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PROGRAMAS ESPECIALES · Dec 22, 2025

EL VILLANCICO. INMACULADA

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Lee el podcast de EL VILLANCICO. INMACULADA

Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

Bienvenidos a la Sabiduría de la Navidad, historias que perduran, un espacio diario de radiocreatividad, donde la voz creativa de nuestros mayores se convierte en arte sonoro.

Cada día escucharemos un relato original, nacido de su imaginación, de su mirada profunda y de esa forma única de entender la vida. Cuentos breves que iluminan, que nos conectan con la ternura, el humor y la magia que sigue viva en cada persona, que sorprenden y que nos recuerdan que la verdadera Navidad también se escribe desde la experiencia.

Acompáñanos en este viaje sonoro, porque cada día trae una historia, y cada historia un regalo. Abrimos este espacio de inspiración. Comienza la historia de hoy.

El villancico navideño. Originariamente el villancico era un canto popular, en castellano y portugués, que trataba temas profanos y que se remonta al siglo XIII. La palabra villa indicaba que era cantado por los habitantes de las villas, las ciudades medievales, sobre temas diversos de amor, sátira, humor, las cosechas, acontecimientos diversos, etc.

Se solían acompañar con guitarras, flautas, ruidos con mortero, raspado de botellas y otros artilugios caseros. Es en el Renacimiento cuando se adaptó esta fórmula musical y poética al tema religioso de la Navidad, y se creó el villancico navideño, canción popular hasta nuestros días, vivencia propia. Para mí el villancico tiene resonancias muy profundas, por haberlo vivido intensamente en las fiestas navideñas desde mi niñez.

Mis padres tenían un velén muy bonito, de imaginería de Olot, y lo poníamos en el hall de mi casa, que entonces los halls eran grandes. Lo montábamos con mucha ilusión, colaborando toda la familia, y quedaba precioso. En mi ciudad existía la costumbre de visitar las casas de los familiares y amigos para ver sus velenes. No había que pedir hora, te presentabas, generalmente por la tarde, y te lo enseñaban.

Especialmente se habían instalado algún artilugio que moviese el agua del río, o las aspas de los morinos, o una iluminación especial. Luego nos ofrecían unos dulces navideños, y como despedida cantábamos todos juntos un villancico. Y así, de casa en casa, viendo velenes, algunos muy bonitos, pasábamos las primeras tardes de las vacaciones de Navidad. Cuando formamos mi marido y yo nuestra familia, quisimos tener un velén en casa. Lo planteamos de forma diferente.

Cada año íbamos al mercadillo navideño de la Plaza Mayor, donde comprábamos un contenido del velén. El primer año el portal, con el nacimiento, el segundo la anunciación del ángel y los pastores que acudían al portal con regalos, el siguiente los reyes magos, otro año, que les encantó a los niños esa compra, el castillo de Herodes, otro casitas, granjas, molinos, o animalitos, carros campesinos, el puente sobre el río, etc.

Primero paseábamos por el mercadillo viendo en los puestos el tema que queríamos comprar ese año y lo elegíamos entre todos. Así llegamos a tener un velén completito y lo poníamos con mucha ilusión junto a la chimenea del salón. Cantábamos villancicos y cuando venían los primos o amigos les gustaban mucho. Y así fueron aprendiéndose varios. Compramos también cintas de villancicos. En viajes largos a casa de los abuelos.

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