La Reflexión
La palabra equipo viene del francés équiper, que significaba, en origen, embarcar, proveer a una nave de lo necesario para hacerse a la mar. Antes de ser una palabra de oficina, antes de llenar presentaciones, organigramas, el plan para el H2 y documentos con nombres absurdos, equipo fue una palabra naval. Un equipo era una forma de estar juntos frente a la mar.
Alguien se va de un equipo y, aunque todo siga funcionando con aparente normalidad —ni las reuniones desaparecen, ni Slack se mutea—, algo cambia en la cubierta. Se afloja una driza. Cruje una madera. El barco sigue, pero ya no navega exactamente igual.
Salir de un equipo es, para la persona que se va, un desembarco difícil de ordenar. En cualquier desembarco habita la ilusión de llegar a puerto, de pisar tierra nueva, pero también la tristeza de dejar atrás a quienes te trajeron hasta allí abriéndote la oportunidad. Nadie llega solo a ningún puerto, aunque luego recale con su propia maleta. Recuerdo haber escuchado a Josep Maria Esquirol decir que “oportunidad” tiene que ver con saber escoger el mejor momento para entrar a puerto. La imagen se me quedó adherida. Solemos pensar la oportunidad como avance, como conquista, como aquello que se aprovecha cuando aparece. Pero la oportunidad no consiste únicamente en seguir, sino en saber cuándo conviene detenerse, cuándo una travesía ha cumplido su misión. En los equipos cuesta aceptar esto. Nos gustaría que las personas buenas se quedaran siempre. Que quienes cuidan, empujan, afinan, sostienen y saben estar, permanecieran indefinidamente a bordo. Hay algo infantil, comprensible y un poco ridículo en ese deseo. Como si el afecto pudiera poner entre paréntesis la biografía ajena. Como si querer mucho a alguien nos diera algún tipo de derecho sobre su itinerario.
Un equipo sano no se mide solo por su capacidad de atraer talento, ni siquiera por su capacidad de retenerlo. También se mide por su forma de despedirse, por cómo acompaña los desembarcos, por cómo sabe celebrar sin apropiarse, agradecer sin dramatizar y dejar ir sin convertir la partida en una pequeña traición sentimental.
Hay equipos que viven cada salida como una pérdida de caudal. Miran el agua que se marcha y se asustan. Es lógico. Cuando alguien valioso se va, algo se pierde. Sería una falta de respeto negarlo. Se pierde una forma de mirar, se pierde oficio acumulado y se pierde presencia. Pero más allá del caudal, conviene mirar el cauce. Claudia González Caparrós escribió unos versos que vuelven a mí con frecuencia:
El curso seco de un río, la huella
que el río ha dejado sigue siendo
(todavía)
el río
(el caudal no es tan importante, el agua
no es tan importante)
El agua pasa, el cauce permanece. O, mejor dicho, el agua que pasó hizo el cauce. Lo dibujó con paciencia, con roce, con insistencia. Porque pasa el agua es posible el cauce que es un equipo. Quien se va deja, afortunadamente, un tramo del río mejor trazado.
Por otro lado, ¿qué queda de nosotros en quienes se van? Porque solemos pensar las salidas desde el lado del equipo que permanece, desde el cauce. Pero quizá la contribución más hermosa de un equipo sea lo que alguien se lleva al irse. Si alguien desembarca mejor de lo que embarcó, el equipo hizo algo bien. No todo, seguramente. Nunca todo.
A lo mejor liderar un equipo tenga en parte que ver con preparar a las personas para que algún día puedan irse bien. Suena contraproducente en este tiempo obsesionado con la retención. Pero, lo siento, retener no siempre es cuidar. A veces cuidar consiste en hacer que el paso de alguien por un equipo tenga suficiente sentido como para que su salida no sea una fuga, sino una continuación. Que pueda irse agradecido, distinto, sabiendo que deja algo atrás y que algo se lleva. El agua pasa, el cauce permanece. Tal vez un equipo sea precisamente eso: una forma provisional de permanencia hecha con personas que pasan. Como la solera de la que escribía la semana pasada: una solera humana. Un barco que no pertenece del todo a nadie porque cada cual, al embarcar, deja una estela en la madera.
Ya tenemos abierta la edición de otoño en Madrid. Cuatro sesiones para hablar sobre el tiempo y el cambio, el amor y la felicidad, el pensamiento y el lenguaje, la técnica y la tecnología.
Este curso está pensado para quienes sienten que hay preguntas que siguen abiertas. Preguntas que no terminan de cerrarse y que, aun así, sostienen muchas de las decisiones que tomamos. Vivimos rodeados de respuestas rápidas, pero hay cuestiones que exigen otro tempo, otro tipo de atención. Este curso está dirigido a quienes intuyen que detenerse a pensar no es una pérdida de tiempo, sino una forma de orientarse mejor.
El perfil de quienes participan es, en apariencia, diverso. Profesionales de ámbitos distintos: empresa, diseño, educación, derecho, medicina, ingeniería, publicidad…, trayectorias dispares, recorridos incluso alejados entre sí. Pero esa diversidad es superficial. Hay algo más profundo que los convoca. Lo que une a quienes están en el curso no es lo que hacen, sino desde dónde lo hacen. Una cierta incomodidad frente a lo dado, la sospecha de que muchas de sus certezas no han sido realmente pensadas y la voluntad, no siempre cómoda, de mirar de nuevo aquello que creían entender.
Si lo que buscas son respuestas rápidas, fórmulas aplicables o un recorrido ligero por ideas filosóficas, probablemente existan opciones más adecuadas. Este curso exige algo distinto: atención sostenida, presencialidad y la disposición a habitar preguntas que no siempre devuelven una respuesta clara.
Si esto te resulta familiar, sabrás reconocer el lugar.
Los enlaces
¿Cuántas horas se pierden traduciendo un "el header está raro" en algo accionable? CRRT se salta el intermediario: dejas caer una zanahoria sobre cualquier elemento, tu equipo comenta qué está mal ahí mismo, y a enviar el fix. Sin capturas, sin hilos eternos, sin adivinar. Lo mejor es que está gratis en beta, así que toca probarlo ya. A ver si me da la vida y lo pruebo en ideasfines.com
Wired cuenta cómo DeepMind y Anthropic están contratando filósofos por docenas. Tiene literalmente "filósofo" como cargo. ¿Para qué? pues para pensar la conciencia, la moral y el alineamiento de los modelos. Si esto es pensar en el valor real de la filosofía o solo un lavado de cara con barniz intelectual, habrá que verlo, pero lo que sí está claro es que es un buen momento para acerarse a la filosofía. No es que te quiera vender el curso. El curso ya se llenaba en 2019 cuando nadie hablaba de IA, pero es que ahora, se le suma una capa extra de utilidad y oportunidad que no tenía entonces. Como alguien que ha vivido el punto más bajo de interés por la filosofía, me alegra ver que se le empieza a ver sentido.
A dos semanas de la WWDC, Bloomberg suelta las primeras pantallas del nuevo Siri y 9to5Mac lo resume estupendamente: Siri se mete dentro de la Dynamic Island, llega un gesto nuevo de "deslizar y preguntar", la cámara se vuelve personalizable por widgets... Pero lo bestia es que Apple estaría abriendo el sistema a agentes de terceros: eliges tú si responde ChatGPT, Gemini o Claude desde un desplegable. Aviso: es rumor hasta el 8 de junio.
¿Cuánto conocimiento de tu design system vive secuestrado en una herramienta de la que no puedes salir? PJ Onori va a por ese problema con un estándar abierto de documentación: estructurado de verdad (nada de Markdown), portable, sin lock-in y con un apartado específico para agentes de IA. Admite que aún está verde, que ha tirado de LLMs para iterar y que comparte antes de tiempo porque ya tocaba. Da gusto ver a alguien construir lo poco glamuroso porque hace falta. Tiene pintaza.
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Gracias a las 202 personas que me apoyáis en Ko-fi. Me habéis invitado ya a 674 cafés y amontillados ¡Me va a dar algo!
Curso de Filosofía como ventaja táctica. Un equipaje para el largo plazo que te sitúa en una posición de ventaja frente al impulso y al pensamiento de atajos.
El número #305 de Honos ha sido escrito mientras escuchaba:
sigo sin música. Solo silencio
¡Salud y diseño!
Se despide con una sonrisa honesta, Máximo, diseñador, aprendiz de newslettero y… disfruté mucho en la primera sesión del curso en Barcelona ¡Ganas de que vuelva a ser sábado!

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