Lee el podcast de UN LIBRO PARA ELIA. CARMEN DUEÑAS
Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
Bienvenidos a la Sabiduría de la Navidad, historias que perduran. Un espacio diario de radiocreatividad, donde la voz creativa de nuestros mayores se convierte en arte sonoro.
Cada día escucharemos un relato original, nacido de su imaginación, de su mirada profunda y de esa forma única de entender la vida. Cuentos breves que iluminan, que nos conectan con la ternura, el humor y la magia que sigue viva en cada persona, que sorprenden y que nos recuerdan que la verdadera Navidad también se escribe desde la experiencia. Acompáñanos en este viaje sonoro, porque cada día trae una historia, y cada historia un regalo. Abrimos este espacio de inspiración. Comienza la historia de hoy.
Mi nombre es Mari Carmen Dueñas y el relato de hoy es Un libro para ella.
Desde que Eloy comenzó a juntar las letras en el colegio descubrió que en la lectura podía encontrar un refugio para relajarse, para alejarse de los insabores de la vida.
Cuando leía podía viajar, vivir aventuras, sentir emociones. Pero nunca pensó que su afición a la lectura pudiera llegar a darle mucho más. Eloy compraba los libros en una librería de las de antes, con estanterías hasta los techos, donde convivían libros recién salidos de la imprenta y aquellos de tapas desgastadas que contaban más historias que las de sus páginas. Lo más importante, sin embargo, no eran los libros, sino el librero, Emilio, el alma, el sabio, el que lo sabía todo de los libros que reposaban en sus estanterías.
Este tenía una recomendación interesante para Emilio y para cualquiera que cruzase su puerta. Miraba con sus ojos agudos y de alguna manera casi mágica. Sabía qué libro era el adecuado para cada cliente. Este día no le recomendó ningún libro. Este día le dijo que echaba la persiana para siempre. El negocio no rendía y que se jubilaba.
Eloy lo dejó huérfano. ¿A dónde iría ahora? ¿Quién le guiraría en sus lecturas y con quién las comentaría? Pasado un tiempo de duelo, buscó la librería más cercana en su casa y ésta se encontraba en el centro comercial. Eloy atravesó las puertas giratorias. Una bofetada de aire caliente con olor a palomitas y pan recién hecho le dio en la cara. Buscó la librería que vio anunciada y cuando entró torció el gesto.
Nada que ver con la librería de Emilio. Este sentimiento le duró hasta que la vio, sentada en un sillón, esos ojos que reflojaban la emoción profunda de las páginas que releía.
En ese mismo instante fue a las estanterías del comercio y buscó un título entre los lomos de los libros que exponían. Los libros de Luca. Era el libro que le vino a la memoria al verla leer de esa forma tan intensa. Mirarle le cambió el entorno frío en una librería acogedora. Tenía el poder transformador de los lectores de esta historia. Me acerqué a ella y le ofrecí el libro. Sonrió y lo cogió.
Fue de repente entre la gente y Eloy se quedó solo de nuevo en aquel lugar sin alma, desorientado.
Comenzó a caminar entre las estanterías. Ella apareció de nuevo con su sonrisa cálida y ojos penetrantes y le ofreció un libro. El viejo y el mar. Así era como se sentía, pequeño, enfrentado a una gran ballena que era el centro comercial. A pesar de haberlo leído, lo compró porque, para él, era nuevo. Acababa de descubrir una nueva historia dentro de la vieja conocida. Todas las semanas acudían al centro comercial y se encontraban intercambiando libros entre sí.

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