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Como siempre, a la oración venimos a escuchar la voz de Dios, que está aquí con nosotros. Esto es lo que nos interesa, escuchar. Y a eso venimos, sobre todo, más que hablar, porque ya sabe nuestro Señor lo que sucede. Ahora nosotros quizás no sabemos lo que Dios quiere. Sí. Él quiere, sobre todo, que aprendamos de Él. Y nosotros le decimos, como nuestro Padre hacía, haz que el fundamento de mi personalidad, esa cosa tan íntima, el fundamento de mi personalidad sea la identificación contigo. Somos todos tan distintos. Cada ser humano es distinto. El Señor nos quiere como somos, decía el Papa en España, aunque nos sueña mejores, pero nos quiere como somos.
Y de alguna forma nosotros buscamos afianzar nuestra personalidad, si es que no la tenemos ya afianzada, que lo más seguro es que tengamos afianzada en nuestra personalidad. me acuerdo que estaba preparando a unas chicas unas niñas de primera comunión que allí en españa más de la primera comunión como aquí a los 20 o 30 años allí la hacen a los 8 y las estaba preparando les daba una plática semanal y un día tenía que hablar para que me conocieran y pregunté ¿Hay aquí alguna niña adoptada? Y levantaron la mano dos chinitas. Y entonces, digo, bajarla.
Y le dije que yo también era adoptado, como los que me conocen lo saben, ¿no? En fin, eso tampoco se va diciendo por ahí. Y les conté cuando mi madre... Me dijo, precisamente cuando yo me preparaba para la primera comunión, en enero de este año he ido al pueblo, el sitio donde mi madre me dijo, que aunque ella y mi padre me habían estado preparando y me habían educado y me habían alimentado, pero que yo en realidad era hijo de Dios. Aquello me produjo una sensación. O sea que yo soy adoptado. Entonces las niñas estaban escuchando. Me acuerdo que una madre que es profesora de farmacia en Granada...
De una de estas, madre de una de estas chinitas, me dijo, ¿sabéis qué? Me ha dicho mi hija que usted también era adoptado. Y yo, pero luego se arregló la cosa. Bueno, pues a la plática siguiente me hice el despistado y pregunté, ¿hay aquí alguna niña adoptada? Y para mí, me asombro, levantaron la mano todas. Se habían enterado. Y esta meditación también la prediqué en el colegio mayor, donde hasta hace unos meses he vivido. Y me acuerdo que en el tercer trimestre, digo, en el... Sí, tres meses pasaron y la cena de... De Navidad me preguntó uno con intimidad, oye don Antonio, ¿y usted de qué parte de Rusia es? No se había enterado absolutamente de nada. Bueno, el caso es que en realidad somos adoptados.

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