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en el medio pasó el mar · May 27, 2026

el futuro será de quienes se incomoden

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Nicole · en el medio pasó el mar

El precio que pagamos por tener la vida que queremos vivir es la incomodidad, sensación que justamente (¡sorpresa!) desean arrebatarnos. Aplicaciones que “simplifican” nuestra vida forman parte de nuestro día a día. ¿Quién necesita conocer al verdulero de su barrio si Rappi puede solucionar el castigo de ponerme una campera a fin de mayo para salir al viento helado de Buenos Aires? ¿Quién necesita atravesar el penoso proceso de exponerse a escuchar a una persona cara a cara para decidir si tenemos algo en común, si un simple filtro de intereses en Bumble puede hacerlo por mí?

La búsqueda de la comodidad está matando nuestro potencial, y la capacidad de sostener lo incómodo será, en no mucho tiempo, una ventaja competitiva en todas las áreas de nuestra vida.

Cuando me preguntan por qué detesto de forma tan acérrima la inteligencia artificial, por qué dedico tanto tiempo en mis contenidos y en mis cursos a fomentar lo opuesto a lo que la IA propone, la respuesta es, justamente, que estoy viendo el costo que pagaremos prontamente por haber suavizado tanto nuestros bordes que prácticamente ya no podemos ni sentirlos si pasamos la mano por ellos: cuando perdemos la capacidad de tolerar la frustración en una búsqueda de ser intocables, de estar en paz, optimizados… nos volvemos desabridos y caemos en la desidia. Un estado del que es difícil salir si ya perdí todas las herramientas que me hacían ser exactamente quien soy (humano), y del que buscaré salir ahondándome aún más en las profundidades de la tecnología, rastreando respuestas fuera cuando la realidad es que siempre estuvieron dentro. ¿Cómo vuelvo a ese “dentro” si tapié la entrada con un gran centro de data artificial?

Perder nuestra humanidad es el peor castigo que los dioses podrían infligirnos, y lo más curioso de todo es que somos los propios humanos los que estamos castigándonos. ¿En pos de qué?

Va mucho más allá de pedirle a ChatGPT la receta de cómo se hace un buen rebozado de milanesa: lo que estamos perdiendo es la posibilidad de frustrarnos, y la frustración es lo que ha dado lugar a las piezas más maravillosas creadas por el hombre. Afortunadamente, llegar al súmmum de nuestra vida requiere frustración, caídas, golpazos y contacto con la vulnerabilidad que aparece cuando me siento vergonzosa, incapaz, poco inteligente; es decir, incómoda. Por algo la obra es sobra del proceso, ¿qué queda cuando quiero eliminar el camino?

Todo lo que deseamos está al otro lado de ese pasillo apretado y pegajoso por el cual tenemos que meternos si queremos alcanzar la vida que nos prometimos a nosotros mismos. ¿Tiene el mismo sabor cruzar la línea de llegada de una maratón si la cruzo en moto? ¿Tiene el mismo sentido alcanzar la vida que deseo si no pasé por el proceso necesario para llegar ahí, el que hubiese formado a la persona que realmente merece tener ese presente?

Alguien que no sabe incomodarse tampoco sabe cómo pararse frente a las injusticias sociales, no tiene la potencia para pedir ningún tipo de revolución, deja de creer en sí misma y en sus capacidades, queda a merced de algo o alguien (me pregunto: ¿de qué y de quiénes?) que pocas veces tendrá deseos más puros para su ser en mente.

Pienso que existo gracias a que miles de personas se incomodaron para que yo pudiese existir. Pienso en la incomodidad de mi mamá, embarazada a los quince años, cuando su propia vida recién estaba comenzando. Pienso en la incomodidad de mis abuelos al hacerse cargo de nosotras dos. Pienso en la incomodidad de mi bisabuelo viniendo en barco desde España. Pienso en la incomodidad de mi otro bisabuelo yéndole a pedir trabajo a Perón porque no tenía para comer. Pienso en la incomodidad que debe haber sido que dos antepasados míos se dieran su primer beso. Pienso en la incomodidad del hambre, la guerra, la angustia, la falta de certeza, el terror, el trauma, el dolor, el llanto, la pérdida. Existimos gracias a que otros humanos tuvieron el coraje de incomodarse y crearon salidas creativas que les permitieron ensanchar la vasija interior para que la incomodidad no se los comiera, y así seguir.

Creo que el llamado del Papa León XIV esta semana fue precisamente a esto: a no maravillarnos por espejos de colores, a no creer que una tecnología podrá superar la capacidad humana (como dijo Sam Altman los últimos días), a ponderar el significado del misterio de la vida y cómo el hecho de que sea, precisamente, un misterio es el hilo que verdaderamente no queremos tirar, porque la falta de certezas es lo que motiva la búsqueda humana desde el comienzo de los tiempos.

La creación de un futuro diferente está en manos de quienes logren sostener la incomodidad. Cuando me veo tentada por la posibilidad de facilitarlo todo, hacer todo veloz, hacer todo rápido, tener todo ya, lograrlo todo mañana, ya SER, ya ESTAR, ya POSEER, invoco a mis antepasados, me vuelco a la naturaleza, le pido a Dios de nuevo: si vas a darme algo, dame la capacidad de seguir así, incómoda, humana.

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Read the original on nicomarcuzzi.substack.com

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