Hay dos tipos de personas en el mundo: buenas y malas, pero dentro de ambos grupos hay personas capaces.
Y por eso mismo no progresas.
Porque la gente que está en la cima de la pirámide (y es muy capaz) en cualquier área de tu vida, ya sea personal o profesional, quiere seguir ahí, y si tú vas subiendo, acabarás imponiendo tu visión del mundo a los demás, y ya no jugarán a sus juegos.
El familiar que no te deja opinar en las reuniones familiares, no vaya a ser que le abras los ojos a los demás.
El grupo de amigos que tiene un líder que siempre está malmetiendo sobre ti para que te hagan el vacío, no vaya a ser que les caigas mejor tú y acabes proponiendo planes mejores y dejen de participar en los que él propone.
El jefe, que nunca te hace encargado y propone para ese puesto a personas incompetentes para bloquearte y desquiciarte, porque teme que llegues a algo en la empresa y tu manera de hacer las cosas sea mejor que la suya.
Siempre es igual: eres el enemigo a batir, el héroe a aniquilar antes de que suponga un problema, el elegido para cambiar las cosas, aquel que la gente oscura con poder no quiere que nadie vea brillar, pues en ese caso despertarán de su embrujo.
Y para ello, utilizan su arma más poderosa: el rechazo.
Te rechazan para provocar en ti desaliento y que te rindas y lo dejes de intentar.
Por eso quiero vacunarte contra el rechazo.
¿Cómo?
Normalizándolo.
El rechazo es como el sol: cuando eres una persona buena y capaz (un elegido que puede cambiar el status quo), sale todos los días.
Tomemos por ejemplo el ámbito laboral.
Lo que buscan en las entrevistas de trabajo es cualquier motivo para rechazarte y sacarte de la pila de 2000 currículums de aspirantes que les llegan cada día.
Y si te dan el trabajo, desde el momento uno están buscando una IA, una maquinita o alguien más barato para rechazarte.
Aunque ellos lo llamen «abaratar costes de producción».
El problema es que crees que la culpa de que no te elijan o de que te despidan es tuya, y si te lo crees, pierdes, pues el desaliento se te mete dentro como si fuera una inyección de morfina, adormeciéndote y quitándote literalmente todas las posibilidades de progresar.

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