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Simón Rodríguez · Jan 22, 2026

Lo que no podía decir Mark Carney en Davos

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Simón Rodríguez · Simón Rodríguez

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, en su discurso en Davos ilustró la relación entre los gobiernos liberales de las “potencias intermedias” y el llamado orden internacional “basado en reglas”, la llamada “legalidad internacional” citando una reflexión de Havel sobre los comerciantes que en la Checoslovaquia estalinista colocaban carteles de propaganda en las vitrinas de sus tiendas, no porque creyeran en lo que ahí se decía, sino para evitar problemas, recreando así una ficción que era la base del poder dictatorial. “Sabíamos que el cuento del orden internacional basado en reglas era parcialmente falso”, admitió, pues la legalidad internacional se aplicaba (o no) dependiendo del perpetrador y de la víctima, pero se vivía en esa mentira para obtener ciertas ventajas de la hegemonía estadounidense.

Hay que reconocer que presentar el orden internacional vigente como una dictadura es más honesto que la ficción de la legalidad internacional. Pero esta forma de presentar las cosas, bajo su apariencia de autocrítica, en realidad exime a gobiernos como el canadiense de su verdadera responsabilidad en el estado de cosas actual en el mundo. Gobiernos como el canadiense, que han participado en la ocupación militar de otros países, por ejemplo Afganistán y Haití, serían en la historia de Havel más que meros comerciantes. Tendrían también algo de policías.

El centro de las críticas de Carney fueron los elementos de guerra comercial actuales, lo que llamó la “subordinación a través de la integración” y el uso punitivo de los aranceles. Pero si el discurso de Carney fue recibido con grandes aplausos en Davos no fue por las ficciones que denunció sino por las que siguió alimentando. En el mundo hoy ocurren cosas bastante peores que las extorsiones comerciales de Trump y el régimen canadiense participó de crímenes peores. Por ejemplo, ayudó a financiar y armar el genocidio sionista contra el pueblo palestino en Gaza. Un genocidio es un crimen peor que cualquier violación a las normas de la Organización Mundial del Comercio, algo evidente para quien no sea un banquero canadiense en funciones de primer ministro.

Carney no puede bajar de la vitrina de su negocio el mentiroso cartel que publicita un supuesto rol benefactor y hasta filantrópico de gobiernos liberales como el suyo, que además de formar parte de la OTAN y de promover la ampliación de la producción petrolera en plena catástrofe ambiental y climática, tiene entre sus tareas la defensa y promoción de la megaminería de empresas canadienses como Barrick Gold en países empobrecidos y saqueados. Ahí la ilusión de contratos libres entre iguales, que es, como la legalidad internacional, otra escala de la ficción de la legalidad capitalista, debe continuar. Puede que algunas ilusiones en el orden internacional y su legalidad estén muriendo, pero la hipocresía liberal que fue en gran medida su sustrato doctrinario, goza de buena salud.

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