(Photo by Spencer Davis on Unsplash)
Bienvenidos al capítulo 30 de este curso titulado Ejercicios Espirituales Estoicos (E.E.E.), especialmente diseñado para incorporar el estoicismo en tu día a día de manera práctica, sencilla y entretenida.
Cada domingo habrá un ejercicio nuevo que podrás practicar durante la semana.
En el capítulo de hoy aprenderás a no dejarte manipular.
Empecemos
¿Quién mejor que un esclavo para liberarte?
¿Quién mejor que Epicteto, cuyo nombre era un apodo que significa “el comprado”, pues fue vendido de niño a un amo que le molió a palos hasta dejarle cojo de forma permanente?
¿Quién?
Una vez liberado de su cautiverio, toda la élite del mundo antiguo peregrinaba a escuchar sus clases orales, incluido el emperador Adriano.
Quizá por eso a los apuntes que de sus conferencias tomó Arriano de Nicomedia se les llama el Enquiridión, que además de significar “manual” (o “libro de mano”) era el nombre que los griegos daban a un cuchillo o daga.
Y es que las palabras de Epicteto cortan las cadenas que te retienen, te liberan de la soga de aquello que te trata como a un perro.
En particular, una máxima del sabio estoico, un mantra de cuatro palabras que te compartiré en un par de párrafos. Pero antes…
Piensa en cómo debió de ser cuando Epafrodito, antiguo esclavo de Nerón y liberado por él, a su vez liberó a Epicteto de su cautiverio.
Oficialmente se convirtió en un liberto, en alguien libre “físicamente”.
Pero la libertad verdadera no es solo la libertad física, sino la mental.
¿Cómo pudo liberarse del estrés postraumático?
¿Cómo pudo volver a sentirse un humano completo después de una vida privada de su libertad y llena de vejaciones?
¿Cómo impedir que los chismes de la gente le afectaran?
“Mira, por ahí va ese perro esclavo sin correa ni bozal”.
“Gracias tendría que dar a cualquiera que le dé un mendrugo de pan, porque hace nada no era más que un animal al servicio de su amo”.
Y la respuesta es, como te prometí, este mantra de cuatro palabras…
«Ni vergüenza ni culpa.»
Pues esos son los dos amos invisibles que gobiernan tu vida cuando te importa la opinión de los demás.
Afortunadamente, liberarse de ellos entraba en la famosa diferenciación de Epicteto entre cosas que podemos controlar y cosas que no, justo en el área de las cosas que sí dependen de uno mismo.
Y él se obligó a caminar derecho con la frente en alto, aunque arrastrara una pierna y fuera con muletas. Y gracias a ello, a no dejarse vencer por las comparaciones insidiosas de los chismosos, se ganó el respeto de todo el mundo.
Pues “palabra” en griego es parabolé, que significa “comparación”.
Y nadie estaba libre de ellas, por eso querían saber cómo alguien como Epicteto, que tenía todo a favor para sentirse un miserable, no lo hacía.
Querían lo que él tenía: su resiliencia, su mindset.
Querían vivir libres del doloroso yugo de la comparación insidiosa de los demás, de sus palabras.
Querían su «Enquiridión», su daga, su cuchillo para cortar con todo lo que les dolía y por fin ser libres mentalmente, anímicamente y espiritualmente y no solo físicamente.
Así que te propongo que durante esta semana, uses el mantra de Epicteto cada vez que alguien te haga de menos o trate de manipularte para forzarte a hacer algo que no quieres.
Repítete una y otra vez: ni vergüenza ni culpa. Y no permitas que dobleguen tu voluntad o te roben una pizca de autoestima; libérate de la correa de aquellos que te tratan como a un perro.
Verás cómo así te ganas el respeto de los demás: 1) porque perderán el poder sobre ti y 2) porque querrán saber cómo te has liberado del “qué dirán” y de sus manipulaciones; querrán saber tu secreto.
Un abrazo virtual,
Alberto García (Malafama1981)

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