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Cartas de Adriana · Dec 15, 2025

Queremos certezas en una vida llena de incertidumbre.

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Adriana Reinking · Cartas de Adriana

Lo que casi todas las personas queremos es sentir seguridad, saber qué pasará… y predecir el futuro, pero sobre todo cuando se trata de nuestra pareja.

Queremos anticipar cualquier desgracia para evitar sufrirla. Y al tratarse de la relación con nuestra pareja, ese deseo se vuelve aún más intenso, porque en ella descargamos nuestras primeras heridas, esperando que nos ayude a sanarlas; depositamos nuestras expectativas, deseando que las satisfaga; y además, que mitigue nuestros miedos más profundos.

Al relacionarnos con ella, no solo intentamos amarle, sino también tratamos de controlar el contexto para no sufrir:

“¿Me elegirá solo a mí?” “¿Se quedará para siempre?” “¿Será capaz de hacerme daño?”

Pero al relacionarnos con personas que son tan significativas, experimentamos una paradoja incómoda: nos vinculamos con ellas para sentirnos bien, pero al no haber garantías para sentirnos seguros, el bienestar se dispersa. No hay garantía… no hay seguridad al amar.

Mientras buscamos conexión y cercanía nuestra mente busca hacer contratos, acuerdos y reglas que nos den algo de certeza. Pero no es posible y por eso sentimos ansiedad. De ahí nuestra necesidad de definir, etiquetar, prometer y tratar de blindar la relación.

Queremos creer que las promesas contra el abandono funcionan, cuando en realidad lo que necesitamos aprender es a abandonar la ilusión de que al controlar estamos amando.

Lo irónico es que cuanto más intentamos predecir qué pasará, más nos desconectamos de lo que está pasando.

Sentir amor, e incluso demostrarlo, no es una póliza de seguro que garantice que van a corresponderte. Amar es un acto de valentía que intentamos repetir cada día, sin darnos cuenta de que amar es como un deporte extremo que incluye toda clase de riesgos. Lo curioso es que amar así, aceptando que es imposible forzar que nos amen como queremos, nos fortalece y nos libera.

Tendemos a distraernos con pensamientos catastróficos y dejamos de vivir el presente.

Por ejemplo, una persona me dijo que quiere dejar a la persona de la que se ha enamorado, porque sabe que nunca será la única a quien él amara.

Otra quiere el divorcio porque ya no “cree” en su pareja. Le pregunté si lo trata con violencia y me dijo que no. Le pregunté si se siente amado por ella y respondió que sí... pero que el no estar seguro de si ella lo engaña... de si hay alguien más, lo paraliza.

Pensar en lo que nos ha pasado y en lo que nos puede pasar evita que podamos vivir de lleno el presente, esos momentos que duran instantes antes de convertirse en pasado.

Cuando la mente se queda atrapada revisando lo que ya fue o anticipando lo que podría ser, el presente se vuelve apenas un lugar de paso… y no un lugar para habitar.

Pensar en lo pasado suele traer culpa, nostalgia, ansiedad o dolor. Pensar en el futuro puede traducirse en miedo que nos empuja a controlar o en expectativas que nos provocan ansiedad.

Y entre el futuro y el pasado, la vida ocurre —silenciosa, breve— en instantes que solo existen ahora.

El problema no es recordar ni planear, sino dejar de vivir por hacerlo, porque entonces reaccionamos en lugar de sentir, interpretamos en lugar de experimentar y estamos a la defensiva en lugar de estar disponibles.

Para vivir el presente no se requiere de garantías… solo de presencia. Y eso exige que soltemos el control para tan solo vivir la experiencia.

Tal vez no se trata de dejar de pensar… sino de no confundir el pensamiento con la vida misma.

Porque esos momentos que duran instantes son irrepetibles, no se pueden recuperar, y tampoco posponer.

Para amar hay que vivir en el presente. No se ama desde los recuerdos, las heridas o las idealizaciones. Ni desde las promesas, los miedos y la necesidad de garantías.

Amas cuando escuchas sin preparar una defensa, cuando estás sin querer que la otra persona te pertenezca, cuando eliges amar sin tener seguridad.

Amar en el presente implica aceptar que el otro no es una idea, sino alguien que está cambiando… igual que tú.

Por eso elegir amar a veces da vértigo, porque el presente no puede controlarse, solo vivirse.

Y quizá por eso amar también sana, porque cuando amas aquí y ahora, no exiges que el sentimiento dure para que sea real. Lo es… mientras está ocurriendo.

Un abrazo muy fuerte.

Adriana Reinking

En agradecimiento a todos mis seguidores rebeldes y atrevidos, quiero regalarles el video de mi última conferencia ‘Al cuerno con lo correcto’, para que manden “al cuerno” lo que quieran... ¡Sigue este enlace!

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