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Miradero · Aug 25, 2026

🍃Así que quieres ser escritor

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Samuel Domínguez · Miradero

Hace unos días te conté que abrí uno de mis antiguos diarios de viajes, ese de cuando vivía en Australia, y di con aquella reflexión sobre la cobardía literaria.

El tema es que esto de menear papeles antiguos es como abrir la caja de los tesoros de cuando eras niño: ya no puedes detenerte sólo en uno de esos recuerdos, vas mirando esas miguitas de pasado, dándoles un momento a cada una y maravillándote un poquito.

Como una salva de honores al aire por los sueños del niño que fuimos.

Y me ha pasado lo mismo, hasta que terminé dando con una especie de archivo-mural donde, durante un tiempo, guardé poemas y citas de escritores que hablaban de escribir.

Es curiosa la necesidad gigante que parecemos tener los escritores con contarle a todo el mundo cómo es escribir. No voy a banalizarlo, escribir no es sólo ponerse delante de un papel, pasan cosas detrás, vidas enteras.

Pero me sigue resultando curioso que a la gente, y a mí mismo, nos parezca interesantes esas reflexiones.

La frase «Soy Samuel Domínguez, escritor de fantasía» ya es casi una muletilla que digo inconscientemente, pero durante muchos años no me atrevía siquiera a decir que escribía en mi tiempo libre.

Para ese Samu entender qué y cómo era ser escritor fue una materia muy importante, creo que veía esas reflexiones ajenas como pequeñas antorchas que señalaran un camino.

Y, así, las fui reuniendo a medida que me las encontraba, casi como un decálogo apócrifo de la creación literaria, porque todas estas luces las coleccioné antes de entrar en la universidad y tener cualquier tipo de acercamiento académico a la literatura.

Luciérnagas bienintencionadas.

Te dejo con ellas, por si te da curiosidad o por si necesitas también de esas pequeñas luces.

Si alguien te ha reenviado esto, tu alguien me quiere mucho.
Quiéreme tú también suscribiéndote:

Charles Bukowski.

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón,
de tu mente, de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.

Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa,
a tu novia, a tu novio,
a tus padres o a cualquiera,
no estás listo.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
o hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

«Te ordenaría que te volvieses, astuto imitador, al modelo de la vida y de las costumbres y de ahí extraer palabras vivas.»

Horacio

Edmond Rostand.

«[…] mas… cantar,
soñar, reír, caminar, estar solo, ser libre,
tener ojo avizor, la voz que vibre,
ponerme, si me place, el sombrero al trasverso,
por un sí, por un no: batirme, ¡o hacer un verso!
Trabajar sin inquietarme la gloria o la fortuna,
¡en un viaje, aunque imaginado, a la Luna
No escribir jamás nada que de mí no haya salido
Y, modestamente, además decirme: «Pequeño mío,
conténtate con flores, frutos, o incluso hojas,
¡cuando en tu propio jardín las siembres y recojas!».
Pues, si se aviene un pequeño triunfo por azar,
no estar obligado a devolver nada al César
cara a cara conmigo, guardarme el mérito;
en fin, desdeñar ser como la hiedra, parásito,
y, pues tampoco soy roble, tilo ni olmo,
no subir demasiado alto, tal vez, ¡pero subir solo!»

«Nadie puede mandar al poeta que sea noble, elevado, moral, piadoso y cristiano, que sea o deje de ser esto o lo otro, porque es el espejo de la humanidad y presenta a ésta la imagen clara y fiel de lo que siente. El poeta es el hombre universal.»

Arthur Schopenhauer

Charles Bukowski.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
De otra forma ni siquiera comiences.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
Esto puede significar perder novias,
esposas,
parientes,
trabajos y,
quizá tu cordura.

Ve hasta el final.
Esto puede significar no comer por 3 o 4 días.
Esto puede significar congelarse en la banca de un parque.
Esto puede significar la cárcel.
Esto puede significar burlas, escarnios, soledad…
La soledad es un regalo.
Los demás son una prueba de tu insistencia, o
de cuánto quieres realmente hacerlo.
Y lo harás,
a pesar del rechazo y de las desventajas,
y será mejor que cualquier cosa que hayas imaginado.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
No hay otro sentimiento como ese.
Estarás a solas con los dioses
y las noches se encenderán con fuego.

Hazlo, hazlo, hazlo.
Hazlo.
Hasta el final,
hasta el final.

Llevarás la vida directo a la perfecta carcajada.
Es la única buena lucha que hay.

«Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos.»

Hermann Hesse

José Ángel Valente.

Contemplo yo a mi vez la diferencia
entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la injusticia,
la candidez azul de las palabras.

No hemos llegado lejos, pues con razón me dices
que no son suficientes las palabras
para hacernos más libres.

Te respondo
que todavía no sabemos
hasta cuándo o hasta dónde
puede llegar una palabra,
quién la recogerá ni de qué boca
con suficiente fe
para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da de la esperanza.

Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra
para cambiar, no inútilmente, el mundo.

«¿Cómo sabes que eres el elegido? No lo sabes, es un disparo en la oscuridad.»

Charles Bukowski

Pues sí que leía Bukowski en esa época, la madre que me parió.

¡Besitos volados!

«Hace unos días te conté que abrí uno de mis antiguos diarios de viajes, ese de cuando vivía en Australia, y di con aquella reflexión sobre la cobardía literaria.»

Read the original on samueldominguez.substack.com

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