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Efecto Placebo · Jul 3, 2026

Te estás haciendo polvo los dientes sin saberlo

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Marina Díaz · Efecto Placebo

Hola, queridos-barrita-as!

¿Cómo va el calor?

Por aquí regular, no os engaño. Me dio un chungo hace poco porque en mi gimnasio no hay aire acondicionado y como que todavía no me he recuperado del todo.

¿Cómo no hay aire acondicionado en un gimnasio de Grecia? Pues porque aquí en Kalymnos todos los negocios son básicamente de subsistencia, sobre todo si no están conectados con el turismo.

Además, hasta hace poco mi gimnasio (apropiadamente llamado Gymnasium for All) tenía el monopolio en la isla y la misión, visión y valores del dueño se resumían en: si no te gusta, levanta piedras del campo.

Hace un par de semanas abrieron otro gimnasio y ahora el dueño del mío se está espabilando y renovando material en vez de pegarlo con literal cinta americana.

Cuando, entusiasmada, fui a ver el gimnasio nuevo, me di cuenta de que ¡ellos tampoco ponen el aire acondicionado! ¿Es esto una (espera que lo mire) colusión oligopolística mediante una práctica concertada de restricción de oferta?

Ahora que lo pienso: fui al gimnasio en Rodas hace dos meses y tampoco había aire. ¿Existe un cártel de la hipertrofia que opera en toda Grecia?

No sé, pero nos estamos dejando en electrolitos el presupuesto de un pequeño país.

Hidrataos, jóvenes padawans.

Bueno, al lío:

No puedo parar de escuchar Mon Amour, de Aitana y Zzoilo. Es tan fresca, tan simpática, tan enrevesada y verbalmente placentera.

Juego conmigo misma a tratar de cantarla entera sin equivocarme y hasta ahora no lo he conseguido ni una vez; entre otras cosas porque hay partes en las que es difícil respirar.

¿El problema? Que mis hijos se han dado cuenta y los niños pequeños tienen un radar que detecta cuando sus padres están disfrutando de la vida para que ellos puedan impedirlo.

Alana, que puede escuchar una canción de Taylor Swift setenta y ocho veces al día sin chistar, dice que «soy muy pesada» y que «por favor ponga otra cosa», así que Mon Amour ha quedado reservada como placer solitario cuando conduzco.

Me encanta el limón en la comida. Al parecer, es algo muy de TDAH (¿a ti también te pasa?), igual que mi afición a lo crujiente, lo gomoso y las mezclas de sabores y texturas.

Bueno, pues parece que después de tomar comida ácida, el esmalte dental se reblandece durante un tiempo y es mejor enjuagarse con agua y esperar al menos una hora antes de lavarse los dientes.

¿Tú sabías esto? Porque yo no, y no me quiero imaginar el daño que habré hecho a mis pobres dientes toda mi vida sin tener ni idea.

Tengo pies estrechos y sudorosos, así que en verano rara vez uso sandalias, porque se me escurren y es súper incómodo.

Mi amiga Marta, que es amor y me conoce bien, me regaló el año pasado estos huaraches en mi color favorito. Marta y yo somos amigas desde los siete años y nos hemos comprado muchos zapatos juntas, así que ella sabe de mis sudores y de mis pies estrechos.

Me pregunto: si una amiga no se conoce tus pies, ¿es realmente tu amiga?

Los huaraches se pegaron a mis pies todo el verano pasado cual molusco a la cubierta de un barco. Los amé tanto que los destruí y en septiembre los tuve que tirar. Pegan con todo, son cómodos, originales, transpiran, te los pones y quitas rápido: una maravilla.

No me he comprado otros porque lidiar con el transporte griego me mata de pereza, pero en algún momento caerán.

Ya he contado alguna vez que llevo siete años escribiendo un diario de una línea al día (One Line a Day) para cada uno de mis hijos.

Lo hago, en teoría, todos los días. En la práctica, procrastino hasta que se me ha juntado una semana de días en blanco y me paso media hora tratando de recordar qué han hecho los niños un día en concreto.

Es un suplicio. ¿Sabes lo que dicen de que los hábitos se vuelven automáticos después de 21 días? Es mentira. MENTIRA. Yo llevo con esto ya casi ocho años que tiene mi hija y cada noche tengo que luchar contra las ganas de dejarlo para el día siguiente. No empezar otro One Line a Day es el noventa por ciento de los motivos por los que no he querido un tercer hijo.

Total: que hace un par de semanas se me ocurrió dejar de llamarlo One Line a Day y llamarlo Two Minutes a Day. Cuando no tengo entradas atrasadas, nunca tardo más de dos minutos en rellenarlo. Si pienso «voy a escribir en mi Two Minutes a Day» mi cerebro no se rebela porque, ¿quién no tiene dos minutos, sea la hora que sea o estés lo cansada que estés?

Así que te propongo que elijas un hábito breve pero molesto y le cambies el nombre: «los treinta segundos de hilo dental», «los cinco minutos de recoger mi habitación», «el estiramiento matutino de siete minutos». Si lo haces y te sirve, cuéntamelo, porfa.

No one wants to be sold, but everyone loves shopping with friends.

[A nadie le gusta que le vendan, pero a todo el mundo le encanta ir de compras con amigos.]

—Ryan Serhant

¡Hasta la semana que viene!

Abrazos,

  • ¿Qué canción no te puedes quitar de la cabeza últimamente?

  • ¿Qué consejo de salud casi nadie sabe y es súper importante?

  • ¿Cuáles son tus zapatos favoritos de este verano?

  • ¿Qué te sirve para completar hábitos que no te apetecen una mi*rda?

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