Cuando a mis 21 años me di cuenta que mi pareja me había ocultado información, que se había enamorado de otra persona y que habían tenido sexo, mi actitud no pudo ser más incongruente con la idea que yo tenía de que la amaba. Le exigí que me respondiera toda clase de cosas, parecía una investigadora más que su pareja… quería averiguar hasta el más mínimo detalle, como si ella me perteneciera. Tomé el papel de víctima diciéndole que cómo podía haberme hecho eso. Mi tono, mientras hablábamos, era agresivo, estaba totalmente a la defensiva y terminé nuestra relación ese mismo día.
¿Por qué me comporté de esa manera, si antes de descubrir lo que ella sentía estaba convencida de que nos amábamos?
Porque tenía la certidumbre de que si me ocultaba algo significaba que no me amaba; que si tenía sexo con otra persona… era imposible seguir construyendo una relación conmigo que valiera la pena; que definitivamente no es posible amar a dos personas a la vez, y que la exclusividad, en relaciones de pareja, es la máxima muestra de amor. Entre muchas, esas creencias hacían que me comportara de una manera, que cualquiera que me hubiera visto, sin conocer lo que pasaba, habría pensado que no la amaba.
¿Qué pasó cuando decidí cuestionar mis certezas y usar mi pensamiento lógico?
No fue fácil el camino cuando decidí dejar de aferrarme a las creencias románticas que había heredado… y me atreví a cuestionarlas, pero lo hice motivada por mis ganas de ser congruente y por la rebeldía que me caracteriza.
Al cuestionar tus creencias cuestionas también tu identidad y por ello es tan difícil hacerlo. Cuando alguien confronta tus certezas, o tú mismx, tu cerebro lo siente como una amenaza. Porque tus ideas sobre la vida, el amor, la familia, la pareja, el éxito, el deber ser, lo correcto… lo decente o la opinión que tienes sobre ti, son los pilares sobre los que tu vida tiene sentido.
Cambiar una o varias ideas implica mover los cimientos de lo que crees que eres. Cuestionar genera incertidumbre, dispara el temor de desilusionar o perder la aprobación o el sentido de pertenencia de las personas que te enseñaron las creencias que ahora cuestionas.
El sesgo de confirmación, debilidad cognitiva que todos padecemos, reduce nuestra habilidad de cuestionar, pues es la tendencia a buscar información que confirme lo que ya creemos y a rechazar aquello que lo contradice. Es una forma inconsciente de mantener la coherencia interna.
Cuando me vi envuelta en la confusión del torbellino de la infidelidad, la ansiedad de la incertidumbre, la desconexión entre nosotras y el dolor de no ser indispensable para ella… colapsé. Porque confrontar mis propias creencias me hizo sentir como un pez fuera del agua. No podía respirar, ni pensar con claridad. Mi mente se cerró y se activó el sesgo de confirmación: yo estoy bien y tú mal.
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Cuestionar creencias, entonces, no es solo un acto mental: es un proceso emocional que requiere valentía, compasión por uno mismo y disposición a tolerar el vacío temporal que aparece cuando algo dentro de ti se derrumba, antes de que, a través del cuestionamiento crítico, llegues a conclusiones con las que te sientas más a gusto.
Al dejar de aferrarme a mis certezas, mi mente se abrió. Pude analizar con claridad que tengo el poder de darle un significado propio a los conceptos “no concretos”, por ejemplo: exclusividad, pareja, traición, amar, amor, fidelidad, futuro, compromiso, respeto, confiar…
Y entonces la relación con mi chica mejoró… y la calidad de mi vida también.
Al cuestionar mis ideas (sobre cualquier tema) no me pierdo, sino al contrario: me encuentro. Ya no defiendo creencias que no me funcionan, solo por haberlas heredado de mis padres. Me doy cuenta que puedo analizar una situación antes de reaccionar a ella. Ya no vivo en piloto automático, ahora soy más consciente. Y así, usando mi pensamiento crítico me relaciono sin miedo, me siento más flexible y más poderosa para actualizar mi identidad. Al hacerlo me abro siempre a nuevas posibilidades… y me siento con más capacidad de amar.
Cuando cuestionas tus certezas, dejas de controlar, de exigir y de castigar. Desarrollas tu curiosidad, tu tolerancia y tu compasión… y en un terreno como el que te describo, las relaciones amorosas pueden florecer.
Como siempre, te dejo un gran abrazo.
Adriana Reinking

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