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Politicly · Aug 21, 2026

Notas sobre la salud cultural durante viajes interestelares

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Politicly, Sofía Landa · Politicly

Debemos comenzar a pensar desde ahora uno de los pocos aspectos de la vida de una población humana interestelar con los que podemos ayudarlos. En este artículo hablaremos (debatiremos, discutiremos, negociaremos, etc.) sobre la salud cultural, entendida como la capacidad para transmitir conocimientos, prácticas y valores entre generaciones mientras mantiene la posibilidad de modificarlos en función de nuevas circunstancias... como un viaje interestelar.

Escrito por Sofía Landa Areses.

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COSMIC GEOMETRY (Oska, 2015)

La expansión humana a través del espacio exterior suele plantearse, principalmente, como un problema de supervivencia física. Pensamos en que una nave deberá producir alimentos, reciclar agua, proteger a sus habitantes de la radiación, mantener condiciones habitables y sostener una población durante varias generaciones, y nos preguntamos cómo construiremos algo que haga todo eso y, encima, viaje a años luz.

La cuestión de la cultura suele quedar en el fondo del tarro (o puede ni estar), y solo la toqueteamos cuando nos dan curiosidad las posibles formas de entretenimiento, moda, comida o tradiciones personales que tendrán nuestros descendientes galácticos.

Para un viaje multigeneracional serio, ese orden de prioridades es casi imposible de sostener. Una población puede contar con los recursos materiales necesarios para sobrevivir y, aún así, perder conocimientos, formas de cooperación, instituciones, lenguas o sistemas de valores que hagan posible su continuidad como sociedad.

Cameron M. Smith, en el capítulo 6 de Interstellar Travel: Purpose and Motivations (Elsevier, 2023), parte de una premisa particularmente útil para pensar esta cuestión:

“The significance of culture for our species is that it is our main means of adaptation and survival.” (Smith, 2023, p. 133).

En una misión interestelar, la población tendrá que vivir en un entorno artificial durante generaciones, atravesar cambios demográficos y tecnológicos, preservar conocimientos acumulados y resolver conflictos que sus diseñadores originales no pueden anticipar.

La supervivencia humana nunca ha dependido exclusivamente de la adaptación biológica. Las poblaciones humanas han logrado habitar y dominar ambientes muy diferentes gracias a los conocimientos sobre recursos, clima, refugio, alimentación, herramientas y cooperación. Smith explica que los seres humanos pueden sobrevivir en ambientes extremos porque las prácticas culturales median entre el cuerpo y el entorno (2023), y la vida interestelar profundizaría esta relación.

Una nave interestelar hecha para albergar a más de una generación deberá ser de espacio extremadamente limitado y altamente dependiente de sistemas técnicos. Además, sus habitantes tendrán que resolver problemas que no existen en una sociedad terrestre; la relación con el espacio físico será distinta; el acceso a los recursos estará explícitamente regulado; la privacidad tendrá, probablemente, menor importancia; y la reproducción y el cuidado de los niños estarán condicionados por el tamaño de la población y por las características del hábitat. Por otro lado, las normas sobre trabajo, autoridad y propiedad tendrían que responder a una sociedad en la que un error individual (no podemos predecir cuáles errores, más allá de tirar el mate sobre un sistema eléctrico) puede comprometer la supervivencia del resto.

“Recognizing the truth, that it is by cultural adaptation that we survive, disperse, and flourish, has great significance for the conception of human settlement of space, including interstellar travel” (Smith, 2023, p. 135).

Si estamos de acuerdo en que la cultura cumple una función adaptativa, entonces una sociedad interestelar no puede limitarse a preservar información, sino que necesita mantener la capacidad de producir, evaluar y transmitir información nueva.

Podemos adelantarnos a algunas de las transformaciones, pero muchas otras serán un enigma eterno para los que nos quedemos acá. La salud cultural de los viajeros dependerá, en buena medida, de que tengan mecanismos para responder a aquello que no pudimos prever.

La primera generación de viajeros habrá vivido en la Tierra. Sus hijos conocerán la Tierra a través de sus padres, teniendo a disposición registros audiovisuales, objetos, relatos y una educación arraigada en lo terrestre. Para una tercera o cuarta generación, la Tierra podría convertirse en un lugar cognitivamente inaccesible. Así, la relación con el planeta de origen dependerá cada vez menos de la experiencia directa y cada vez más de la memoria colectiva (¿De qué sub-colectivos saldrá?).

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cc The CW

Smith (2023) sostiene que la cultura está compuesta por información aprendida y transmitida socialmente. No nos es ajeno el hecho de que la continuidad cultural depende de prácticas concretas como la educación, la comunicación, las institucionalización, la participación, la transmisión y la repetición. El problema se volverá especialmente complejo cuando el requerimiento de transmisión entre en conflicto con las condiciones de ese futuro presente, puesto que una práctica puede haber sido perfectamente adecuada en la Tierra pero ser una locura en una nave.

Por eso, conservar nuestra cultura terrestre no puede significar reproducir indefinidamente sus prácticas originales.

“Our strength lies in our ability to accept change while attending to our responsibilities, which require some continuity” (Smith, 2023, p. 149).

Una comunidad interestelar tendrá que decidir qué conocimientos considera vitales, qué acontecimientos forman parte de su memoria y qué principios quiere enseñar a sus descendientes, aceptando y reconociendo que el proceso jamás será neutral.

Esto hace que la educación sea una especialmente importante. (Al menos por los primeros cientos de años. Luego del shock inicial, tal vez esta comunidad interestelar vuelva a caer en el desprestigio del conocimiento sistematizado y abogue por la experiencia anecdótica como fuente única de verdad universal).

Smith propone comenzar a pensar en unos Postulados Espaciales Últimos (USPs por sus siglas en inglés) transversales a las fases de todo el viaje interestelar, incluida la llegada a otro planeta. La transparencia es uno de ellos, entrelazada con la educación; es decir, que las generaciones jóvenes conozcan las razones que sostienen las normas fundamentales de su sociedad:

“(…) our young will be educated about the reasons for our Postulates, so that they understand why our culture is arranged the way it is” (Smith, 2023, p. 76).

Queda clara la diferencia entre transmisión y obligación de obediencia, pues una sociedad puede enseñar sus valores a los jóvenes sin la necesidad de presentar sus instituciones como inmutables.

La preservación cultural introduce una segunda dimensión del problema. Una sociedad interestelar necesitará conservar una parte de su patrimonio terrestre y de su propio patrimonio posterior, y estos patrimonios no consisten solamente en objetos.

Edward Koellner incluye dentro del patrimonio cultural a las tradiciones, lenguas, conocimientos y rituales, además de obras, artefactos y lugares (Interstellar heritage: Safeguarding cultural identity and human rights in the age of human settlements in outer space, p. 4, 2025). En su definición, el patrimonio establece una relación entre pasado, presente e identidad futura. El asentamiento humano fuera de la Tierra puede conservar narrativas y tradiciones terrestres y, al mismo tiempo, generar identidades culturales nuevas. Esta coexistencia debería estar en el centro de una política cultural espacial.

La conservación de patrimonio terrestre puede cumplir funciones importantes para las comunidades que se alejen de la Tierra. Puede ofrecer referencias históricas, mantener conocimientos y permitir que las personas comprendan la diversidad cultural que existía antes de la expansión espacial. También puede evitar que una población pequeña dependa de una única tradición cultural. Pero ¿quién decide qué se conservará?

Koellner señala que las decisiones sobre patrimonio implican problemas de representación (2025). La necesaria selección limitada de objetos, historias o tradiciones puede reproducir las preferencias de los grupos que tienen mayor poder, y de un grupo de decisores desconectados de la realidad que determinará gran parte del destino final de la comunidad interestelar.

Una colección cultural enviada a una nave podría contener miles de libros y obras de arte y, aun así, representar de manera muy incompleta la diversidad humana. Sabemos que la selección nunca será satisfactoria para todos, pero para ser aceptable tendría que considerar lenguas minoritarias, tradiciones indígenas, conocimientos locales y producciones culturales que históricamente han ocupado menos espacio en la memoria.

La digitalización puede ampliar enormemente las posibilidades de conservación. Los archivos digitales permiten transportar cantidades de información que serían imposibles de trasladar físicamente. Aún así, la conservación de información no resuelve por sí misma la transmisión cultural. El conocimiento de la existencia de una lengua no equivale a una comunidad de hablantes, ni la grabación de un ritual garantiza que los descendientes comprendan su significado. La continuidad cultural verdadera dependerá de que las personas encuentren razones para mantener esa cultura viva.

Una comunidad que viva durante generaciones en una nave tendrá que desarrollar prácticas adecuadas a la vida en un espacio cerrado, y una población que se establezca en un planeta con una atmósfera, gravedad o ciclo ambiental diferente tendrá problemas que no existen en la Tierra. No es sensato esperar que una sociedad espacial reproduzca indefinidamente las costumbres de su lugar de origen sería incompatible con la función adaptativa que Smith le atribuye a la cultura.

La alimentación cambiaría por disponibilidad de ingredientes y sistemas de producción, las formas de ocio responderían al espacio disponible, la arquitectura tendría que considerar recursos y seguridad, los calendarios podrían adquirir nuevas referencias (¿celebrarán el día de partida como nosotros celebramos el día de la independencia?), las prácticas y enseñanzas religiosas podrían incorporar acontecimientos relacionados con el viaje o con el ambiente extraterrestre, entre otros.

También podrían aparecer nuevas formas de parentesco y organización comunitaria. Una población pequeña no puede asumir automáticamente las mismas estructuras familiares que una población terrestre de millones de personas; las relaciones entre generaciones, la reproducción y el cuidado compartido podrían convertirse en cuestiones centrales de la organización social durante el viaje interestelar.

Smith (2023) advierte, además, que las condiciones culturales cambiarán durante las distintas etapas de un viaje. La partida, el período de tránsito y el establecimiento en otro sistema plantearán problemas diferentes, lo que implica que incluso la cultura dentro de la nave tampoco permanecería estable durante todo el trayecto. Las prioridades de la primera generación podrían resultar irrelevantes para sus descendientes, y es más que seguro que cambiarían. Una sociedad que llega a destino después de varios siglos ya habrá pasado por múltiples etapas culturales antes de comenzar su historia planetaria.

Si evaluamos llevar a la vida humana al espacio exterior, debemos amigarnos con la idea de que esas futuras generaciones interestelares o no-terrestres desarrollarán una identidad desligada de la Tierra, consecuencia que puede resultar incómoda para cualquier proyecto centrado en preservar la identidad terrestre.

Jack David Eller utiliza el concepto de exonacionalismo para describir la formación de identidades políticas y culturales asociadas a comunidades fuera de la Tierra (Space Colonization and Exonationalism: On the Future of Humanity and Anthropology, MDPI, 2022). Su argumento se apoya en procesos históricos de migración y colonización. Con el paso de las generaciones, los habitantes de una colonia pueden desarrollar vínculos más fuertes con su lugar de residencia que con la sociedad de origen.

“The essay predicts the emergence of exonationalism, in which over generations colonists will invent new identities and shift their affiliations to their non-terran homes and ultimately seek independence from the Earth” (Eller, 2022, p. 148).

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cc Pinterest

Un factor a favor de esta dirección del desarrollo de la historia no-terrestre sería la distancia. Eller señala que las comunidades espaciales estarán separadas por distancias que dificultarán el contacto y el intercambio continuo (p. 148). Después de varias generaciones, una persona nacida en otro planeta no tendrá la misma relación con la Tierra que sus antepasados. Para ella, la Tierra será parte de su historia familiar y cultural, pero su experiencia e identidad estarán determinadas por otro ambiente.

El resultado concreto es imposible de predecir. Sin embargo, la certeza de incertidumbre e imprevisibilidad refuerza lo discutido previamente sobre la inconveniencia de establecer de antemano cuál será la identidad correcta para una población espacial y de tratar de imponer lineamientos poco flexibles.

Si coincidimos en que la salud cultural va a convertirse en un objetivo concreto que transmitiremos a las sociedades interestelares, habrá que establecer algunos criterios. Propongo los siguientes, con el mismo formato de los USPs de Smith (2023), aunque quedan completamente abiertos a debate (y sería deshonesto pretender lo contrario):

  1. La transmisión intergeneracional. Las generaciones jóvenes deberían tener acceso a los conocimientos y prácticas fundamentales de su comunidad. Esto incluye educación formal, relatos históricos, lenguas, archivos, rituales y conocimientos prácticos.

  2. La capacidad institucional de adaptación. Las instituciones deberían poder revisar sus normas cuando las condiciones cambien. Smith destaca la necesidad de mantener ideas fundamentales y, al mismo tiempo, renovar las instituciones para que puedan responder a circunstancias nuevas.

  3. La diversidad no-enemiga. Una población debería poder mantener diferentes tradiciones y producir nuevas expresiones culturales sin que una única identidad domine o pretenda dominar a todas las demás.

  4. La participación. Las decisiones sobre patrimonio deberían involucrar a las comunidades afectadas. Koellner (2025) advierte que las decisiones sobre qué preservar pueden reproducir desigualdades si solo reflejan las preferencias de los grupos con mayor poder.

  5. La capacidad de creación. Una cultura que solo reproduce materiales heredados puede perder capacidad de respuesta. La producción (intencional y no tanto) de nuevas prácticas, instituciones, nuevo arte y formas de organización debería seguir formando parte de la vida humana normal.

  6. La relación entre continuidad y autonomía. Una comunidad puede mantener vínculos con la Tierra y, al mismo tiempo, desarrollar una identidad propia. Puede preservar tradiciones terrestres y crear otras nuevas. Puede considerarse parte de una humanidad común sin aceptar que su cultura tenga que permanecer subordinada a las instituciones terrestres. En ese sentido, debería poder superarnos.

La salud cultural de una especie humana interestelar dependerá de algo más difícil de medir que la cantidad de patrimonio transportado o la cantidad de archivos almacenados. La vida no-terrestre pondrá a prueba la capacidad de sus comunidades para transmitir conocimiento, mantener memoria, resolver conflictos, adaptarse y producir nuevas formas de vida colectiva.

Smith ofrece la perspectiva antropológica para pensar la cultura como uno de los mecanismos centrales mediante los cuales los seres humanos se adaptan y sobreviven. Koellner muestra que esa continuidad tendrá dimensiones jurídicas y políticas, porque las poblaciones espaciales necesitarán proteger patrimonio, identidad y derechos humanos. Eller, por su parte, obliga a considerar que las nuevas comunidades desarrollarán identidades que no necesariamente estarán organizadas alrededor de la Tierra.

Los tres autores aportan a la discusión desde sus respectivas áreas de estudio y nos ayudan a llegar a la conclusión de que la continuidad cultural no puede depender de pretender que una sociedad permanezca congelada en el momento de su partida.

Una población humana que llegue a otro planeta, después de varios siglos, nos será incognoscible. Sus instituciones serán diferentes. Su lenguaje probablemente también. Sus habitantes tendrán recuerdos de experiencias que no existen en la Tierra. Algunos se identificarán con el planeta o la estación donde nacieron antes que con cualquier nación terrestre; otros conservarán vínculos fuertes con sus culturas de origen. Hemos de esperar conflictos entre esas posiciones.

La salud cultural requiere que la sociedad pueda vivir con las diferencias, transmitir su historia, proteger los derechos de sus miembros y revisar sus propias instituciones. Requiere que las generaciones nuevas puedan recibir una herencia cultural suficientemente rica para comprender de dónde vienen y suficientemente abierta para descubrir qué más se puede hacer con ella.

Quienes consigan sostener ese proceso podrán cambiar durante siglos sin perder el horizonte ni ser consumidos por el espacio.

  • Eller, J. D. (2022). Space colonization and exonationalism: On the future of humanity and anthropology. Humans, 2(3), 148–160. [https://doi.org/10.3390/humans2030010]

  • Koellner, E. (2025). Interstellar heritage: Safeguarding cultural identity and human rights in the age of human settlements in outer space. En M. M. Sadowski, G. M. Bonaviri, & F. Ceccotti (Eds.), Heritage in War and Peace IV: Selected Strathclyde Papers. University of Strathclyde Publishing. [https://doi.org/10.17868/strath.000933672]

  • Smith, C. M. (2023). Maintaining the biocultural health of interstellar voyaging cultures: Lessons from institutions, cultural adaptation, and cultural propagation. En Interstellar Travel: Purpose and Motivations (pp. 131–160). Elsevier. [https://doi.org/10.1016/B978-0-323-91360-7.00004-5]

Read the original on politicly.substack.com

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