(Español tras la foto)
Intelligence
A few weeks ago, I ran into an old professor from my university days. We caught up a bit on what had happened in our lives over the last few years, exercising that capacity for synthesis that we humans have, summarising 15 years in 60 seconds, deciding what to include and what to omit depending on the person asking the question, choosing the information according to the degree of intimacy and connection you have or want to establish, all in a matter of milliseconds. When you think about it, it’s one of the pieces of evidence of the evolutionary wonder that is our brain. It never ceases to amaze me. The professor told me that he has a daughter with superlative intelligence, far above average. At first, I thought it was the typical comment that everyone makes about their children: they are the smartest, the nicest, the most special, but little by little he went into detail, and it became clear that this was not the case. ‘The girl has an IQ of 150’, he told me. ‘Oh, is that a lot?’ I asked. ‘It means that for every million people, there is one person with an intelligence superior or equal to hers,’ he explained. Wow, then I understood what level of intelligence he was talking about. My mind began to calculate: three people like her in all of Madrid, 17 in Mexico City, 33 in Tokyo, 41 in the whole of Canada, 8,000 in the whole world.
The idea that we are the universe’s tool for understanding itself, consciousness of consciousness, is as beautiful as it is contradictory. If we really are that key evolutionary piece, where do our self-destructive tendencies come from? Why do we choose the worst of the pack to lead us? I don’t know. I wonder if my professor’s daughter, with her mega-powerful neural connections, is capable of going a little further and coming back with some answers. Her father told me that her least favourite subject is philosophy because she gets tangled up in theories, in the ideas of different master minds throughout history, she gets carried away by those paths, visiting corners that many of us are not even capable of imagining, and she panics. ‘Dad, I’m afraid I won’t be able to come back from there’, she told her father. And my mind imagines the girl on that quantum and philosophical journey, and I am filled with curiosity and admiration. What must it be like to explore those ideas aboard such a powerful ship? I also wonder, in 20 years’ time, will the girl only think about investing in flats and consuming? Will we be successful in her evolutionary leap from homo sapiens to homo consumens?
Thanks for reading and take care,
Jose
(Scroll up for English)
Inteligencia
Hace unas semanas me encontré con un antiguo profesor de mi época universitaria. Nos pusimos un poco al día de lo que había ocurrido en los últimos años de nuestras vidas, ejercitando esa capacidad de síntesis que tenemos los humanos, resumiendo 15 años en 60 segundos, decidiendo qué cuentas y qué omites según la persona que ha hecho la pregunta, eligiendo la información de acuerdo al grado de intimidad y conexión que tienes o quieres establecer, todo en milésimas de segundo. Pensándolo así, es una de las evidencias de la maravilla evolutiva que es nuestro cerebro. No deja de impresionarme. El profesor me contó que tiene una hija con una inteligencia superlativa, muy superior a la media. Al principio pensé que era el típico comentario que todo el mundo hace de sus hijos/as: son los más listos/as, los más simpáticos/as, los más especiales, pero poco a poco fue entrando en detalles y ahí sí ya quedó claro que no es el caso. La niña tiene un coeficiente intelectual de 150, me dijo, ah, ¿y eso es mucho?, le pregunté, significa que, de cada millón de habitantes, hay 1 persona con una inteligencia superior o igual a la suya, me aclaró. Hostia, ahí ya entendí de qué nivel de inteligencia estaba hablando. Mi mente empezó a contabilizar: 3 personas como ella en todo Madrid, 17 en Ciudad de México, 33 en Tokio, 41 en todo el país de Canadá, 8.000 en todo el mundo.
La idea de que somos la herramienta del universo para entenderse a sí mismo, la consciencia de la consciencia, es tan bella como contradictoria. Si realmente somos esa pieza evolutiva clave, ¿de dónde vienen nuestras tendencias autodestructivas? ¿por qué elegimos a lo peor de la manada para dirigirnos? No lo sé. Me pregunto si la hija de mi profesor, en sus conexiones neuronales megapotentes, es capaz de caminar un poco más allá y volver con algunas respuestas. Me decía su padre que la asignatura que menos le gusta es la filosofía porque se enreda en las teorías, en las ideas de distintas mentes maestras a lo largo de la historia, se deja llevar por esos derroteros, visitando rincones que muchos de nosotros no somos capaces ni de imaginar, y le entra el pánico. Papá, es que me da miedo que luego no pueda volver de ahí, le decía a su padre. Y mi mente se imagina a la niña en ese viaje cuántico y filosófico, y me despierta curiosidad y admiración, ¿cómo será explorar esas ideas a bordo de una nave tan potente? También me pregunto, ¿en 20 años la niña sólo pensará en invertir en pisos y en consumir? ¿Seremos exitosos en su salto evolutivo del homo sapiens al homo consumens?
Gracias por leer y hasta pronto,
Jose
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