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Rayo Negro · Jul 14, 2026

Las decisiones "suicidas" indican que "se acabó el tiempo de paz".

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Quark · Rayo Negro

En los últimos días nos movemos entre ultimátum, ataques a barcos, bloqueos y cierres del tránsito marítimo, reproduciendo la situación de los últimos meses.

Hoy Trump se ha desatado y ha pasado a representar una parodia que “maldita hace la gracia”. Ahora pretende controlar Ormuz y cobrar un peaje por ello.

Una sorprendente declaración de Trump, difundida a través de Truth Social, propone que Estados Unidos cobre una asombrosa tasa del 20% sobre la carga transportada por los buques que deseen transitar por el estrecho de Ormuz. Ha declarado que el ejército estadounidense está "restableciendo el bloqueo iraní" debido a que la Guardia Revolucionaria continúa intentando imponer el protocolo iraní.”

Sí, sorprendentemente (no porque no lo pensara hacer, sino porque no ha dado tiempo a reponer los inventarios de petróleo, gravemente reducidos), EE.UU ha vuelto reestablecer el bloqueo a Irán , además de eliminar la exenciones a la venta de petróleo iraní. Puede aducir que solo está respondiendo al cierre declarado del estrecho y al bombardeo mutuo entre ambos países.

El origen parece situarse en la oferta de respetar el status quo de Irán en el control del estrecho, mientras en realidad, los barcos con petróleo de EAU pasaban sin problemas por el corredor cercano a Omán. Cuando Irán empezó a intentar obligar a desviarse de ese trayecto que escapaba a su control, todo el pacto comenzó a venirse abajo y la “trampa-burla” de Trump salió a la luz. Misteriosamente, EAU ha recuperado toda la producción de petróleo en el mes de Junio, mientras sus vecinos siguen con fuertes restricciones a la producción.

Vean la producción de los países de la Opep+ más EAU según fuentes secundarias (del propio informe mensual de la Opep) . El incremento de EAU excede incluso la producción del 4T de 2025.

Entramos en territorio desconocido.

Irán es dudoso que vuelva a creer a EE.UU. y exigirá condiciones por anticipado.

Por su parte EE.UU. , en boca de Trump, ha dicho claramente que quiere controlar el estrecho de Ormuz y por lo tanto el petróleo del golfo Pérsico.

Ya no quedan caretas que quitar.

Pero , ¿por qué entrar en un guerra cuando el petróleo le sale por las orejas a EE.UU., entre su propia producción más las exportaciones de Canadá y Venezuela?.

Si EE.UU. monitoriza el mercado de petróleo, también conoce de primera mano la producción interna prevista de petróleo para los próximos años. Resulta evidente que pretende asegurar el suministro cuando el shale oil empiece su descenso. Y en ese punto es irrelevante que sea en 2028-2030-2032. Lo que sí es necesario e imprescindible es intentarlo cuando el petróleo todavía es abundante.

La situación actual y perspectivas son descritas con precisión por Michael Every en este artículo.

  • El memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán parece haber fracasado antes de lo que habíamos previsto.

  • Ante los ataques mutuos, los esfuerzos de Estados Unidos se centrarán en garantizar que la energía pueda fluir a través del estrecho de Ormuz “por las malas”, escoltando buques a través de él.

  • Por ahora, los mercados dicen que Estados Unidos puede “bombardear sin problemas” y “no sufrir daños” incluso si los “memorandos de entendimiento se están debilitando”, principalmente debido a la limitación de las reservas estratégicas de petróleo y a las bajas importaciones chinas de petróleo.

  • Eso le da a Estados Unidos una oportunidad para actuar: si logra mantener un flujo suficiente de petróleo a través del estrecho de Ormuz, que es nuestro escenario base, demuestra que la acción militar puede orientar los mercados en la dirección deseada; si fracasa, nos enfrentaremos a una crisis energética mucho mayor con muchas menos opciones para mitigarla, o a un ajuste de cuentas geoestratégico.

Es decir, EE.UU. intentará mantener abierto el paso del estrecho de Ormuz por la costa de Omán y depende del éxito de esta estrategia, que tengamos una grave crisis (inmediata) o no.

Agotamiento de los recursos.

Ahora quería centrarme en la razón de este despropósito, no solo referido al petróleo, sino a lo recursos básicos en general.

Concretamente, el transporte necesita petróleo o cobre (en su versión electrificada).

Una evaluación de los recursos disponibles nos dará un idea de por qué la política ha derivado hacia la guerra abierta en lugar del diálogo constructivo.

Petróleo.

Hay tres informes independientes que coinciden en la cantidad de petróleo aproximada que nos queda en forma de reservas bajo el subsuelo.

Rystad Energy, Wild Peaches y Wood Mackenzie.

Por ejemplo, el dato de Rystad correspondiente al año pasado (datos al cierre de 2024) es esta tabla.

Con un margen de error, las tres calculan las reservas de petróleo restantes en torno a los 700.000 millones de barriles. Teniendo en cuenta que los últimos 100-150.000 millones de barriles nunca se extraerán, que consumimos unos 31-32.000 millones de barriles cada año, al ritmo de consumo actual (es importante este dato) nos queda petróleo para 15-20 años.

Esto no sería muy grave si la tasa de reposición de reservas estuviera en el entorno del 100%, pero en la última década , la tasa ha descendido a un paupérrimo 10-15%, lo que impide la adecuada reposición.

Y como se puede ver en este gráfico de la propia IEA, no es un dato casual sino una clara tendencia acumulada durante décadas. Apenas queda petróleo por descubrir.

Lo que viene ahora es extraer el petróleo complejo y caro, como el shale oil y el petróleo extrapesado, aparte de potenciar al límite, los procesos de recuperación secundaria y terciaria en los yacimientos casi agotados.

Esta deriva ha hecho reflexionar a aquellos países con más reservas, como los de Oriente Medio, que empiezan a formular un política agresiva de extracción (ejemplo EAU). Si queda petróleo para pocos años y sus reservas son notablemente superiores al promedio, quieren evitar quedarse como los últimos proveedores, porque saben que el consumo de petróleo terminará desapareciendo, bien por restricciones medioambientales, bien por escasez y sustitución. Si este ejemplo se generaliza, viviremos algunos años de sobreabundancia, seguidos de un acantilado Séneca terrorífico.

Cobre.

La transición energética pretende electrificar todo el sistema, eliminando en lo posible todos los combustibles fósiles. El elemento vital para ello pasa a ser el cobre, que tiene el papel del petróleo en la electrificación del sistema. Más allá de su sustitución en determinadas líneas eléctricas, el cobre es fundamental para la transición.

Por lo tanto, verificar sus reservas y la tasa de reposición es un ejercicio obligado, para comprobar que no nos ocurra lo mismo que el caso del petróleo.

En otro trabajo, expliqué cual es la situación del cobre. Copia entrecomillada.

“Las reservas mundiales de cobre según el USGS alcanzan los 1.000 millones de toneladas. Según el consumo previsto para 2035, gracias a una transición energética normalita, consumiremos 40 millones de toneladas. Eso nos da para 25 años nada más.

Pero eso no es todo. Los descubrimientos de los últimos años han descendido en picado. Son muy pequeños y además una nueva mina tarda 17 años desde su descubrimiento hasta su puesta en producción, por lo que conocemos de primera mano, cual será la producción en 2040.

Ahora bien, las reservas del USGS están convenientemente infladas.

Hay otro criterio más estricto para evaluar las reservas. Se llama JORC. Es el estándar australiano obligatorio para reportar públicamente resultados de exploración, recursos y reservas minerales de cobre (y otros minerales). En definitiva, es el método de evaluación de reservas que las empresas deben emplear para certificar sus reservas minerales y es obviamente más preciso que una evaluación global.

Las diferencias se ven en esta tabla.

Mientras que USGS reporta reservas de 1.000 millones de toneladas de cobre, JORC calcula alrededor de 650 Mt.

La Tabla 1 proporciona estimaciones de los recursos y reservas mundiales de cobre a julio de 2024. La cifra de reservas del USGS de 1001,3 Mt (28,3 % de los recursos mundiales) supera la extraída de la base de datos de MinEx (649,6 Mt o 18,4 % de los recursos mundiales). La diferencia se debe a la definición de reservas adoptada por el USGS, conocida en Australia como Recursos Accesibles Económicamente Demostrados (EDR) ( Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS ), 2024 ), queincluye una mayor proporción de los correspondientes “Recursos Indicados” según la clasificación JORC, mientras que la base de datos de MinEx solo contiene Reservas “Probadas” y “Probables” que cumplen con la clasificación JORC. Por ejemplo, en el caso de las reservas de cobre de Australia de 100 millones de toneladas citadas para 2023 en los Resúmenes de Materias Primas del USGS de 2024, solo 27 millones de toneladas cumplen con la norma JORC.

La tabla comparando las estimaciones de cada cálculo, incluyendo las previsiones para los recursos (no reservas) es esta.

Con este reporte JORC, en 2035 casi habremos agotado las reservas de cobre (en realidad no las agotaremos porque intentaremos seguir reduciendo el grado de corte).

El sistema que se está utilizando actualmente para aumentar las reservas de cobre, ante la falta de nuevos descubrimientos, es reducir el grado de corte.

“La ley de corte o cut-off grade es la concentración mínima de cobre (generalmente expresada en %) necesaria para que su extracción y procesamiento sean económicamente rentables. Actúa como el límite divisorio para clasificar el material extraído: lo que está por encima es mena (se procesa) y lo que está por debajo es estéril o desmonte (se descarta).”

Si antes se necesitaba una concentración del 1% por tonelada para declarar un recurso como reserva y extraerlo, ahora se ha reducido ese porcentaje notablemente.

Naturalmente , esa menor concentración de mineral por tonelada requiere mover más tierra y por lo tanto, usar más energía, sobre todo diésel.

El número de descubrimientos recuerda al caso del petróleo, con una fuerte caída desde 2010.

Y estoy utilizando un informe extremadamente optimista sobre el agotamiento de las reservas de cobre, si alguien lo lee completo.

Ya vemos por donde quiero ir. La mayor extracción de cobre en el mundo procede de la reducción de la concentración de cobre, que aumenta las reservas que son posible extraer, a costa de mayores inversiones y más uso de la energía.”

Como se puede ver, la situación es idéntica al caso del petróleo.

Nos quedan unos 15-20 años de cobre extrayendo al ritmo actual. El gap esperado está en torno al 30% según la propia IEA y eso contando con un incremento del reciclaje.

Resto de elementos.

Por si fuera poco la relativa escasez de petróleo-cobre, el resto de producción de materiales críticos o su refinación, está controlado por un solo país, China.

Con este panorama, ya no puede extrañarnos la deriva belicista actual. Todo se va a agotar, pero algunos países piensan que si consiguen el control de las reservas que quedan, estarán en mejor disposición para afrontar el futuro. Es decir, la lucha por el control de los recursos no ha hecho mas que empezar.

En una perspectiva histórica de la evolución de la humanidad esto es ridículo. Las reservas son tan escasas que estamos condenados a reducir bruscamente el nivel de vida, tardemos unos años más o menos.

El agotamiento de los recursos es la base de un decrecimiento sostenido, pero como se puede ver, todavía faltan unos años para que empecemos a sufrir sus consecuencias inevitables.

Pero mucho antes de llegar a ese punto, debemos lidiar con los excesos monetarios que se están desarrollando.

La deuda mundial es insostenible. La emisión continua alimenta la liquidez, permite financiar el estado del bienestar occidental y asegura el crecimiento de los mercados, incluso formando una enorme burbuja.

Pero desde 2020, la tendencia favorable se ha quebrado y los tipos de interés de mercado, no dejan de subir.

El giro es dramático, porque si combinamos una deuda elevadísima con tipos más altos, la presión sobre las cuentas es gigantesca, hasta el punto de dedicar gran parte de los presupuestos públicos al pago de intereses.

Me centro en el caso de los bonos a 30 años, porque elimino la tendencia a corto plazo. Los bonos a 30 años no pueden centrarse en causas temporales que luego pasan. Este cambio de tendencia que comenzó en 2020 (mucho antes de las guerras de Ucrania e Irán) es lo que pone en peligro el mantenimiento del sistema financiero fiduciario.

Pronto, el pago de intereses será agobiante y si deciden los BC comprar deuda pública en grandes cantidades, la inflación que ya está creciendo, será implacable.

Si unimos la deuda impagable, los recursos agotados y la burbuja de los mercados en el corto y medio plazo, la pregunta no es si todo explotará, sino cuando lo hará. Como todos sabemos, las burbujas no tienen un límite definido y al estar en un ciclo final civilizatorio, parece que también la burbuja acompaña en tamaño a este cierre definitivo.

Lo que quiero transmitir con este artículo es que el decrecimiento (con acantilado Séneca o sin él) no tiene solución. Las guerras nunca son solución de nada y al revés, son síntoma de que el final está muy cerca en términos históricos.

Además, creo que cuando comience el descenso, la probabilidad de que sea muy rápido es alta por el grado de agotamiento de los recursos y por la retroalimentación positiva esperable dado el nivel de complejidad alcanzado.

En este punto hablar de fracaso de la tesis es como negar la realidad esperando un milagro, que no puede llegar. Que el sistema sea muy resistente no invalida el resultado final, solo lo retrasa.

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Read the original on rayonegro.substack.com

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