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ekilibra bienestar corporativo · Feb 22, 2026

El superpoder de tener más de 50

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Adolfo de ekilibra · ekilibra bienestar corporativo

Hoy no voy a hablar de bienestar corporativo. Sé que debería hacerlo para ayudar a los algoritmos a que nos encuentren (a Sportmadness y a Activy). Pero no, porque en mi artículo de hoy voy a hacer una pausa para referirme algo que llevo tiempo procesando: el superpoder que viene con tener 50 años y más.

Es algo que los cincuentones pocas veces valoramos. Todo lo contrario, solemos verlo como algo que nos juega en contra. Peor aún, muchas veces somos presa fácil de quienes quieren hacernos sentir menos porque ya no tenemos la juventud que tanto celebran los corporativos y la sociedad en general.

Recuerdo una conversación con mi padre, cuando yo tenía alrededor de 40 años. Fue una de las últimas conversaciones profundas que tuvimos. Me dijo:

“Prepárate, porque dentro de poco ya no vas a tener el mismo valor para las compañías.”

En ese momento no lo entendí. Me veía como un eterno ejecutivo disfrutando de un buen paquete salarial, aunque teniendo que aguantar las tonterías de mi jefe y de los jefes de mi jefe, con la certeza de que eso nunca iba a tener fin.

La verdad es que me les adelanté (para bien o para mal). A los 52 renuncié para iniciar este duro pero interesante mundo del emprendimiento.

Lo que aprendí es que hay que prepararse para ese momento. No dejarse arrastrar por esa corriente de malos pensamientos que te dicen que a los 50 ya no sirves. Todo lo contrario.

Hoy me siento mucho más valioso, desde el punto de vista intelectual, que cuando tenía 30 años. No sólo por lo que he vivido, sino por mi capacidad de reflexionar, de leer situaciones, de entender cómo funcionan las organizaciones por dentro.

Y sí, también sé que estoy menos dispuesto a aguantar ciertas cosas que cuando estaba joven quizás toleraba de manera más obediente. Eso es parte del superpoder, aunque el mercado laboral tradicional no lo vea así. Nada como la fortaleza y la sumisión de un joven de 30.

Llegar a los 50 te da algo que pocos reconocen: la capacidad de identificar con precisión el nicho donde puedes aportar valor. En el sector de organización de eventos deportivos para empresas y desarrollo de programas de bienestar, como en el que me encuentro, aplico todo mi conocimiento corporativo. Sé cómo piensa un director de Recursos Humanos. Sé qué le duele a un director de Marketing. Lo sé porque estuve ahí. Eso no es un título universitario, es experiencia.

Pero el verdadero superpoder no es sólo saber más, sino identificar qué no hacer. Me parece que a partir de los 50 ya no necesitas impresionar a nadie.

El mercado laboral puede no saber qué hacer contigo, pero eso no significa que los problemas en las empresas hayan cambiado. Siempre existirán compañías que necesiten de alguien que haya pasado por crisis (y haya sabido resolverlas), que haya gestionado equipos (sin quemarlos o asfixiarlos), que haya despedido personas (de la manera más correcta y constructiva posible), que haya defendido presupuestos (sin malcriadeces o caprichos) y que haya cometido errores pero que vaya más allá de aprender de ellos. Que los convierta en ganancia para futuras decisiones.

La diferencia es que a los 50 no puedes esperar que te den una silla. Tienes que construir tu propia mesa.

Muchos profesionales a los 50 o más pierden el empleo y entran en pánico. Más allá de las inseguridades económicas, es porque su identidad estaba amarrada al cargo. Pero éste nunca fue el activo. A veces nos damos cuenta tarde que es nuestra experiencia, nuestra red, nuestra reputación y nuestra capacidad de ejecución lo que vale.

El truco está en monetizar lo que ya sabes. Eso implica tres cosas:

  1. Traducir tu experiencia en soluciones concretas.

  2. Comunicar con claridad el problema que resuelves.

  3. Dejar de buscar empleo y empezar a buscar clientes (aunque trabajes para una empresa).

El superpoder de los 50 es la perspectiva. La vida no es lineal y el éxito no es permanente. La seguridad laboral es relativa. Eso, lejos de ser una desventaja, te hace más estratégico y si lo sabes hacer bien, también te puede hacer más libre.

A los 50 ya no tienes la energía ingenua de los 30. Pero tienes algo mejor: claridad. Si hoy que tienes más de medio siglo de vida te sientes desplazado, no te preguntes “¿quién me va a contratar?” Mejor plantéate “¿qué problema complejo puedo resolver?”

Esa pregunta aplica tanto si decides emprender como si eliges seguir dentro de una organización.

No todo el mundo tiene que independizarse. De hecho, muchas empresas necesitan profesionales con más de 50 que aporten estabilidad, criterio y experiencia acumulada. Permanecer como empleado no es falta de ambición. Puede ser una decisión estratégica y perfectamente válida. La diferencia está en la actitud.

A esta edad ya no se trata de demostrar capacidad técnica. Eso se da por descontado. Lo que empieza a pesar es la madurez para tomar decisiones, la habilidad para manejar conflictos y la serenidad para actuar en momentos de presión.

Las empresas siguen necesitando personas que entiendan los ciclos, que hayan vivido errores y sepan anticiparlos, que puedan acompañar a equipos más jóvenes sin competir con ellos. La experiencia no garantiza nada por sí sola. Lo que marca la diferencia es convertirla en valor actual. Puede implicar posicionarte mejor dentro de la que ya estás, asumir responsabilidades más estratégicas o convertirte en referencia en un área concreta.

Hay un elemento adicional que hoy marca una diferencia clara: la capacidad de seguir aprendiendo por cuenta propia. A los 50 ya no puedes depender de que alguien venga a capacitarte. Tampoco conviene esperar que la empresa diseñe tu actualización profesional. Nunca había sido tan accesible formarse de manera autónoma como ahora.

La tecnología, y en particular la inteligencia artificial, no es únicamente un recurso para redactar correos o generar textos. Representa un nuevo entorno de trabajo. Comprenderlo, explorarlo y utilizarlo con criterio es una responsabilidad individual.

El aprendizaje autodidacta dejó de ser una cualidad deseable. Se convirtió en una necesidad para mantener vigencia.

No implica competir con perfiles técnicos ni transformarse en programador. Consiste en entender cómo estas herramientas influyen en tu sector, en tu rol y en la manera en que tomas decisiones.

En esta etapa, la combinación de experiencia acumulada y actualización constante puede resultar determinante. El criterio se construye con los años. La formación continua evita que ese criterio pierda actualidad. El superpoder de los 50 no está en la nostalgia, sino en la curiosidad.

Y esa curiosidad depende exclusivamente de ti.

Adolfo Alvarez | Sportmadness México & Activy LATAM

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