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Dice así el apóstol Pablo a Timoteo, capítulo 3, versículo 14, en adelante, dice, Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad. E indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad. Dios fue manifestado en carne, justificado en el espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria. El apóstol Pablo está escribiendo esto a su discípulo para que él instruya también a otros en las iglesias donde él va a trabajar. Y nos dice así, versículo 15, que sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios que es la iglesia del Dios viviente. Estamos en un lugar como este, llevamos... Como iglesia, más de 40 años en Ciudad Real.
Vamos a hacer 50. Y en este lugar llevamos unos pocos meses. Todos son novedades y cambios. Los dos que se van a bautizar van a probar, van a estrenar este bautisterio. Así que veremos a ver si al final no salimos todos bautizados. Pero lo importante en sí no es el edificio, sino que son las personas. La Iglesia se refiere a personas, a individuos. Cada uno de nosotros, de los que estamos aquí, tenemos nuestra historia, nuestras tareas, nuestras familias y responsabilidades. Desde que nacemos, vivimos, hasta que llega el último día en esta vida, tenemos nuestras preocupaciones. Pero a veces, y esa es la voluntad de Dios, ocurren cosas. Cosas que transforman y que cambian. Y que dan un giro a nuestra vida o que dan centralidad a nuestra vida o que dan un principio de actuar o comportamiento a nuestras vidas.
Esto es lo que le ha pasado a muchos de los que estamos aquí en esta tarde y esto es lo que de diferente forma le ha pasado también a Asrún y a Jesús. Así que ellos tienen algo que decirnos más adelante y es una manifestación de lo que la Escritura nos demanda y nos explica. Veréis, el bautismo tiene sus símbolos y tiene sus partes, pero tenemos que pensar que la centralidad de todo es Cristo. Nosotros estamos centrados en el Señor Jesucristo. Después de que estas personas vayan a recibir el agua, el bautismo, seguirán con sus vidas, seguirán con sus tareas y sus preocupaciones y sus asuntos. Pero algo van a manifestar que lo hacen diferente. Querrán tener sus familias, querrán mantener sus familias, sus trabajos, estudios, etc. Pero algo ha ocurrido. Y es que Cristo, el Señor Jesucristo, ahora será el eje por el cual y en el cual todo girará.
Lo que el apóstol Pablo está escribiendo en estas líneas que hemos leído, que se refiere a cómo debe conducirse uno en la iglesia del Dios viviente, dice indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad. Este misterio no es algo secreto que mucha gente no pueda conocer, sino esa realidad o esa revelación que ha sido hecha para la devoción. Y es un cántico. Seguramente en aquellos tiempos se recitaba en las iglesias y se repetía de una manera parecida a la que tenemos aquí. Dios fue manifestado en carne, justificado en el espíritu, visto a los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria. Es el Señor Jesucristo. Es el centro de todo. Veréis. Lo que se nos está diciendo es que Dios va a manifestar a su Hijo Jesucristo al mundo. Es Dios encarnado. Esto es lo que la Escritura revela y esto es lo que nosotros creemos.

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