Lee el podcast de Por qué te exiges tanto y cómo dejar de machacarte sin bajar el nivel
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Y voy a empezar contándote algo que probablemente te haya pasado esta misma semana Creo que es posible que hayas terminado algo, sea pues algo de trabajo, una reunión, un proyecto o algún tipo de conversación importante y en lugar de pensar bien, lo primero que te viene a la mente es uy, esto podría haber estado mejor, aquí he fallado, esto no ha quedado como quería o me he quedado corta. Y ni siquiera te paras a pensarlo durante un segundo, directamente te vas a otra cosa. Y la verdad que si te fijas, esto no es algo que te ocurra puntualmente, es algo que es como constante en tu vida. De esta forma, hagas lo que hagas, para ti siempre hay algo que no es suficiente. Y te lo digo porque quiero que te des cuenta de algo. Para mí no es que no lo estés haciendo bien, es que nunca te paras a reconocerlo. Voy a contarte un ejemplo concreto. Cuando acabas una reunión y tú eres consciente de que has hablado bien. de que has aportado en esa reunión un valor incluso de que has estado presente pero cuando sales de la sala esa felicidad te dura unos segundos porque automáticamente aparece el pensamiento de que lo podría haber explicado mejor de que se me ha olvidado decir tal cosa que era importante o de que quizá no he estado al nivel que exigía la reunión De manera que en unos pocos minutos has pasado de hacer algo bien a sentirte plof.
De repente todo lo bueno que has hecho desaparece. Y el problema es que tu mente se queda anclada en lo que te falta. Y esto tiene consecuencias, la verdad. Porque para ti nunca llegas al nivel que quieres. Y siempre estás en proceso. Siempre estás pensando y todavía no. Siempre tienes la mente puesta en aquello que te falta. Y la verdad es que desgasta un montón. Te lo digo porque lo he vivido y sé que no descansas nunca, que tu mente está ahí siempre dando vueltas y no para. Y quiero que te des cuenta de algo que es importante y es que aspirar a ser mejor es algo muy sano. el problema es cuando estás en ese bucle constantemente ahí ya no estamos en una exigencia sana estamos en una exigencia que está completamente descontrolada y para mí una diferencia muy clara porque la exigencia sana es la que te ayuda a mejorar lo otro es una auto exigencia que te machaca y lo perdido es que te parece realmente te parece que te está ayudando porque piensas bueno es que si yo no fuera exigente no habría llegado a donde estoy y en parte Te voy a dar la razón, sé que es verdad.
Lo que pasa es que esa autoexigencia llega un momento en que deja de ayudarte y empieza a jugar constantemente en tu contra. Porque si te paras a pensarlo un momentito, llega un punto en el que ya no estás mejorando. Ya estás actuando para no fallar. Y esto es un peligro, pero grave. Porque... En ese momento ya no te exiges mejorar. Lo que te exiges es no sentir que no eres suficiente. Y estos son dos conceptos muy distintos, porque entonces ya no tienes una meta. Siempre hay algo más que necesitas. Por eso da igual lo que te esfuerces, da igual tu formación, da igual tu experiencia. Siempre estás pensando que todavía no. Y claro, así, ¿cómo vas a sentirte bien con lo que haces? Es que si lo piensas un segundo es imposible. Y tampoco lo vas a arreglar si bajas el nivel, claro está. Se arregla cambiando la forma en la que te hablas después de haber terminado. Porque el problema para mí nunca es lo que haces. Es lo que te dices una vez que terminas de hacerlo. Y por eso hoy te he preparado una herramienta. para que te ayude a terminar bien las cosas que haces.
Es algo sencillo, pero como sabes, como me gusta, potente, que da buenos resultados siempre que lo hagas. Lo que yo te sugeriría es que cada vez que termines algo que era importante, no pases directamente a la siguiente tarea o proyecto. Haz esto. Vamos a ver una serie de pasos facilitos. El paso número uno es que quiero que nombres la parte en la que sí has estado bien. Y sé que te vas a tener que obligar a hacerlo, literalmente. Porque la mente, como te digo, va automáticamente a lo siguiente o a todo lo que no ha salido bien. Entonces quiero que te pares y te lo digas. Te puedes decir, mira, esta parte la he hecho bien. Esta parte sí ha salido como yo quería. O aquí las cosas han estado bien. Y esta parte es clave. Quiero que lo hagas. Pero incluso, de verdad, si no te ha salido perfecto, da igual. Porque el hecho de nombrar esa parte concreta... que has hecho bien hace que tu mente le preste atención porque si no lo haces así para tu cabeza eso que has hecho bien directamente no existe

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