Pienso mucho en el color de las ciudades. Y en función de eso, elijo la ropa de la maleta. Además, lo apunto y voy añadiendo las prendas en función del día. Sábado: trench-sin-manga-verde-menta, vestido-estampado-de-cuadros, cangrejeras-ante, bolso-Poléne. Como las cartas de los menús modernos. Al final parece que toda la ropa se ha colado en la misma lavadora. Londres siempre me ha parecido gris y verde. Muy Armani. Me gusta también añadirle marrón y tonos arena, pero creo que son los colores que refleja su esencia. Así me he vestido en mi último fin de semana en la capital británica. Y así he homenajeado su arquitectura con mi propia ropa. Creo que Houellebecq dice algo así en uno de sus libros: que la moda nos ayuda a, en vez de ser hombres mediocres, ser hombres pobres. Hay que ser elegante vayas donde vayas, y no solo por las prendas que lleves. Te verán como alguien mejor.
Me hace gracia porque Londres no me gustó nada la primera vez que fui. Fue en el 2001. Excepto el British Museum, de cuyo recorrido me acordaba a la perfección, salgo enfadada en una foto con mi padre y mi hermano a la salida del Museo de Ciencias Naturales. Creo que mi colegio, que tenía un marcado aire inglés, hizo algo. Luego pasé los veranos en Irlanda. Y entiendo que son países diferentes pero comparten el mismo meridiano. Total, que tuvieron que pasar muchos años para que cante con emoción la canción más famosa de The Clash y ahora intentamos venir, al menos, una vez al año. Este fin de semana he vuelto sobre mis pasos, aunque no del todo. He intentado ver nuevos rostros de Londres, desplazarnos hacia otras zonas. Me quedé con ganas del Columbia Flower Market. Pero lo cambiamos por el Tate Modern, que siempre es una buena opción, aunque la exposición de Frida empezara unos días más tarde. Una de las cosas que más me gustan de la ciudad es que los principales museos son gratis. Refrescar alma, cuerpo y cerebro frente a un cuadro de Pollock, o Picasso, nunca es mala opción.
Total, que visité por primera vez Central Saint Martins y los alrededores de King’s Cross. Un par de veranos estuve mirando cursos de moda pero me acabé decantando por echar mil horas en la radio. Siempre he sido de las que nunca he arriesgado demasiado. Este viaje a Londres me ha resultado algo nostálgico, a pesar de haber buscado la novedad, y me he encontrado con poco atrevimiento por mi parte. Me dio miedo meter la pata y reculé con algún plan y alguna reserva de cena. El sábado fuimos por Marylebone pero llegué tarde a aquellas tiendas que quería visitar, como la de Monocle o Shreeji Newagents. Últimamente en mis viajes solo quiero comprar libros y revistas y esta vez no he comprado nada. He disfrutado de Londres, como siempre, pero siento que de alguna manera me he hecho mayor.
Porque me gusta ir con colores neutros —como las señores de beige— con la excusa de que encajan con Londres; porque me gusta vestir bien, no gritar a los cuatro vientos que soy turista. Pedirme mi vino en The Hart e incluso en el pub de South Kensington en el que empezamos el verano. Darme cuenta de que mis planes favoritos son buscar mapas y broches en Portobello, aunque esté atestado de turistas, y soñar que vivo en Notting Hill. Le di otra oportunidad al Tate Modern pero lo siento, soy del Britain y de Turner. También de Hockney. Eché de menos ir a Covent Garden, donde siempre mando una foto a mi madre porque es uno de sus rincones favoritos de la ciudad. Agradecí dormir en una cama maravillosa en Broadwich Soho, y una mesa con fruta —no como pero me gusta deleitarme con la vista— y su fantástica selección de libros. Me gusta el Londres de Savile Row, lo elegante y bello que es todo en Liberty y los preciosos jardines de las zonas residenciales de Chelsea. Ese Londres ordenado es el que me llena. Ese que huele a rancio y a civilización.
Me hace gracia porque comienzo esta newsletter diciendo que me gusta lo de siempre y que no arriesgo, y la acabo con un tatuaje en el pie que me hice llegando la medianoche, en una fiesta. En casa se pensaban que era de mentira. Lo gracioso es que en la Roma de mi newsletter anterior faltaba mes y medio para que cumpliera 25 y pensé en dos opciones como regalo: o gastarme mi salario mensual de becaria en una cartera de Prada o hacerme un tatuaje en un sitio al lado de mi antigua casa romana. Preferí la primera opción, lo otro era un compromiso para el que no estaba preparada. Y esa Paloma de la camisa blanca que adora mirar mapas en Portobello se ha hecho un tatuaje con una copa de vino en la mano. En el fondo soy como Londres. Moderna como Camden Town pero con ese punto clásico de Chelsea. Me gusta una gabardina larga —beige, como Regent Street— pero de repente me planto una camiseta XL de los Looney Tunes. O me pinto las uñas de azul turquesa. Hay muchos Londres en mí, todos tenemos muchas facetas, hay que reírse de uno mismo. Eso sí. A pesar de divertirme al ver disfrutar a los alumnos de moda bailando TikToks en la entrada de Central Saint Martins, aproveché más el rato sosegado en Word on Water, una librería en una barcaza de Regent’s Canal, o mi Negroni en The Hook, el lounge de Broadwick Soho. Aunque me gustó la comida de Sri Lanka de Hopper’s, me quedo con el pastel de carne de The Hart. Mi hermano siempre dice que hay que salirse del tiesto de vez en cuando para ampliar la zona de confort. Pues eso. London calling to the imitation zone / Forget it, brother, walk it alone / London calling to the zombies of death / Quit holding out and draw another breath…
Old London Bridge, de Turner. (1794)
Para que hables en el próximo Guateque:
La canción: Tengo varias canciones que se repiten en bucle estos días pero hay una que me tiene tarareando sin parar. Una casa en el Teide, de Barry B y Gara Durán. Una belleza.
La frase: En el encuentro organizado por Lumen y Cooltureplans con la escritora chilena Paz López apunté una frase preciosa: “La ternura es una imaginación sobre los otros”. No siempre atrapo bien las frases que se alzan al vuelo, pero cuando vuelvo a mis notas, y las encuentro, hallo confort.
El restaurante: The Hart, en Londres. Está en Marylebone, al lado de una de las mejores calles de Londres en cuanto a compras se refiere. Pertenece a un grupo en el que tienen otros restaurantes, como The Pelican, en Notting Hill, mi favorito. Son un concepto de pubs sofisticados, con ambiente joven, y en los que en general se come bien. El resto de la guía de Londres la tendréis un reportaje que se publicará en ¡Hola! Viajes.
¿Qué le habéis pedido a San Juan? ¿Cómo habéis empezado el verano? Yo tuve viaje con amigos a Burgos. Lo pasamos bien, me puse hasta arriba de tigres, mejillones con bechamel. Contadme vosotros. Como siempre, feliz lunes y buena semana.

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