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Oficio al Medio · Aug 15, 2026

#154: Buenos Aires // Emiliano Raspante

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Oficio al Medio · Oficio al Medio

Bienvenidos a una nueva entrega de Oficio al Medio, un newsletter sobre historietas. Cada quince días, Gonzalo Ruiz y Matías Mir analizan algún cómic o alguna temática relacionada al mundo de las historietas, buscando repensar sus lecturas y conectar con otros fanáticos. En este nuevo contacto, Mati recorre Buenos Aires de la mano de grandes artistas modernos y de antaño, y Gonza recomienda una gran novedad difícil de enmarcar.

Por Matías Mir
“El pasaje” de Natalia Aguerre, En la esquina de mi barrio.
“Se recostó y una vez más se entregó a la fantasía de siempre: abandonar la literatura y poner un tallercito en algún barrio desconocido de Buenos Aires. ¿Barrio desconocido en Buenos Aires? Qué risa, por favor, qué callejón sin salida”.
Ernesto Sabato, Abaddón el exterminador

No se me escapa la ironía de que, para cuando se publique esta entrega, yo ya estaré en la ciudad de Rosario, algunos kilómetros bastante lejos de Buenos Aires, pero quizás es justamente la distancia lo que permite apreciar las cosas. Estas últimas semanas estuve leyendo intermitentemente Las ciudades invisibles de Italo Calvino, y me dejó pensando mucho acerca de cómo existimos, cada tanto, en estas pajareras, y cómo representamos esa existencia. Calvino, por supuesto, en el atlas fantástico de Marco Polo habla sobre Venecia (“Cada vez que describo una ciudad digo algo de Venecia”), pero todos tenemos nuestras propias Venecias, y todos comparamos el mundo con nuestro punto de referencia. Roland Barthes hablaba de Proust y lo llamaba su “mathesis general, el mandala de toda la cosmogonía literaria”. Para él, todo volvía a Proust. Para mí, todo vuelve a Buenos Aires.

Hace poco, Hotel de las Ideas publicó junto al Instituto de Desafíos Urbanos Futuros una antología de historietas sobre Buenos Aires, En la esquina de mi barrio, resultado de un concurso que invitaba a los artistas a repensar el concepto de convivencia en la ciudad. Entre los ganadores hay algunos grandes aportes: El primer lugar, “Perspectiva subterránea” de Oqui Paratz, es una descripción original de la maravilla tortuosa que es viajar en subte que, salvando las distancias, recuerda visualmente al Asterios Polyp de Mazzucchelli; rescato mucho la de Ariel López V., “En la esquina de ‘El Cedrón’”, que debió ser difícil de juzgar cuando tiene un estilo tan propio que todo intento de anonimato es imposible, y que además de ser muy simpática involucra a Alberto Breccia en su historia sobre el barrio de Mataderos; y también vale la pena mencionar “El pasaje”, de Natalia Aguerre, un relato muy simpático a lápices que se encuadra dentro del incipiente subgénero del drama inmobiliario, que cada vez va sumando más adeptos.

“En la esquina de ‘El Cedrón’”, de Ariel López V., En la esquina de mi barrio.

Estas y las otras historias de la antología cumplen con lo prometido, que es sintetizar la ciudad, o al menos una versión que querrían de la ciudad. Hay grandes exponentes de la historieta-ilustración-caricatura sobre CABA, y ya hemos escrito sobre ellos en otras ocasiones. Gonza recomendó en su momento las versiones de Gustavo Sala y la dupla De Santis-San Juan, y yo mismo hablé de quizás una de las mejores historietas argentinas de los últimos años, Cartográfica del Sike.

Otro gran admirador de Buenos Aires es Luis Scafati, que le ha dedicado más de un libro. A mí el que me fascina y me sigue entreteniendo es Mambo Urbano, esa recopilación de páginas que hizo el maestro para la revista Humor hacia fines de los 80 y que luego se recopilaron en un hermoso libro tapa dura que durante años fue una gema saldera y ahora me avisan que ya ni así se consigue.

Mambo Urbano de Luis Scafati

Lo hermoso de Mambo Urbano es que se nota que está dibujado por alguien que viene de afuera, que tiene los ojos frescos para verle lo novedoso. Venido de su Mendoza natal, Scafati no para de encontrar en la Buenos Aires postdictadura un caos inspirador, un montón de humor, y sus observaciones son filosísimas. Leído hoy, es una ventana al pasado fantástica dibujada con unas tintas impresionantes que invita por instinto a buscar reconocer esas calles, esos espacios que hoy todavía están pero que son irreconocibles, y sobre todo las costumbres de las personas, que a veces parecen alienígenas y en otros casos podrían ser retratos modernos.

Buenos Aires en camiseta, de Calé.

Claramente yo tengo predilección por estas representaciones nostálgicas de la ciudad, y por eso uno de esos libros que me encanta revisitar es quizás la única antología que se hizo de Buenos Aires en camiseta, la mítica sección de chistes ilustrados de Calé para la revista Rico Tipo de la década del 50. Calé en sí mismo es un personaje fantástico, un oriundo provinciano de familia inmigrante que llegó a Buenos Aires y se enamoró de la ciudad, del tango, de River, de los cafés. Un artista que se recibió de porteño honorario: vivió un tiempo en una pensión, iba al mismo café que Astor Piazzola y Aníbal Troilo, le sacaba canas verdes a Divito por entregar tarde las páginas y murió de un ataque al corazón antes de cumplir los cuarenta.

Buenos Aires en Camiseta, de Calé.

Sus páginas de Buenos Aires en Camiseta son increíbles. Si lo de Scafati era interesante, esto está a otro nivel. La ciudad que describe y sus habitantes casi son nosotros, el ADN está ahí, pero completamente alejado. Calé es un gran dibujante, se le nota el estilo publicitario, cómo puede pasar del realismo a la caricatura sin despeinarse, ¡y además los chistes son graciosos! Sorprende lo bien que se sostienen algunas secuencias (siempre me acuerdo la de un mozo al que le describen dos pedidos innecesariamente complicados y le replica a la cocina: “¡Dos cafés!”). No te digo que es Quino, pero entiendo por qué varios artistas posteriores lo vieron como una inspiración.1

Esto se publica y yo estoy en Rosario, con suerte, detonando la billetera en la carpa de fanzines. Pienso en todas estas historietas sobre ciudades y me pregunto qué será lo que nos fascina tanto de verlas atravesadas por el lente del arte. Describir una ciudad no es vivirla, pero para disfrutar estas historietas primero hay que haber experimentado la ciudad, no como historieta sino como espacio. Hay que cruzar sus calles por la madrugada y hablar con confianza con desconocidos y empezar a formar un mapa mental de su arquitectura invisible. De ahí podemos sacar humor y acidez y otras observaciones, pero nunca a la ciudad misma. Eso es otra cosa.

Por Gonzalo Ruiz

¿Cómo se reseña un libro que es una antología personal sin una curaduría conceptual, como si de un artbook se tratara? Y además, ¿puede un artbook (si decidimos considerar a este libro de esta forma) ser uno de los mejores cómics del año? Esto me pregunté cuando cerré, después de reirme por un largo rato, Me siento vulnerable en remera, primer libro en solitario de Emiliano Raspante, publicado por Historieteca.

Las dudas pasan por lo siguiente: Emiliano es, ante todo, ilustrador. Cualquiera que haya visto sus redes sociales, sabe que ahí no hay mucho trabajo de narrativa. Aún así, supo hacer un gran provecho de Instagram cuando estaba limitada a subir solo diez fotos en formato “reel”. Y acá tenemos, en 200 páginas a todo color y papel ilustración, un raid de vanidad, recelo, “falso impostorismo” y neurosis cuya única finalidad es hacerte reír fuerte, a la vez que te explota la cabeza lo bien dibujado que está todo.

Decía antes, ¿cómo se puede reseñar esto, más allá de largar un par de comentarios obvios del estilo “esto es buenísimo, compren el libro ya”? Porque sí, lo primero que tengo para decir es que está buenísimo y lo compren ya. Pero hay que hacer, pienso, un previo trabajo de descubrimiento. Raspante, a menos que estés metido en el mundo FADU o de cierta corriente artístico-comiquera, puede resultar un artista novel. En cierta medida es así, porque es su primera publicación en solitario. A su vez, paradójicamente, es una recopilación, un best of de sus mejores momentos que capaz te perdiste si no lo seguís en Instagram. Si se permite un comentario personal, yo lo conocí de casualidad en 2018, cuando organizaba junto a Diego Arandojo, una serie de entrevistas a dibujantes en su propio monoambiente del barrio de Villa Real. Si bien Emiliano no era el eje más importante (la entrevista la conducía Arandojo, lo vi con Pedro Mancini y la colorada Majox), uno hablaba con él básicamente por ser el dueño de casa. Cuando fui a la entrevista con Mancini, llegué primero gracias a mi superpoder de caer no puntual, sino antes de horario, a ciertos lugares. Me encontré con una persona amena, de pocas palabras y, como es costumbre cuando uno entabla buena onda con alguien, lo empecé a seguir en sus redes.

Lo que encontré en mi celular fue la versión crumbeana de Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Si pensas que Emiliano es lo que ves en Instagram, o más bien no entrás en su código humorístico, salí de acá porque lo vas a odiar. Ahí no estaba esa persona apocada de vestimenta bastante formal, sino un insoportable que se cree mejor que los demás y que usa una vestimenta bastante formal. Acá hay algo que me encanta de él desde que lo sigo, y es que más allá de si es un personaje o no lo que vemos protagonizar sus dibujos o tiras, no te deja indiferente con un término medio. Te lo bancas o cerrás la app, puteándolo por denso. Y si lográs superar ese primer estupor, esa primera sensación de incomodidad al leer como uno se vanagloria, te felicito: llegaste a tu nuevo humorista gráfico favorito.

También hay que decir que el humor del artista no es solamente parodiar a aquellos que se mueven pensando “qué capo que soy, me merezco todo y no lo tengo”, sino que también hay un reverso igual de incómodo, pero quizás más fácil de identificarse, que es el del perdedor absoluto con las mujeres. Acá hay otro Raspante, uno absolutamente inseguro, resentido, que parece confesar que su gusto por las mujeres más voluptuosas y de una vida hedonista, exhibicionista, que parecer ir a contramano de la “normalidad” que busca Emiliano. Las reflexiones sobre el rechazo pueden bordear lo psicópata o incel ¿pero quién no llegó alguna vez a esa conclusión, en medio de un rechazo o, peor, una invisibilización total por parte del sexo femenino? Un pensamiento de frustración muy breve que termina en la nada misma (o eso espero…). Cuando se habla de mujeres por fuera de las tiras instagrameables, tenemos quizás a uno de los mejores dibujantes de mujeres curvilíneas del país.

Y acá quiero decir algo.

Queda claro que Emiliano Raspante está fuertemente influenciado por Robert Crumb, al punto que uno podría decir que le roba. Y con una mano en el corazón, si él hace eso, no me queda más que bancarlo. Poquísima gente en Argentina supo levantar la bandera del comix underground de los 60, quizás en la Lápiz Japones, hace ya treinta años. Ahora Emiliano tiene ilustraciones que son un tributo explícito por la cantidad de culos grandes y redondos que tiene el libro, nivel las revistas Art & Beauty del querido Roberto, y en sí, parte de su humor existencialista urbano también se refleja en los diálogos de Raspante. Y me parece una genialidad que se reivindique a uno de los dibujantes más importantes de los últimos tiempos. Algo que ni la divulgación actual hace, tiene que venir él a arreglar todo, a demostrar quién es el más grande.

¿Es plagio? Desde ya que no. ¿Es un robo? Depende de cada uno. ¿Y está mal? No, en absoluto. Porque también es parte de lo que hace único a este artista, cómo logra amalgamar un estilo de dibujo similar al del genio de Filadelfia con su propia voz, e incluso con un nivel de plasticidad muy alto. Se puede apreciar sobre todo en los dibujos a color que incluye el libro. Tal vez el mayor acto de originalidad es la serie de retratos al estilo naturaleza muerta de objetos cotidianos que se compran en un supermercado chino. Entonces, uno no puede acusar a Raspante de ladrón, cuando sabe tomar lo mejor de cada cosa que lo moldeó (también se cuela Akira Toriyama en los dibujos más “cute”) para hacer algo propio, original, fresco. Un sampleo artístico que se aprecia.

Emiliano es un genio, eso es lo primero que siento cuando cierro el cómic/artbook/recopilatorio que tengo enfrente. Porque, con todo lo dicho en los últimos párrafos, repito, me encuentro con algo original, con el mismo nivel de ironía que maneja Podeti en La Caja pero con una dedicación en el arte y en la puesta de imagen pocas veces vista, sobre todo en el humor gráfico. Es cierto, tiene algunos condimentos que uno tiene que tomar con pinza, sobre todo como el personaje-Emiliano te habla en el libro. Pero de nuevo, si podés superar que te hablen (en joda) sobrándote, y estás dispuesto a leer a un soberbio pero que en realidad está condenado al fracaso aunque su egotrip no le permita ver la realidad, hacete un favor y compralo que la vas a pasar bien.

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¡Nos leemos en quince días!

1

Es imperdible la adaptación a película, que es solo unos chistes narrados arriba sin siquiera animación, pero que vale la pena solo para escucharlos con ese acento porteño de los cincuenta/sesenta fantástico.

Read the original on oficioalmedio.substack.com

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