Para ser algo, o defenderlo, primero hay que creérselo. El eterno debate de… ¿escritora se nacer o se hace? Lo lanzo yo por aquí y mientras tanto, le copio el título a Virginia Woolf, pues estoy disfrutando de su diario estas noches estivales.
Domingo 28 de junio
Miro por la ventana desde el coche en el que estamos volviendo a Madrid. La ida fue con música de los 2000, pero la vuelta tiene sabor y sonido melancólico. Me ponen triste los finales y me alegran las convivencias, a pesar de no dormir demasiado por el ruido de los bares, el silencio de Madrid me recordará que la juventud se me escapa por los dedos. Comienza el verano y ya pensando en el final, cuando los días dejarán de ser largos. Y no hablo de estaciones. Hemos pasado el fin de semana en Burgos. Hemos visto la exposición de Picasso en la catedral y hemos disfrutado de vermuts y mejillones trigre por encima de nuestras posibilidades, además del ambiente de la ciudad, en plenos Sampedros. Me gusta reunirme con mis amigos del colegio. Las amistades infantiles siempre serán casa.
Lunes 29 de junio
Un lunes como otro cualquiera. Una reunión al sol para escapar del ruido de casa y un día tranquilo, con algo de desasosiego, porque a mí la rutina no me gusta. La anhelo cuando estoy en un algún evento pero el día se me hace largo de tanto estirarlo. Es lo que tiene no tener horario, que una no es capaz de echarle el freno. Me encantaría ser como Virginia Woolf y escaparme dos horas a caminar por Londres. Iba a decir que acabaría con una hamburguesa en Patty & Bun pero en mi último viaje me enteré que habían cerrado. Otra opción sería volver al British Museum. Una de las encargadas de Broadwick Soho me confesó que era el lugar al que escapaba cuando no quería hablar con nadie. Intento escribir y no puedo, el bloqueo puede conmigo. Ojalá alguien me zarandee las ideas y me recuerde al oído que sí, que puedo, que tengo que hacerlo. Acabé la noche viendo una de mis películas favoritas: Cuando menos te lo esperas. Echo de menos a Diane Keaton.
Martes 30 de junio
Hago tres artículos de manera rauda y veloz porque yo trabajo bien cuando la patata caliente va a explotar. Presentación de unas cremas de Clinique y corriendo a un claustro de profesores. Al terminar cazo un sándwich del catering de la universidad porque no sé cuándo volveré a comer en todo el día. Doy clase de Periodismo y Comunicación Editorial en la Universidad Europa de Madrid. Me siento en la silla del estudio de radio a las dos y diez de la tarde, y allí me quedo hasta las 3 y media. Me derrito volviendo a casa, me digo a mí misma que es por ser un bombón. Me río por semejante estupidez. Ducha rápida y cita en el Hotel Orfila porque toca meterme en el papel de una actriz de Hollywood. Un lunes estás en pijama anhelando glamour y al día siguiente sentada con un albornoz de algodón mientras te maquillan el labio. Antes del maquillaje entro en directo en la radio para hablar de las mejores pizzas de Europa. La segunda es en Baldoria, en Ortega y Gasset, en Madrid. Era la gala de la Academia Española de la Moda y allí me planté, junto a Antonio Rabadán, subida a unos tacones de Manolo Blahnik. Yo estoy hecha para ir con vestidos rojos con cola. Cené una tortilla francesa a la una y cuarto de la mañana. No tuve valor de quitarme las 150 horquillas de mi moño de bailarina hasta el día siguiente. La vida es eso: una de cal y una de arena.
Miércoles 1 de julio
Después de tantas emociones y adrenalina una se queda vacía. Es una sensación extraña cuando tus semanas son una montaña rusa. Poco se habla de sentirte como una habitación sin muebles. Trabajé como siempre, artículos e emails. Se me cayó un proyecto grande que se mueve a septiembre, cosas que pasan. La vida es eso: el ying y el yang. Las buenas noticias y las malas. A las siete y media de la tarde ya estaba en pijama, con una mascarilla en la cara y una ensalada junto al ordenador. No sé si he contado por aquí que el día que entrevisté a Zendaya, hace muchos años, se comía una ensalada entre respuesta y respuesta. No pudo esperar quince minutos a que terminara, la vida de la celebrity es así, ni un minuto que perder. Cada vez que veo lechuga me acuerdo de ella, aunque yo solo soy de canónigos y rúcula. Me acuerdo de que tengo que comprar tomate seco para mis ensaladas.
Jueves 2 de julio
Me voy a un East Cream Coffee a trabajar y pasa por delante de mí medio mundo de la moda. Me doy cuenta cuando se van, perdón por no saludar, pero estaba bien metida en la novela. Con mi camiseta XL de Hermanos Vinagre y una falda satinada, porque ir con mi pantalón de pijama de Marks and Spencer me parecía demasiado. La Fundación Juan March me pilla demasiado lejos con el calor que hace en Madrid, que nubla las ideas y el espíritu. Leo en el NYTimes un artículo sobre la Book-cation. Me cambio y me voy a comer con mi mejor amigo a Bakko, del que ya os hablaré con atención. Dos horas de disfrute y de ponernos al día, cosas buenas de las comidas de trabajo. Ese jueves acaba conociendo una nueva vida y gritando los goles de España en el salón. Ceno una tortilla francesa a las diez y media de la noche. Cada día que pasa las hago mejor. Siempre hay que irse a la cama habiendo aprendido algo.
Viernes 3 de julio
Me debato entre bajar a la piscina en mi hora de comer o seguir con las facturas. Hablar de dinero siempre es obsceno. Finalmente bajo a la piscina, sin poderme remojar, porque si te haces un tatuaje en verano es lo que tiene. Apunta mi consejo: deja para invierno la tinta. La de las novelas y la de los tatuajes. Las tardes de viernes son para no trabajar y me quedo adormilada mientras de fondo tengo videos de cafés bonitos en Tokio. A mí la belleza me hace sentir bien. Tiro dos bolsas enteras de productos de belleza, de la otra, que no utilizo y me siento mejor. Hay que dejar hueco en la vida a lo que ya no nutre. No da tiempo a ir a ver la exposición de Avedon en la Fundación Mapfre, los museos deberían abrir todas las noches de viernes, ¿no? Vamos a cenar a Snob, en Lagasca, pizza como la de Nueva York. Me cruzo con varias niñas que llevan vestidos de lino y perfume de vainilla. La vida es para ellas. Son como las chicas que describe Virginia Woolf en su diario, siempre repleto de detalles.
Sábado 4 de julio
Día de piscina y lasaña con amigos. Los placeres sencillos. Hablar, que pasen las horas y los aviones. Sentirse bien a pesar de tener el coche medio roto. Al menos está limpio gracias al túnel de lavado. Pues eso, el equilibrio. Paro el coche para hacer una foto al atardecer y mi copiloto graba uno uno de los momentos más bonitos en lo que llevamos de verano. No entiendo por qué el resto de coches no paran a observar el paisaje. No dejo de decirlo en voz alta, no dejo de exclamar lo bonito que era. Me tiro todo el día en bañador y me lo quito hasta las doce de la noche.
Domingo 5 de julio
Los domingos son para comer en familia. Sigo con el traje de baño, ya he hecho mi posado estival, como el de Ana Obregón. Comemos gazpacho, como deben saber julio y agosto. Mi padre abre un cava rosado catalán, no sé si porque la mitad de la familia coge un tren a Barcelona esa tarde. Voy en coche hasta Atocha y veo uno de los besos más largos que he visto nunca. A dado tiempo a que mi familia haya llegado a la Ciudad Condal. Las estaciones y los aeropuertos suenan a cartas y despedidas de amor. Hay muchas formas de escribir los finales. También escribí las respuestas del cuestionario cabañil de Eva Morell, que salió publicado esa misma mañana. Hablo de escribir e incluso me siento escritora. Un paso más para ser colega de Virginia Woolf.
Virginia Woolf y un libro en la mano.
Para que hables en el próximo Guateque:
El libro: Compré de segunda mano La edad de la inocencia, de Edith Wharton, y ya está siendo una de mis novelas estivales. Agradecida de antemano por vuestras recomendaciones para el verano, quiero libros livianos y evocadores para engrosar mi lista.
El restaurante: Me invitaron a probar Bakko y allí que me fui con mi mejor amigo de homenaje de jueves. Una comida de trabajo siempre es mejor cuando vas bien acompañada. Aun pienso en su ostra y su gyoza de cocido con yema curada. Reserva en la barra para su cena especial.
El pódcast: Uno de los pódcast que más escucho últimamente es Radiografía del lector. El último es con Amaya Ascunce, una de mis jefas actuales… Y una de las primeras cuando empecé en el sector editorial, allá por 2015. Me ha gustado conocerla más. sobre todo su visión de la literatura, sus recomendaciones y por ese afán por producir con el que me he sentido tan identificada. Además, tiene una de las newsletters más leídas por aquí. Hablaron de olores y libros y pensé… ¿A qué huele El Guateque?
Y como siempre, a finales o a primeros, abro las puertas de El Guateque y esta vez cuento con Javier Vázquez, account manager en The Life Crew y una de las personas con más y mejor gusto que conozco. Siempre que vamos a comer por trabajo intercambiamos recomendaciones y curiosidades, siempre tenemos de lo que hablar, así que lo que comparta por aquí siempre será valioso. Lo que lee te lo cuenta en su otro perfil, Texto piso. No le gusta mucho el verano, pero sus recomendaciones saben un poco a salitre. Este verano abrimos las puertas de El Guateque de verano. Nombre poco creativo, para qué lo vamos a negar.
Una fragancia: Silver Mountain Water, de Creed. Frente a tanta novedad perfumista, esta casa histórica fundada en Londres en 1760, firma este perfume de 1995 que se inspira en el aire limpio de los Alpes suizos. Me encanta su sensación de metal frío en la piel y, en verano, busco todo lo que me transporte a un lugar más fresco: aunque no soy de cítricos, la grosella negra, el té verde y el sándalo lo hacen adictivo. Además, dicen que era uno de los favoritos de David Bowie.
Un libro: Buenos días, tristeza, de Françoise Sagan. Un libro maravilloso sobre el verano en la Costa Azul, epítome del estilo de vida francés despreocupado, entre prendas de lino y una ligereza que otros autores han intentado replicar después con menor éxito.
Una bebida: el cold brew tonic. Aquí se juntan mi obsesión por el café —mejor si es de Pastora (Carrera de San Francisco, 12)— y mi gusto por las bebidas amargas. La tónica aporta amargor, burbuja y diversión. Me gusta infusionado en frío durante al menos 72 horas y con mucho hielo; una rodaja de limón o de naranja lo mejora todavía más.
Una frase: “Los tontos nunca son elegantes”, Giorgio Armani. Giorgio siempre tiene razón.
Y como a mis invitados les dejo un bonus track…
La colaboración: la colaboración entre la firma relojera Timex y J.Crew, la marca clásica estadounidense de estilo preppy. Un reloj precioso de 36 mm, con una pequeña trucha dibujada en la esfera, que solo está disponible en precompra. Se entregará en otoño, que es cuando ocurren casi todas las cosas buenas.
¿Planes de verano? ¿Recomendaciones? ¿Libros? ¿Tenéis diario? Como siempre, os deseo un fantástico lunes y una feliz semana. Gracias por leerme.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.