Lee el podcast de EL JARDIN SECRETO. MARA LEON
Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.
Bienvenidos a la Sabiduría de la Navidad, historias que perduran. Un espacio diario de radiocreatividad, donde la voz creativa de nuestros mayores se convierte en arte sonoro.
Cada día escucharemos un relato original, nacido de su imaginación, de su mirada profunda y de esa forma única de entender la vida. Cuentos breves que iluminan, que nos conectan con la ternura, el humor y la magia que sigue viva en cada persona, que sorprenden y que nos recuerdan que la verdadera Navidad también se escribe desde la experiencia. Acompáñanos en este viaje sonoro, porque cada día trae una historia y cada historia un regalo. Abrimos este espacio de inspiración. Comienza la historia de hoy.
Soy Mara León y el relato de hoy se titula El Jardín Secreto. Existen muchas clases de secretos, pero este que os voy a contar encierra uno muy especial. Sucedió cuando un grupo de amigos se reunió para ver cómo querían pasar sus últimos días de vacaciones.
Allí estaban los tres, sentados bajo su árbol favorito. Ángel, el mayor de todos y elegido como jefe. Santiago, el que siempre ponía paz en los conflictos. Y Cristóbal, el que aportaba genialidad en sus juegos. Trascurrían los últimos días del verano. En breve todos volverían a su lugar de residencia para retomar sus estudios y por ese motivo no se sentían muy contentos. Ángel, haciendo uso de su posición de mando, propuso lo que él creyó ser una gran idea. ¿Qué os parece si exploramos aquel viejo edificio? El que hay al norte, a unos dos kilómetros del pueblo.
Ese que está detrás de unas grandes rocas. Se hizo un silencio, pero duró poco. Se miraron los tres y con un, ¿de acuerdo?, se pusieron en marcha. Cuando ya estaban saliendo del pueblo, llegó corriendo Dani, el hermano menor de Santiago, y aunque solamente tenía diez años, le habían permitido formar parte de la pandilla porque su compañía le resultaba divertida y, además, tenía un instinto especial que el grupo admiraba.
«Hola a todos», dijo alegremente. «¿Qué tenemos para hoy?» Ángel rápidamente tomó la palabra y, tras pensárselo un momento, contó lo que habían planeado y a continuación le preguntó, «¿Te atreves a acompañarnos?». «Sí», respondió Dani. «¿Pero sois conscientes de que ese edificio fue un convento que actualmente está en ruinas? Tiene unas vallas altísimas, ocultas por grandes arbustos llenos de espinas y, a primera vista, parecen infranqueables». «Ya lo sabemos», respondió su hermano Santiago. «Pero lo que tú no sabes es que por el lado que está pegado a la gran roca no hay maleza y por allí esperamos poder saltar». «De acuerdo, entonces continuemos nuestra aventura». Contentos, incluso algunos silbando y casi saltando, siguieron hacia lo que para ellos ya se había convertido en su gran aventura. «¡Seguidme! Yo sé por dónde entrar».
Le siguieron pensando que decía tonterías. Pero la sorpresa de todos fue que los condujo hasta una puerta oculta entre la maleza, justo pegada a la gran roca, y que conducía directamente a un espacio que contenía un extraordinario jardín. Se quedaron paralizados y sin habla. Allí había un pequeño sendero flanqueado por una sinfonía infinita de colores.

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