Bienvenidos a una nueva entrega de Oficio al Medio, un newsletter sobre historietas. Cada quince días, Gonzalo Ruiz y Matías Mir analizan algún cómic o alguna temática relacionada al mundo de las historietas, buscando repensar sus lecturas y conectar con otros fanáticos. En este nuevo contacto, Gonzalo retoma su larga serie de notas sobre la mitológica antología.
Por Gonzalo Ruiz
En agosto de 1996, dos meses después del número final de Love and Rockets, Gilbert Hernandez arranca la miniserie New Love, de seis números. Tras su final en diciembre del 97, sigue con Luba, que durará 10 issues entre febrero del 98 y el invierno del 2004. En el medio, mete Luba’s Comics and Stories, ocho números que van desde marzo del 2000 hasta junio de 2006. A su vez, estas historias se cruzan con el regreso de Love and Rockets en formato comic-book, que se da en la primavera del 2001. Entre estos cuatro títulos mencionados, están la incógnita que nos quedó del final de “Human Diastrophism”: ¿qué pasó con Luba y su familia, ya establecida en Estados Unidos?1
Gilbert hace dos cosas de entrada: saca de la ecuación narrativa el realismo mágico y, como su hermano menor, decide que esta parte de la historia sea más intimista y que hable sobre relaciones. Lo otro y no menos importante, es que el casting de personajes se agranda. A las recién conocidas Petra y Fritz, hermanastras de Luba, se les suman sus familias, amores, amantes, amigos, etc. Todos ellos van a figurar y, en un gran trabajo de guion, los vamos a ver pegar desarrollos más que interesantes, teniendo en cuenta que aLuba y su clan los vimos crecer en casi 50 números y acá la cantidad es un poco menor. Estamos ya ante un artista maduro, con veinte años de trayectoria y que, si bien nunca descuidó a su criatura, para ese momento había metido varias miniseries en Vertigo, Dark Horse y incluso comenzaba a coquetear con el mainstream al ser dibujante en la serie Birds of Prey de DC. Pero vamos a lo nuestro.
El primer personaje al que Beto le da más bola es Venus, hija de Petra. Una chica muy madura para su edad (10), hiperfanática de los cómics románticos de los años 50 y de una inteligencia y mirada sobre el mundo muy peculiar. Gracias a las cartas que le envía a su prima, descubrimos no solo cómo piensa, sino también quiénes son Petra y Rosalba, mejor conocida como Frtiz. La primera es una cristiana renacida que acaba de separarse de su marido, con los pies sobre la tierra y que tiene mayor interés en el fisicoculturismo. La segunda es una psicóloga ceceosa que suele acostarse con sus pacientes, y cuyo pensamiento suele ser un cúmulo de frases poco entendibles (no solo por su ceceo, sino porque son inconexas). Ambas, como Luba (o más bien, como María, la madre de las tres), son bombas sexuales de tetas descomunales que disfrutan el sexo de forma desprejuiciada. De hecho, y quizás inspirado en su obra porno Birdland, acá Gilbert hace del sexo casi un tema central. No solo está presente en las infinitas escenas de garche que involucran infidelidades, polvos de una noche, incesto, lesbianismo, homosexualidad… al realismo mágico sacado lo reemplaza el culebrón más exacerbado, sobre todo por el nivel endogámico de los protagonistas, todos son, en ciertos aspectos, algunos concretos y otros más políticos, familia.
El otro eje es Doralis, la segunda de las hijas de Luba en irse a Estados Unidos. Es la “estrella” de un programa infantil psicodélico y deforme, sin un eje realmente claro, salvo que está ella contando historias de lo más variadas, en su mayoría escabrosas. Cabe aclarar, el show no rinde a nivel rating y sufre críticas, sin embargo, nada parece afectar a la risueña Doralis, que es producida por Pipo, otrora maneater de los tiempos pre-Luba en Palomar. Como dice Frank Zappa, el hogar es donde está tu corazón, y por supuesto que no necesitamos la locación centroamericana, Palomar vive en el corazón de todos aquellos que se encuentran y desencuentran en el camino. Hay una sensación de hermanamiento, pero Pipo tiene un interés personal que trasciende a Doralis, quién es feliz frente a las cámaras y nada más. Pipo ejerce un poder bárbaro, lo que hace explotar la capacidad no solo de Doralis, sino de su propio hijo Sergio, una estrella de fútbol.2
¿Y Luba? Después de haber leído casi 200 páginas con su vida, es raro verla más de fondo. Sin embargo acá está, adaptándose de mala manera al estilo de vida norteamericano (ella nunca aprendió a hablar inglés), regentando una oficina de migraciones mientras trata que su marido Khamo, sospechado de narcotraficante, pueda ingresar al país. Está más vieja, resentida, dura y de pocas palabras, la idea de amor le fue negada. La tortura estar cerca de sus hijas mayores que no la quieren cerca por homófoba (Doralis y Maricela son lesbianas) y no poder armar su familia con tranquilidad, justo cuando una de las más chicas, Socorro, se muda de estado para estudiar en una escuela de superdotados. Además, todavía depende de una anciana Ofelia que cría a sus hijas más chicas, porque ella sigue con su idea de ser un alma libre, que incluso en su edad madura, continúa siendo irresistible para muchos hombres.
De todo eso y más va Luba in America. También hay mucho humor. Beto mete muchas historias cortitas de una página, que sirven para contar anécdotas que explican mejor todo este mega árbol genealógico, y sobre todo mostrar que están locos. Todo, repito, con mucho humor, aunque no siempre.
The book of Ofelia prende el ventilador del drama, mientras se hace cargo finalmente de un personaje que siempre estuvo ahí, pero con el foco muy poco puesto: Ofelia, la prima que, como vimos en “Poison River”, se hizo cargo de la bebé Luba y está con ella desde entonces. Vemos un poco más de su tormentosa adolescencia, le conocemos amores, todo mientras ella supuestamente escribe un libro. ¿Sobre ella, sobre su prima menor? Es uno de los grandes misterios, pero que funciona para que se aceite, entre muchas comillas, la relación familiar que nunca fue perfecta. De nuevo, Luba fue una libertina y Ofelia siempre estuvo atrás, arreglándole las cagadas. Y dos personas criadas en base a dolores hacen que hoy sean temerosas, de mecha muy corta pero que en el fondo se quieren.
En el medio, todos esos tejemanejes familiares mencionados en Luba in America empiezan a explotar con la aparición de dos hombres: Fortunato y Héctor. El primero es un rubio huérfano precioso que fue criado para romperles el corazón a las chicas. Es el único “elemento mágico” que tiene esta nueva etapa de Palomar, un pibe que logra hipnotizar a todas las mujeres. Juega con todas ellas, sin embargo no es un problema real como sí es Héctor, un rocker mujeriego que se cruza de casualidad con dos de los hijos chiquitos de Luba, en el medio, los salva de un accidente de tránsito. Gracias a eso conoce a Fritzy, cogen todo lo que pueden hasta que ella tiene la extrañísima idea de que se levante a Petra, cosa que logra y queda en el medio de una rara guerra fría entre hermanas que siempre se llevaron bien hasta en cuestiones sexuales. Ah, a esto hay que sumarle que Pipo no solo logra que su hijo coja con Fritz, sino que hasta ella se quiere coger a la ceceosa.
Más allá de los comentarios en joda que se pueden hacer al respecto de estas situaciones o de otras bizarreadas, es ineludible cómo mejoró Beto en estos años. De un modo u otro, todas sus mujeres son personajes fuertes, no importa que sean más centradas, medio boludonas o hijas de puta: todas se comen al mundo. Nadie se acuesta con ellas, ellas son las que se acuestan con los tipos, unos boludos bárbaros que no entienden la suerte que tienen. E incluso dentro de lo frívolo que puede parecer el hecho de un sexo, por momentos sin amor y sin importar si están corneando a un familiar cercano, hay una cuestión de sororidad muy fuerte, algo que en cierta forma impuso Jaime sobre el final del volumen 1 de la serie. Y todo esto tiene como representantes directas a esa dupla explosiva que son Luba y Ofelia, que después de muchas historias juntas, comienzan a tener caminos separados. Debajo de esa superficie de tetas gigantes, organos sexuales monstruosos y promiscuidad, hay un nivel de cariño, de introspección y de crecimiento pocas veces visto.
Sin embargo, todo este statu quo se quiebra en Three Daughters y empieza a mutar hacia el delirio. Por algún motivo, Venus decide dirigir una película de superhéroes protagonizada por mamá Petra y tía Fritz. Esto empuja a que la segunda pegue un giro rotundo en su vida: abandonar el psicoanálisis para convertirse en actriz de cine de bajo presupuesto. Y gracias a un par de historias que transcurren en la juventud de las hermanas más cercanas, nos enteramos que este cambio de carrera afecta a Petra, quién deseaba ser actriz. Un binomio irregular pero precioso se quiebra, y las tres hermanas quedan a la deriva, aunque Luba nunca sintió un real afecto por ellas. Así se fragmenta una de las familias más enormes de la historieta mundial.
Pero para no dejar cabos sueltos (porque en el segundo volumen de Love and Rockets, Beto estaba a full serializando la gloriosa Julio’s Day) y para que todas tengan su rato con el reflector encima, aprendemos mucho de Guadalupe, la tercera “hija mayor” de Luba de la que no sabíamos mucho, la primera pareja de Héctor y última mujer de Gato, exmarido de Pipo que murió en un accidente de auto. Si, todo es así en Palomar, y de hecho lleva a una reflexión que la misma Guadalupe dice: “Se acabó esa ‘Sopa de gran pena’ incestuosa en la que todo el mundo acaba acostándose con todo el mundo. Eso acaba conmigo”.
Guadalupe pasa a ser la voz de la razón y cordura, mientras nos relata otro salto temporal donde se explica la ruptura de las hermanas, los motivos, y qué pasó con cada una de ellas, todo esto mientras Héctor intenta volver con ella y sus hijos. Su historia no pasa por el sexo desenfrenado, sino por la búsqueda de estabilidad y un amor, algo que hasta ahora nadie pudo conseguir, salvo algunos de los aldeanos de Palomar. Mientras sus hermanas buscaban el poder y la gloria, ella era feliz siendo maestra de día y bailarina de vientre junto a su tía Fritzy de noche, lo que sea para que sus hijos Killer y Jimmy estén bien. Que a su vez, protagonizan un par de historias de una página, completamente delirantes llamadas “The Kid Stuff Kids”. Beto, como siempre, ponderando el delirio y distintas formas de contar historias.
Gilbert está enamorado de Fritz, lo confirma High Soft Lisp. Del cast original, solo queda ella, la nueva sensación de culto del cine de bajo presupuesto. Y si bien conocemos más, sobre todo una suerte de ascenso y caída de su carrera, parte de la historia está centrada en Mark Herrera, uno de sus maridos, que se dedica a dar charlas motivacionales… que a su vez, se casó seis veces (Rosalba es su cuarta mujer). A la manera de High Fidelity, el libro de Nick Horny, Herrera repasa su vida centrada en la elección de sus mujeres, los fracasos sentimentales y personales. Lo mismo aprendemos de Fritz, su vida sexual en la adolescencia donde los chicos tenían más deseo de acostarse con ella que de amarla. Tal vez algo aburrido de meter tanto diálogo e introspección, el artista vuelve a divertirse con el delirio, exagerando al taco el fetiche por los chumbos que tiene su actriz fetiche, algo presente como un leitmotiv en las 140 páginas que dura este recopilatorio.
Cada vez falta menos para terminar con esta saga de notas, pero espero que la próxima venga con un poco más de originalidad y variedad.
Y eso es todo por hoy. Si te interesa recibir cada quince días el newsletter, podés suscribirte con el botón de abajo. Además, todas las entregas anteriores pueden leerse en el archivo.
También nos podés dejar un comentario acá:
Y también podés seguirnos en nuestro Bluesky o Instagram.
¡Nos leemos en quince días!
Todo esto está más ordenado en cuatro trade paperbacks: Luba in America, The Book of Ofelia, Three Sisters y High Soft Lisp, en los tomos 10, 11, 14 y 15 de la colección Love and Rockets Library, o (aunque con faltantes) en un hardcover de casi mil páginas titulado Luba, publicado por La Cúpula (en español, por supuesto).
Lo bueno de la internet es que hoy uno puede buscar un árbol genealógico con todos los personajes, porque en un momento de tanto repetir nombres se pierde.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.