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Vamos a abrir nuestra Biblia, el libro de Deuteronomio, capítulo 11, verso 26. Esta porción se llama hasta, ¿qué decíamos? Capítulo 16, ¿qué? ¿Vercículo qué? 17, ¿sí? De capítulo 11, versículo 26, hasta el 16, 17. Es la porción número 47 de la parasha Re, que significa mira o observa. Y nuestra lectura. habla acerca de que esta enseñanza es la repetición de la ley, por eso era Deuteronomio, la segunda ley. ¿Por qué se tuvo que repetir esta ley? Porque es para la nueva generación, porque toda la antigua, ¿dónde murió? El desierto. Dice que esta no iba a entrar durante 40 años. ¿Y qué se está diciendo el Mesías? A muchos ha llamado el Eterno. Muchos son los llamados, pero pocos son los escogidos. Esto nos está diciendo. Cuando estamos leyendo estas cosas, el Eterno nos llama y muchos ya van quedando atrás. Se están enfriando. Otros, los que están hoy nuevos, están comenzando y están empujando y agarrando las cosas del Eterno.
Por eso dice el Eterno que nadie tome tu lugar. Porque si tú no quieres, va a venir otro que se iba a querer. Entonces el Eterno va llegando el momento que esa genera no quiso, se quedó postrada ahí en el desierto. Y llegó la nueva generación y entró. Y dice que estamos en los campos de Moá porque necesitamos una... ¿Qué? nosotros necesitamos una restauración hoy en día, estamos a un límite, pero no hemos cambiado, hemos seguido, decimos Señor, Señor, no todo el que me diga Señor, Señor, ¿qué? Entraré en el Reino de los Cielos, sino los que hacen, ¿qué? La voluntad, ¿cuál es la voluntad de Eterno? Los mandamientos. Esto es muy importante saber cuál es la voluntad del eterno, que estos son los mandamientos, el obedecerle a él. Esa es la voluntad. Usted se da cuenta que Yeshua fue el hombre más obediente que hubo en la tierra. Dice que obedeció hasta la muerte de cruz. Fíjense hasta dónde llegó su obediencia de decir lo que el Padre le había dicho.
Dice yo hablo que el Padre me dice, no dice lo que él dijo. sino lo que el Padre me dice, eso hago, porque Él vino a cumplir la voluntad de quien, y usted vea en sus oraciones, hágase tu voluntad, en la tierra, así como en el cielo, así también en la tierra, y dice usted, vea la oración del Padre nuestro, entonces en el versículo 26, dice aquí, que nos da, capítulo 11 de Deuteronomio, capítulo 11, versículo 26, que nos da a nosotros aquí para que miremos, observemos que está delante de nuestros ojos, delante de nosotros está dos cosas, la bendición y la maldición. Y dice ahí, la maldición si no tú no crees, pero la bendición si tú oyeres. Vamos a ver lo que dice el versículo 26. Aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición. La bendición, si oyeres, ¿qué? No dice si te portas bien. Aquí está la bendición, porque a veces decimos, los hijos, pórtense bien. Nunca se van a portar bien.
Usted tenga el seguro que no se van a portar, porque hay un pecado dentro de él. Y ese pecado, dice Pablo, yo no puedo hacer lo que yo quiera, sino lo que no quiero, eso hago. Por eso es importante la palabra del Eterno. Que esté en nosotros para aporte. Porque esa es la que nos va a ayudar a tener bendición. Y la que nos va a ayudar a caminar. Es la que nos va a detener cuando queremos ser malos. Esa nos va a detener. Porque no hay nadie que nos puede detener más que. La palabra que nos dice el Eterno, ¿con qué le impera el joven su camino? Con guardar su palabra, no está diciendo que pues tú te vas a guardar con lo que tú sabes, con tu conocimiento, no, sino con guardar la palabra. Y dice así el versículo 28, el versículo 27, la bendición si oyeres los mandamientos del Eterno vuestro Dios, que yo prescribo hoy, y la maldición si no oyeres los mandamientos del Eterno vuestro Dios, y os apartaréis del camino.

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