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también me pasa · Jul 6, 2026

Me dejó sin respuesta

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Laura López · también me pasa

Ayer me hicieron una pregunta que casi no fui capaz de responder. No suele pasarme a menudo porque siempre hay algo ingenioso que, pese a no ser la respuesta sincera, me ayuda a salir del paso a nivel conversacional. Imagino que fruto de tener según qué recursos de más y algo de desparpajo. Cuando era pequeña, estaba realmente preocupada. Mentía más que hablaba, lo hacía como si fuera esa la forma natural de interactuar con la gente. Puede que en el fondo fuera más bien el resultado de sentir la adrenalina de estar diciendo algo lejos de la realidad y necesitar meterme tanto en el papel que consiguiera hacer que la otra persona creyera eso que estaba diciendo. Conté tantas mentiras que, de verdad, empecé a estar preocupada y a considerar que quizás hacer una lista con lo que me había inventado sería inteligente. No hay peor cosa que autodelatarse a una misma.

Esa etapa pasó, pero no voy a negar que sigo creyendo que tengo un pequeño don con que haya cosas que se me den mejor ocultar que a cualquier otra persona. Ya no miento, ahora tan solo dejo partes de la realidad para mi intimidad.

Hasta que hace poco me di cuenta de lo que eso estaba ocasionando en mí, hace poco o, bueno, ayer mismo, cuando me miró a los ojos y me preguntó eso que preferiría no haber tenido que responder nunca. Le dije que era mejor si me dejaba tiempo para escribir sobre ello. Esa es mi manera de bajar tanta cantidad de ideas a tierra, hacer que tengan una forma coherente y ordenada o, como mi psicóloga diría; mi forma de adornar las emociones como si fuera una erudita protocolaria y reprimida en la materia y vomitarlas sobre carta certificada.

En cualquier caso, no tuve mucha escapatoria, mi entrevistador resulta, además de intimidante, mucho más descarado que yo y ante eso yo tengo la batalla perdida.

No me quedó otra que empezar a responder y darme cuenta de lo patosa que sigo siendo y de lo mucho que necesito escribir porque, de lo contrario, no soy capaz de mirar de frente a ninguno de mis sentimientos. Por mucho que me joda, es algo que sigue formando parte de la lista de “cosas que de pequeña dejé de hacer porque pensaba que me hacían más mayor”. ¿El resultado? Negar cualquier ápice de emoción que mi neurona traumatizada asocie como gesto de debilidad; sentir muchas veces que mi cuerpo no tiene nada sobre lo que informarme y que todo necesita ser primero notificado por mi laboratorio mental y lógico o sencillamente a veces no tener respuesta para algo tan sencillo como que me pregunten; ¿Por qué crees que nos gustamos de esta manera?

Me sucede algo muy curioso cada vez que mi cabeza se queda en blanco intentando escoger la mejor respuesta, y es que ese vacío está directamente relacionado con una sensación de certeza. Cuando no existe nada en el horizonte capaz de ser la visible razón o la notable motivación que pueda usar como contestación, es cuando más verdad siento en lo que sea que esté sucediendo.

No sé por qué nos gustamos de esa manera. Sin embargo, el hecho de desconocerlo, no hace más que reafirmar que, cuanto mayor es la incógnita y menos evidente es la prueba de que estén siendo así de impredecibles e intensas las cosas, más grande es mi sensación de convicción.

Es extraño, a la vez se siente acogedor, es inentendible y a la vez me siento sorprendentemente tranquila en ello, es aparentemente complicado, pero mágicamente parece que llevara toda la vida preparándome para moverme con la sutileza con la que ahora esto me está moviendo.

Mientras estas palabras se escriben, creo que estoy más cerca de saber lo que me pasa. Cuando más inexplicable es una situación para mi capacidad de entendimiento en algo en lo que estoy sumergida hasta las trancas viviéndolo, es cuando con más motivo siento que es incuestionablemente cierto. E imagino que esa es una manera muy personal de saber qué narices está pasando entre mis pensamientos, para cualquier otra persona estaría más bien relacionado a seguir sin comprender lo que esté pasando, pero imagino que en este caso hay pequeños detalles que se escapan de la ciencia para corroborar de nuevo, que el amor funciona al margen de las leyes de la propia naturaleza.

No sé aún por qué nos gustamos,

pero, la profundidad de su mirada no tiene fondo y hace que me caiga en ella como si saltara al vacío sabiendo que en algún momento habrá una capa de arena fina sobre la que podré descansar.

No sé por qué nos gustamos,

pero, tengo los ojos cerrados y, aun así sé cuándo llega, sé cuándo se va, sé cuando está en el mismo lugar que yo y juro que sé hasta cuando está pensando en que todo eso yo también lo estoy notando.

No sé por qué nos gustamos,

pero, me piensa cuando yo también lo estoy pensando y, por mucho que diga que no, que no estoy sintiendo que me esté dando la mano, probablemente he sido yo la que ha ido primero a buscarlo.

No sé por qué nos gustamos,

pero, ya le he amenazado con que, o bien será la próxima dedicatoria de mi tercer libro de historias de amor fallidas, o tendrá que ver de cerca cómo me convierto en una escritora de éxito y emocionarse por ello.

No sé por qué nos gustamos,

pero, a eso último me respondió que será mejor que empiece a buscar un punto intermedio y que seguro que a la gente le gustará leer sobre el comienzo de una bonita historia entre dos personas que se gustan sin necesitar entenderlo.

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Read the original on lauralopezram.substack.com

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