La relación entre Argentina y Estados Unidos atraviesa una etapa de fuerte acercamiento, impulsada por la afinidad política entre Javier Milei y Donald Trump. En este contexto, la llegada de Peter Lamelas como embajador estadounidense y sus recientes declaraciones permiten observar las prioridades de Washington con respecto a Argentina.
En una entrevista (para TN), con el periodista Gonzalo Bañes, Lamelas abordó cuestiones centrales como Malvinas, China, defensa y cooperación bilateral (Bañes, 2026). Sus declaraciones abren un interrogante: ¿se trata de una profundización estratégica de la relación entre ambos países o de un creciente alineamiento argentino con los intereses geopolíticos de Washington?
Escrito por Ambar Ibarra y Luciana Sarapura.
La llegada de Peter Lamelas a la embajada de Estados Unidos en Argentina se produce en un momento de fuerte acercamiento entre Buenos Aires y Washington. Desde que Javier Milei se desempeña en la Presidencia, ambos gobiernos han profundizado su cooperación a partir de la afinidad política entre ambos presidentes y de una mayor convergencia en cuestiones económicas, de seguridad y defensa.
En este contexto, la figura del embajador Peter Lamelas adquiere particular relevancia. Durante su proceso de confirmación, este señaló entre sus objetivos el fortalecer la relación bilateral y reducir la influencia de China en Argentina, especialmente en sectores estratégicos (González, 2025).
La entrevista realizada por Gonzalo Bañes para Todo Noticias (TN) debe entenderse dentro de este escenario. Las declaraciones de Lamelas se producen con un Estados Unidos que busca profundizar sus vínculos con Argentina, pero que también se enfrenta a un contexto de creciente competencia con China por la influencia económica, tecnológica y estratégica en América Latina (Bañes, 2026).
La controversia generada por la participación de Huawei en proyectos tecnológicos vinculados con Vaca Muerta constituye un ejemplo de esta disputa. Lamelas cuestionó públicamente el vínculo y planteó preocupaciones sobre la seguridad de los datos, mientras que Huawei rechazó las acusaciones del Embajador (Castillo, 2026; La Nación, 2026).
Así, la relación bilateral parece exceder el tradicional intercambio comercial y diplomático. Cuestiones como energía, tecnología, defensa y seguridad forman parte de una agenda cada vez más estratégica.
La pregunta que surge es, entonces, qué tipo de relación se está construyendo y cuáles son los intereses que explican este acercamiento.
La cuestión Malvinas constituye uno de los principales puntos de interés para analizar los límites de la relación entre Argentina y Estados Unidos.
En la entrevista con Bañes, el embajador sostuvo que Washington mantiene una posición de neutralidad respecto de las islas y su administración, y que Trump no modificó esa postura (Bañes, 2026). Esta decisión ya había sido expresada por el diplomático durante su proceso de confirmación, cuando señaló que Estados Unidos no reconoce la soberanía argentina ni británica sobre las islas, aunque sí reconoce la administración británica y mantiene una posición neutral respecto al conflicto.
La continuidad de esta postura resulta significativa en un contexto de fuerte cercanía entre Milei y Trump. Nos demuestra que la relación política entre ambos gobiernos no se traduce automáticamente en coincidencia sobre todos los intereses nacionales. Por ende, esto permite diferenciar neutralidad de apoyo. La posición estadounidense no implica respaldar el reclamo argentino, sino mantener una postura propia frente a una disputa en la que Washington también posee intereses y relaciones históricas, particularmente con el Reino Unido.
Argentina y Estados Unidos pueden profundizar su cooperación económica, militar y política sin que ello implique una convergencia absoluta en cuestiones estratégicas.
Si Malvinas permite observar los límites de la convergencia, China permite comprender una de las principales razones detrás del interés estadounidense en Argentina.
Durante su proceso de designación, Lamelas planteó la necesidad de reducir la influencia de China en el país. Sus recientes cuestionamientos a Huawei muestran cómo esta preocupación se traduce en cuestiones concretas relacionadas con tecnología e infraestructura estratégica.
Para Washington, el uso de tecnología china puede representar riesgos de seguridad debido a los vínculos de las empresas con el Estado chino. Huawei rechazó estas acusaciones y defendió su carácter privado y su actuación conforme a las leyes de los países donde opera (La Nación, 2026). Más allá de estas posiciones contrapuestas, el episodio evidencia que la competencia entre Estados Unidos y China también se proyecta sobre territorio nacional.
Argentina resulta relevante por sus recursos energéticos y minerales y por el potencial de Vaca Muerta. Por ello, la relación con Washington no puede analizarse únicamente a partir de la afinidad entre Milei y Trump: también debe entenderse dentro de la competencia global entre grandes potencias. Para Estados Unidos, Argentina puede convertirse en un socio relevante para limitar la expansión de la influencia china en la región. Para Argentina, en cambio, el desafío consiste en mantener vínculos con ambos actores de acuerdo a sus propios intereses económicos y estratégicos.
La cuestión china introduce así una pregunta central:
¿Argentina está tomando decisiones a partir de sus intereses nacionales o está comenzando a adoptar como propios determinados objetivos estratégicos de Washington?
La agenda planteada por Lamelas muestra que Washington parece buscar que la relación con Argentina exceda la afinidad presidencial entre Milei y Trump. Esta cooperación abarca áreas como inversiones, energía, seguridad, defensa y tecnología, y durante su proceso de confirmación, Lamelas destacó especialmente el potencial energético y minero argentino y la necesidad de fortalecer los vínculos económicos entre ambos países (González, 2025).
Argentina, por ende, aparece así como un socio de creciente importancia para Washington, no solamente como destino de inversiones sino también como actor político y estratégico dentro del hemisferio occidental. Sin embargo, esta asociación se desarrolla entre Estados con capacidades muy diferentes. Por eso, además de analizar los intereses convergentes, resulta necesario considerar la asimetría de poder.
Estados Unidos busca fortalecer su presencia económica y estratégica y limitar la influencia china. Argentina, por su parte, busca inversiones, mercados, desarrollo energético y fortalecimiento de sus capacidades.
La cuestión central habita en, si ambos países están construyendo una relación basada en intereses mutuamente convergentes, o si Argentina está incorporando progresivamente prioridades estratégicas de Washington.
La discusión sobre el vínculo bilateral conduce finalmente al problema de la autonomía de la política exterior argentina.
Existen elementos que permiten hablar de un mayor alineamiento como la afinidad entre Milei y Trump, el fortalecimiento de la cooperación militar, el acercamiento político y la convergencia respecto de la necesidad de limitar la influencia china (González, 2025; Ministerio de Defensa de la Nación, 2024). Sin embargo, hablar de alineamiento automático sería simplificar la situación. Argentina mantiene intereses económicos que requieren vínculos con distintos actores internacionales y China continúa siendo un socio relevante. Incluso en su relación con Estados Unidos persisten diferencias importantes, como demuestra la continuidad de la posición neutral de Washington sobre Malvinas (Bañes, 2026). Por ello, resulta más adecuado pensar el vínculo en términos de asociación estratégica y autonomía.
Una relación privilegiada con una potencia no necesariamente implica renunciar a la capacidad de tomar decisiones propias.
El desafío argentino consiste en determinar si la profundización de la relación con Washington amplía sus capacidades internacionales o reduce sus márgenes de acción al incorporar como propios conflictos que forman parte de la competencia entre grandes potencias. En este sentido, el caso Huawei resulta ilustrativo, Argentina se encuentra frente a presiones contrapuestas de Washington y Beijing en un área estratégica, y debe decidir cómo responder de acuerdo con sus propios intereses.
Más que preguntarse si Argentina eligió definitivamente entre Estados Unidos y China, resulta más relevante analizar cuánto margen conserva para relacionarse con ambos sin perder autonomía en su política exterior.
El acercamiento argentino-estadounidense es real y cada vez más profundo, pero las diferencias sobre Malvinas y la complejidad de la relación con China muestran que la convergencia no es absoluta. La cuestión central no es solamente cuánto se acerca Argentina a Washington, sino qué obtiene de ese acercamiento y cuánto margen conserva para definir por sí misma su lugar en el sistema internacional.
Argentina y Estados Unidos pueden profundizar su cooperación en múltiples planos —militar, comercial, tecnológico— sin que ello suponga una convergencia plena en cada uno de los temas sensibles de la agenda bilateral. La cuestión Malvinas funciona, en este sentido, como el ejemplo más elocuente de esa disociación.
Por un lado, el vínculo personal entre Javier Milei y Donald Trump ha sido presentado reiteradamente, tanto por el propio gobierno argentino como por buena parte del periodismo, como el motor de una relación bilateral en ascenso. Esa cercanía se tradujo en gestos concretos: la firma de un acuerdo comercial que el propio Lamelas calificó de histórico, la participación del portaaviones estadounidense USS Nimitz en ejercicios militares conjuntos, la asistencia de Washington para que la Argentina incorpore aviones F-16 y aeronaves P-3 Orion, y negociaciones en curso para la eventual provisión de helicópteros Black Hawk. A esto se suma el trabajo diplomático en torno al Programa de Exención de Visado (Visa Waiver), que Lamelas describió como un objetivo personal y prometió concretar antes del final de su misión.
Esta declaración desmintió, en los hechos, las expectativas que sectores del oficialismo argentino habían intentado instalar en las semanas previas a la entrevista.
Sostener que “Milei alineó a la Argentina con Estados Unidos” resulta, a la luz de esta evidencia, una simplificación que la propia entrevista contribuye a desmentir: existe alineamiento en varios planos —defensa, comercio, competencia con China— pero persiste una divergencia de fondo en, al menos, uno de los reclamos históricos centrales de la política exterior argentina.
Para analizar el discurso de política exterior es imprescindible separar dos planos que suelen confundirse en la lectura periodística: lo que el embajador declaró explícitamente y lo que puede interpretarse políticamente a partir de esas declaraciones.
Lo que Lamelas dijo explícitamente…
El embajador afirmó, de manera textual, que Estados Unidos mantiene una posición de neutralidad sobre las islas y que esa posición no ha cambiado, incluso ante la consulta puntual sobre un eventual documento del Pentágono que sugiriera lo contrario.
Detalló ejercicios militares conjuntos, la participación del USS Nimitz, la asistencia para la incorporación de aviones F-16 y P-3 Orion, y el interés argentino en helicópteros Black Hawk.
Mencionó el trabajo con la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC) y el Eximbank para destrabar financiamiento público y privado hacia proyectos energéticos, y calificó de histórico el acuerdo comercial firmado entre ambos gobiernos.
Lamelas cuestionó de manera directa la presencia de tecnología china, en particular de la empresa Huawei, en la infraestructura de telecomunicaciones de Vaca Muerta, calificando esa cuestión como un asunto de seguridad nacional para ambos países.
Se comprometió a impulsar el regreso de la Argentina al Programa de Exención de Visado antes de concluir su misión diplomática.
Lo que puede interpretarse políticamente
Un intento de consolidar la influencia estadounidense en un país que, en los últimos años, había profundizado vínculos económicos y tecnológicos con China, particularmente en sectores estratégicos como la energía y las telecomunicaciones.
Un reposicionamiento de la Argentina dentro de la estrategia más amplia que la administración Trump, y en particular el Departamento de Estado bajo la conducción de Marco Rubio, despliega hacia América Latina, en la que el embajador Lamelas ha sido descrito por parte de la prensa como un canal de ejecución particularmente activo.
Una competencia geopolítica con China que excede el caso puntual de Vaca Muerta y que se inscribe en la disputa global por el control de infraestructuras críticas de datos e inteligencia artificial.
La construcción de una relación bilateral de carácter más duradero, que trascienda el ciclo electoral de ambos gobiernos y que combine componentes de defensa, energía y tecnología.
Es importante subrayar que estas cuatro lecturas constituyen interpretaciones plausibles a partir de la evidencia disponible, no afirmaciones explícitas del embajador. La distinción entre hecho, interpretación e hipótesis resulta aquí metodológicamente central: que Lamelas haya declarado la neutralidad sobre Malvinas es un hecho verificable a partir de sus propias palabras; que esa declaración funcione como un límite impuesto a las expectativas del Gobierno argentino es una interpretación razonable a partir del contexto político previo a la entrevista.
Sin embargo, que dicha postura obedezca a un cálculo estratégico vinculado a preservar la relación con el Reino Unido es, en cambio, una hipótesis que la entrevista no permite confirmar ni descartar de manera concluyente, y que debería contrastarse con fuentes adicionales del propio Departamento de Estado.
Situar la entrevista en perspectiva histórica exige distinguir qué elementos de la relación actual entre Argentina y Estados Unidos son efectivamente novedosos y cuáles constituyen la continuidad de dinámicas preexistentes.
El componente más distintivo respecto de administraciones argentinas previas es la combinación de afinidad ideológica explícita entre ambos presidentes con una agenda de cooperación que avanzó, en un lapso relativamente breve, hacia dimensiones estratégicas antes menos desarrolladas.
La cooperación en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico, así como cierto grado de alineamiento comercial con Washington, no son fenómenos inéditos de la gestión Milei, distintas administraciones argentinas, con independencia de su signo político, mantuvieron vínculos de cooperación técnica con agencias estadounidenses como el FBI o la DEA. Tampoco es nueva la tensión estructural entre la relación bilateral con Estados Unidos y el reclamo de soberanía sobre Malvinas, que ha atravesado, con matices, a gobiernos de distinto signo desde la restauración democrática.
El cambio más significativo parece residir en la intensidad y visibilidad pública del vínculo, así como en la disposición del propio embajador a intervenir de manera directa y explícita en debates de política interna. Desde los cuestionamientos a procesos judiciales de dirigentes opositores hasta las presiones directas sobre cooperativas eléctricas provinciales por sus contratos tecnológicos con empresas chinas, se generaron reacciones críticas de sectores de la oposición argentina, que llegaron a convocar formalmente al embajador ante el Congreso para que explicara su nivel de injerencia.
La entrevista, y el conjunto de intervenciones públicas de la semana en que se produjo, muestran a un embajador que excede el rol protocolar tradicional para asumir una función más activa de vocero de la estrategia con respecto a Latinoamérica de la administración Trump, particularmente en su dimensión de contención tecnológica frente a China.
La evidencia sugiere que sí, aunque de forma acumulativa antes que sustitutiva: el eje comercial no desaparece —el acuerdo bilateral y el financiamiento a través de DFC y Eximbank siguen presentes— pero se le suma una capa explícitamente geopolítica, vinculada a la seguridad de infraestructuras críticas, la competencia tecnológica con China y la cooperación militar en equipamiento de mayor sofisticación.
En síntesis, el escenario actual combina elementos de continuidad estructural con una aceleración e intensificación novedosas en los planos militar y tecnológico, lo que sugiere que se trata no tanto de una relación bilateral inédita sino de una profundización acelerada de tendencias preexistentes, potenciada por la sintonía personal entre ambos presidentes.
A partir de los apartados anteriores, resulta posible proyectar tres escenarios:
A- Escenario de Asociación estratégica. Este escenario supondría una convergencia creciente en los planos político, económico y de seguridad, con una intensificación de la cooperación militar, avances concretos en materia de inversión y financiamiento, y eventualmente una revisión, aunque fuera parcial, de posiciones históricas como la neutralidad sobre Malvinas. La evidencia recogida en la entrevista, sin embargo, ofrece pocos elementos que sostengan este escenario en el corto plazo: la ratificación explícita de la neutralidad constituye, precisamente, un límite que Washington no muestra disposición a modificar pese a la cercanía política.
B- Escenario de Asociación pragmática. Este escenario describe una cooperación sostenida en áreas específicas y mutuamente convenientes —defensa, energía, seguridad, competencia tecnológica frente a China— sin que ello implique una convergencia automática en cuestiones de soberanía o en la totalidad de la agenda internacional argentina. La Argentina preservaría, en este esquema, márgenes de autonomía en aquellos temas donde sus intereses no coinciden plenamente con los de Washington. La evidencia analizada —cooperación militar creciente combinada con una negativa explícita a modificar la postura sobre Malvinas— resulta, de los tres escenarios, la que mejor se ajusta a los hechos disponibles hasta el momento.
C- Escenario de Relación asimétrica. Este escenario plantea que la Argentina profundiza su dependencia respecto de Washington —en financiamiento, en equipamiento militar, en alineamiento tecnológico frente a China— sin obtener, a cambio, avances sustantivos en cuestiones centrales para su propia agenda de política exterior, como el reclamo de soberanía sobre Malvinas. Algunas lecturas periodísticas relevadas, particularmente aquellas críticas del nivel de injerencia del embajador en asuntos de política interna argentina, tienden a inclinarse hacia esta interpretación, que no puede descartarse pero que requeriría de un análisis más extenso de la balanza de concesiones y beneficios obtenidos por cada parte para sostenerse con solidez empírica.
De los tres escenarios, la evidencia disponible hasta el momento resulta más compatible con el Escenario B de asociación pragmática, en la medida en que la relación combina una cooperación real y creciente en áreas específicas con la persistencia de límites claros impuestos por Washington en, al menos, un tema de alta sensibilidad para la política exterior argentina. No obstante, la posibilidad de que esa asociación pragmática derive, con el correr del tiempo, hacia una relación más asimétrica - Escenario C - dependerá en gran medida de la capacidad argentina de diversificar sus vínculos externos y de negociar en función de sus propios intereses, más allá de la afinidad personal entre ambos mandatarios.
Para cerrar, nos preguntaremos si: ¿puede la Argentina profundizar su asociación con Estados Unidos sin convertirla en una pérdida de autonomía de su política exterior? La evidencia reunida hasta ahora no permite una respuesta definitiva, pero sí sugiere que la respuesta dependerá menos de la calidad del vínculo personal entre los presidentes de turno que de la capacidad argentina de sostener, en cada área de la agenda bilateral, una negociación basada en intereses propios claramente definidos. Visto así, dicho análisis ameritará otro artículo de Politicly.
A24 / ADNSUR / MDZ (2026). Cobertura de la respuesta de la Embajada de China a las declaraciones de Lamelas sobre Huawei y Vaca Muerta.
Ámbito (16/08/2026). El embajador Peter Lamelas fijó la postura de EEUU sobre Malvinas y prometió agilizar visas para argentinos antes de su salida.
Canal26 (16/08/2026). Peter Lamelas habló sobre la posición de Estados Unidos respecto a las Islas Malvinas: “Mantenemos la neutralidad”.
Diario de Cuyo (2025). La Casa Rosada respondió al kirchnerismo por las críticas al futuro embajador; Llegó a la Argentina Peter Lamelas, nuevo embajador de Estados Unidos.
El Destape (13/08/2026). Lamelas presionó a empresas de Vaca Muerta para que no contraten tecnología china.
Infobae (16/08/2026). “EE.UU tiene una posición de neutralidad sobre las islas. Eso no ha cambiado”, sostuvo Peter Lamelas al referirse a Malvinas.
La Nación (13/08/2026). Lamelas asegura que Huawei espía para el Partido Comunista Chino y podría afectar a Vaca Muerta.
Noticias Argentinas / Los Andes (2026). Cobertura de la convocatoria del Congreso argentino al embajador Lamelas por sus declaraciones sobre empresas chinas.
Perfil (16/08/2026). Lamelas: “Antes que me vaya como embajador, habrá visa waiver para los argentinos, es una promesa”; El embajador de EE.UU. cuestionó la tecnología china en Vaca Muerta: “No va a ayudar a traer inversiones”.
TN (2026). Entrevista a Peter Lamelas conducida por Gonzalo Bañez, agosto de 2026.

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