RSS Amplifier

El Guateque · Jul 20, 2026

Bom dia. Bos días. Buongiorno.

0
Sign in to vote or save

Paloma Herce · El Guateque

Estos días he visto desperezarse dos ciudades. Las he visto bostezar, estirar los brazos, las he visto en pijama y camisón. Remolonear en las sábanas. He visto amanecer por sus ventanas, ver cómo se ponían el café, lo disfrutaban con calma y después, salían a la vida. Sus calles se iban llenando de gente y el sol iba coloreando las baldosas y los edificios decadentes. Ventilaban los sueños y las pesadillas, se refrescaban la cara al echar un cubo a las calles, abrían las persianas de sus sueños, colocaban las sillas en las terrazas. Cada uno tiene su propio ritual matutino para tener un gran día. Cogí un avión a primerísima hora de la mañana a Oporto. Cuando Madrid parece una cueva. Siempre me arrepiento cuando cojo un billete tan temprano. Mi cuerpo se enfada conmigo, me chilla por dentro, me revuelve y me dan ganas de vomitar. Luego, con el primer café de la mañana, las ansias se calman y las aguas vuelven a su cauce. Al Duero, claro. Bendita cafeína.

Fuimos al único café que estaba abierto a las ocho y media de la mañana, siendo en Portugal una hora menos. Nos hablaron en inglés, síntoma de que quizá no habíamos escogido el lugar correcto. A mí háblame en portugués, que estamos en la nación lusa. Te llamas Luna, no te llamas Moon. Espero que pilléis el chiste. El sándwich no estaba mal y disfrutamos de un café tan grande como mi cabeza. Todos los rubios y pelirrojos de mi alrededor, cuya lengua natal era la misma que la camarera, se tomaban açais instagrameables —a mí dame un pincho de tortilla, por Dios, o un sándwich de jamón y queso— y se pedían bebidas extrañas y yo pensaba que lo único bueno de estar ahí era la compañía y que tenía la Sé de Oporto detrás. Siempre rodeándome de belleza. Subir las cuestas vacías de gente, la ropa colgada, las banderolas de colores desteñidas… Hasta las fachadas estaban coloreadas de saudade. Esa melancolía que barniza las ciudades portuguesas y un poco a mí. Nostalgia es mi segundo nombre. La ciudad lusa se fue llenando poco a poco y fue bonito. Iba cambiando su cara, se maquillaba de colorete, abrían las tiendas, las fachadas. Oporto es bella al atardecer, es su esplendor. Sobre todo si la observas desde Vila Nova de Gaia. Como cuando coges color después de que te dé el sol todo el día.

Escribo estas líneas con Santiago con legañas. Ella y yo. He dormido dos horas y por suerte, en donde estoy, hay un café con leite grande, grande. Ese he pedido. Toda la carta está en gallego y todo tiene buena pinta. ¿Ves? A Café. Aquí sí. El taxi nos ha dejado en una preciosa hospedería y he dado un paseo por la ciudad, sin almas. Libre de peregrinos y viandantes, apenas me he cruzado con cuatro o cinco trabajadores. La piedra gallega en sus esplendor, el suelo mojado y sus casas níveas. Yo llamo la atención con mis bermudas y camisa teñidas de azul eléctrico. Soy un manchurrón en las sábanas blancas. En realidad soy un fantasma sin cubrir en busca de cafeína. Me asomo por la puerta y veo que ahora hay más jaleo en la calle. Yo creo que los peregrinos se fueron bien temprano y, al ser la vida más despacio aquí, la urbe se lo está tomando con calma. No me he cruzado con nadie trasnochado, son otros tiempos. No hay frenesí, ritmo pausado.

Santiago no quería levantarse de la cama y casi aterrizamos por la niebla en Coruña. Pero la ciudad se ha quitado el edredón, mullidito, como el de los hoteles, en color blanco, y hemos podido pisar tierra. Yo sueño con meterme en la cama, aunque sea la sencilla de un monasterio. Mientras tecleo a mi alrededor desayunan con tranquilidad, se han ido llenando las mesas. Disfrutan de un sándwich de queso y lacón, hacen dulces cuyo olor impregna cada esquina —no hay mejor estrategia de marketing, como la colonia de Abercrombie— y una chica no puede trabajar porque el bebé de la mesa de al lado le tira de la camisa. Es una escena entrañable propia de una película de Nancy Meyers. Nadie se enfada, todo fluye, y mira que es por la mañana. En Madrid solemos vestirnos de mal humor.

No sé si es porque son ciudades del norte, no sé si es por la brisa del Atlántico, no sé si es que sales de la capital y los despertares son diferentes. La contaminación. Y no hablo de la polución en sí. Quizá es que estoy dormida, que veo todo con los ojos aún cerrados, que el no haber podido descansar me hace delirar. ¿O es que aún no me he despertado y sigo en un sueño? Hay belleza en la alborada de una ciudad, en el silencio y en el galicinio; en el ritmo lento. Ojalá así todas las mañanas. Con un café con leite grande, grande, una caminata dilatada como las de Charles Dickens, pero con ocho horas de sueño.

No es ni Santiago ni Oporto. Es la plaza de San Marcos de Venecia, pintada por Canaletto, una mañana. Es una imagen de cuando la ciudad italiana empieza a levantarse. Circa 1730.

Para que hables en el próximo Guateque:

  • El libro: En el avión de Oporto me leí El Aleph, de Borges. Me encanta robarle libros a mi padre y decidí que esta sería mi lectura para el viaje. Disfruto mucho últimamente de los relatos y cuentos cortos. ¿Lo habéis leído por aquí?

  • Los artículos: Estoy empezando a escribir algunos temas para El Español, de esos más sesudos y en los que se nota más mi impronta, y el último ha sido sobre los abanicos. Los hemos visto en el front row de París y he querido homenajearlos. También se ha publicado mi guía de Londres en ¡Hola! Viajes. Hoteles, restaurantes, exposiciones… Es muy completa. Por si vais pronto a la ciudad. ¿Lo siguiente? manifestemos una columna.

  • El desayuno: Donde sí disfruté desayunando fue en Mila Bonjardim, en Oporto. Qué rico el café y qué bueno su croissant con huevo y parmesano. Solo desayuno fuera cuando estoy desperezada en otra ciudad. Generalmente solo me tomo un café y aguanto hasta la comida. Quizá cuando acabe esta newsletter acabo con el sándwich de lacón de A Café.

Estoy pensando en hacer guías de viajes como contenido extra por aquí. Tengo que darle una vuelta. ¿Quizá para suscriptores…?

Espero que durmáis mucho esta semana y que hayáis dormido bastante cuando leáis esto. Bom día. Bos días. Buen lunes y feliz semana. Por cierto, que estamos a nada de los 2.000. Os dejo que os tragáis un +1 a la fiesta.

Compartir

Read the original on elguateque.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.