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María Florencia Freijo · Jul 20, 2026

¿Quién cuenta cuando nos cuentan?

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M. Florencia Freijo · María Florencia Freijo

El colonialismo es que América Latina se divida mientras los Nortes nos dicen a quien querer y a quien odiar. Esto en un momento crítico de limitación de los recursos para quienes siempre construyeron riqueza, debería llamarnos especial atención.

Estamos frente a una colonialidad algorítmica y discursiva. Se busca diluir el sentido de nuestra identidad para que olvidemos luchar por lo que nos pertenece, para que nos deje de importar.

Se busca construir una identidad ficticia en quienes no nos conocen, porque tenemos mucho que enseñarle a los pueblos oprimidos: el levantarse, la Memoria, verdad y justicia; el Nunca Más, la organización política de las mujeres, el juicio a las juntas, la alegría pese a las derrotas, la solidaridad, la medicina y universidad gratuitas y las políticas de fronteras abiertas para los migrantes. Los gobiernos pasan, pero en Argentina los pueblos resisten.

La colonialidad del discurso es que nos llamen sin educación cuando sus propios padres se salvaron gracias a un Bypass que es un invento argentino, cuando la UBA sigue siendo la mejor universidad de América Latina pese a los intentos de derribarla, cuando se pretende olvidar que somos EL PRIMER país del mundo en juzgar y condenar civilmente a las cúpulas militares responsables de un terrorismo de Estado, mediante tribunales civiles ordinarios. O que gracias al pañuelo verde de Argentina, millones de mujeres en todo América Latina comenzaron la lucha por sus derechos sexuales y reproductivos, y políticos también.

Un pueblo que olvida, es un pueblo que no lucha por sus recursos, sus símbolos, su historia. Por eso Argentina es grande, porque cuando no pueden borrarla insisten en volver a narrarla con mentiras, y cuando incluso, quienes nos gobiernan nos llaman “bananeros” Argentina como pueblo escribe su propio Nunca Más, levantando una Bandera, hecha de jirones con tinta en el medio de un Estadio que dice Malvinas.

A quienes han comprado falsedades sepan que ni los padres ni los abuelos de ninguno de nuestros jugadores han sido esclavizados o perseguidos. Que si vienen a nuestro país tendrán acceso educativo y médico sin ver su color de piel o preguntarles si tienen un seguro médico, que si los ven llorar por la calle alguien va a detenerse a preguntarles qué pasó, y si te cruzas un argentino en un aeropuerto va a convidarte un mate. El Argentino, primero, busca que el otro sea su amigo, tal es así que el día del amigo ¡también es un invento argentino!

No somos un pueblo perfecto, pero estamos despiertos políticamente -aunque creamos que esto comienza a diluirse- lo que pasó en el partido contra Inglaterra fue sintomático. Para algunos nortes que quieren que América Latina sea su patio trasero donde producen sus riquezas esto nos hace un pueblo peligroso. En los países como en los vínculos humanos, cuando los pobres ponen límites suelen llamarlos insolentes o soberbios, lo que subyace es que alguien de menor condición no debería creerse digno de luchar-y peor- digno de sentirse con valor.

Esta selección me emociona porque nos dejó una enseñanza que no tenemos que perder de vista, y es que la derrota nunca está escrita mientras se lucha. No dejemos de luchar unidos, que el hecho de que pensemos que hay Argentinos del bien y del mal, tampoco es una idea que tenga nuestro ADN. No dejemos que nos dividan.

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