Cuando el partido termina comienza la cuenta regresiva. ¿Cuánto falta para que él vuelva de la cancha y se repita la pesadilla?
Durante el Mundial, en Gran Bretaña la hora del regreso fue establecida simbólicamente por un grupo de defensa de los derechos de las mujeres a las 23:37, calculada sobre el tiempo que le lleva a una persona salir del estadio y llegar a su casa. A esa hora, en muchos hogares se produce el puntapié inicial, o la trompada inicial, o la escena de violencia habitual cada vez que hay partido. No importa que el club o la selección gane, empate o pierda, aunque es probable que en el tercer caso sea peor. Lo concreto es que cientos de mujeres y niños experimentan en sus cuerpos los golpes a que los someten hombres violentos a la salida de un partido.
Las noticias sobre las campañas para evitar la violencia doméstica post partido llegaron a las redes sociales mezcladas con los infinitos videítos y los memes sobre el Mundial. Uno de ellos, especialmente impactante, mostraba a una mujer británica que con mucha amargura pedía, o más bien imploraba, que los hombres de su país no molieran a golpes a sus mujeres e hijos luego del próximo partido de Inglaterra.
El tema, parece, no es nuevo, pero no había tenido antes tanta difusión. Además no sucede solamente en Gran Bretaña, ya que otros países también llevan registros, ni puede justificarse por el consumo de drogas o alcohol.
La organización británica Women’s Aid, fue la que determinó que las 23:37 sería la hora de “El otro puntapié inicial”. Esa hora a la que hace rato el partido terminó, la euforia pasó, todo el mundo se fue a su casa, las calles están silenciosas. Esa hora a la que se escucha el sonido más temido por miles de mujeres y niños: el de la puerta de entrada que se abre y deja entrar al hombre golpeador.
Como dijimos, no importa si la selección o el cuadro del que es hincha ganó o perdió. El violento no necesita excusas. Tampoco son casos aislados.
Un estudio de la Universidad de Lancaster revela un escenario perturbador. Tras analizar el comportamiento social durante los Mundiales de 2002, 2006 y 2010, los investigadores constataron que cuando la selección inglesa pierde, las denuncias por violencia doméstica se disparan un 38% respecto de los días sin partido. Sin embargo, cuando la selección gana o empata, el riesgo no desaparece: aumenta un 26%. La Eurocopa 2024 fue declarada por el Consejo Nacional de Jefes de Policía “emergencia nacional para mujeres y niñas”
Un estudio en una zona particular, el condado inglés de West Mercia, las llamadas de denuncia por violencia de género aumentaron 20% el año pasado durante los campeonatos masculinos.
Otra organización feminista, The Dash Charity, publicó que durante la Eurocopa 2021 las llamadas solicitando ayuda por abuso doméstico aumentaron 79%.
Y una organización contra la violencia doméstica, The National Center for Domestic Violence, publicó antes del Mundial una nota con consejos y advertencias para evitar reacciones violentas tras los partidos.
En Bélgica, aproximadamente treinta mujeres son asesinadas al año por sus parejas o exparejas. Los intentos de femicidio durante partidos de la selección nacional duplican las cifras de los asesinatos consumados.
En noviembre de 2024, las autoridades de la ciudad de Hamburgo, en alianza con el club de fútbol Hamburger SV, lanzaron la campaña “600 Minuten Nachspielzeit” (600 minutos de tiempo añadido). La iniciativa partió de datos que demostraban que en las 10 horas posteriores al final del partido, que es cuando se da el pico de consumo de alcohol, las llamadas a las líneas de ayuda y denuncias por violencia de género aumentaban de manera significativa.
El patrón se repite en Brasil. Entre 2015 y 2018, los días de partido de los clubes locales se registraron un aumento del 23,7% en amenazas directas a mujeres y un 20,8% en agresiones físicas en el hogar.
La Red Nacional de Refugios (RNR) de México registra incrementos de entre el 15% y el 20% en peticiones de ayuda durante la liga local. Para el último Mundial, advirtió sobre el incremento de la trata de personas aprovechando el movimiento multitudinario por los partidos.
En España e Italia los casos de violencia contra mujeres y niños luego de los partidos no se discriminan del resto, por lo que no hay un registro específico.
En Francia la situación es similar, pero las redes de refugios e instituciones de prevención identifican un incremento en las llamadas a las líneas de emergencia durante la Eurocopa, atribuyéndolo al consumo masivo de alcohol.
En Argentina, país futbolero si los hay, es difícil encontrar una nota o paper académico que hable del tema. Ni viejo ni nuevo. Es como si no tuviéramos ese problema. Sí hay numerosos estudios sobre la discriminación a futbolistas mujeres.
Sin embargo, durante el fin de semana de la final del Mundial, específicamente los días 19 y 20 de julio, se registraron al menos cuatro muertes violentas de mujeres, según el Observatorio Lucía Pérez. Esos casos son investigados como presuntos femicidios en distintas provincias. Las víctimas fueron Rocío Gómez (Córdoba) que murió por una herida de arma blanca. Su pareja se encuentra detenida. Lara Carballo (Rosario, Santa Fe), asesinada por un disparo de arma de fuego. Su pareja quedó detenida. Norma Tula (Catamarca): muerta por herida de arma blanca. Su hijo, principal sospechoso, fue detenido. Sandra Beatriz Bilau (Misiones) murió por un disparo de arma de fuego. Su pareja, señalada como autor del hecho, posteriormente se suicidó.
Unos días antes, el 15 de julio, día del partido entre Argentina e Inglaterra, fue asesinada en Córdoba Luciana Ojeda, cuyo caso también es investigado como presunto femicidio.
Al margen de que estos hechos hayan estado vinculados con los partidos o no, sería bueno que el Estado comience a registrar los casos y tomar medidas preventivas al respecto.
En Brasil existen datos cuantitativos que demuestran que la violencia doméstica y las agresiones físicas aumentan más de un 20% en días de partido, razón por la cual el Estado implementó protocolos de prevención específicos para el Mundial de 2026.
Este es el lado B de la gran fiesta. Cuando las luces de las pantallas gigantes se apagan y los análisis deportivos concluyen, cuando cada quien volvió a su país contento o deprimido por el resultado, queda una tabla de posiciones oculta: la de las mujeres muertas y heridas, la de los chicos que arrastrarán traumas hasta la adultez.
La violencia vinculada al fútbol no es una consecuencia inevitable de la pasión popular, sino el síntoma de una falsa masculinidad que busca autovalidación en la euforia, la rabia y el descontrol.
Los países organizadores miden el éxito de sus torneos en miles de millones de dólares; las líneas de asistencia, en la cantidad de mujeres a las que ayudaron en el minuto 91: el momento en que la fiesta termina en la cancha y la emergencia comienza en casa.
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