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Efecto Placebo · Jul 2, 2026

Lo que se siente cuando te dejan un comentario desagradable

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Marina Díaz · Efecto Placebo

El otro día escribí un post breve y sin pretensiones sobre la leche en Grecia.

La gente que lleva en mi newsletter muchos años está más que acostumbrada a recibir correos sobre todo tipo de temas, pero hay quien igual llegó aquí más tarde o se esperaba otra cosa.

Entre ellos, un señoro llamado Éaco, que comentó lo siguiente:

Os diría que a mí plim y que duermo en Pikolin, pero si hay algo que solo entiendes cuando has escrito un tiempo en Internet es que es raro que las críticas no piquen un poco.

Me sentí como una vez que fui a cenar con una amiga y sus compañeras de universidad, a las que acababa de conocer. Empecé a preguntarles por sus nombres, porque soy onomamaniaca1 y los nombres me fascinan.

Una se llamaba Sabina porque sus padres, escaladores, se agarraban con frecuencia a las sabinas que crecían en las vías. Se decían uno al otro, «agárrate a la sabina», y así fue como encontraron el nombre de su hija: buscando lo que te salva cuando crees que estás perdido.

A la otra, Rebeca, le habían puesto así por la peli de Hitchcock. Yo imaginaba a la madre soñando y acariciándose la tripa, regalándole a su hija un nombre elegante, hermoso, un pelín oscuro.

Cambiamos de tema y nos terminamos una cena que consistía, seguro, en pasta con algo. De repente, sin venir a cuento, Rebeca hizo un comentario punzante sobre preguntar demasiado acerca del nombre de la gente.

Recuerdo la vergüenza agria en la boca de mi estómago: la brusca vuelta a la realidad, como un ascensor que se para de golpe, cuando te das cuenta de que has mostrado tu interés genuino frente a quien piensa que interesarse es de pringados. Que madurar es reducir el perímetro de lo que te entusiasma.

No sé tú, pero yo me agoto de opiniones afiladas, de crítica cultural, de gente que solo te escucha si lo que dices lo escribió antes un francés con chaqueta. Me canso de leer a esa peña que ya ha vuelto cuando tú vas; que, como Rebeca, miran el mundo con los párpados entrecerrados.

Así que me pasa a veces esto: sentirme rara. Encontrar el mundo fascinante y contarlo como la niña que te enseña una mariquita en la palma de su mano. Y luego ver que los demás creen que la mariquita es una estupidez y necesitan que les hables, qué sé yo, ¿de Jung? ¿Del colisionador de hadrones? Y sentirme tan sola y tan ridícula como me sentí aquella noche en un piso del Eixample.

Pero luego pensé que no, que sola no estoy. Que seguro que aquí hay frikis de las monedas antiguas, los cementerios, la meteorología o los calcetines. Curiosos que, como yo, son capaces de entusiasmarse con el entusiasmo ajeno porque la curiosidad es su droga dura.

Y que si Éaco and friends leen la newsletter y se preguntan, escandalizados, dónde se ha ido la mujer interesante que pensaron que la escribía, y qué hace ahora esta niña con un bicho en la mano…

… si se van como locos al botón de desuscribirse porque su tiempo es demasiado valioso como para leer chorradas…

… pues casi mejor, porque quienes nos quedemos estaremos mucho más a gusto.

Vienen novedades pronto.

Abrazos,

Marina

P.D.: Lo que sí aprendes después de un tiempo en Internet es a sacudirte rápido, como un perrete que sale de un arroyo. Enseguida cambié el chip y pensé que tan mal no estaría el post cuando Éaco se lo leyó entero.

P.D.2: Cuéntame en los comentarios la historia de tu nombre y me harás la persona más feliz de la tierra. Yo me llamo Marina por mi abuela, que me cantaba una canción sobre un burro que se había muerto y a quien todos querían mucho. Si mi tía paterna hubiera tenido una hija, la habría llamado también Marina y yo sería Marina Grande, y a lo mejor ese sería mi seudónimo y el remitente de los correos de este Substack.

P.D.3: O cuéntame, si no, tu interés friki. Unámonos para no sentirnos solos.

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Esto lo aprendí en la newsletter de Nameberry, y quiere decir «persona fascinada por los nombres» No sé si es real o se lo han inventado ellos. En cualquier caso, soy el tipo de persona apuntada a la newsletter de Nameberry, lo que ya en sí dice bastante.

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Read the original on efectoplacebo.substack.com

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