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Odio no llegar a fin de mes · Jul 30, 2026

Crónicas de una madre trabajadora en verano. Segundo tomo.

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Laura · Odio no llegar a fin de mes

El lunes por la tarde me dirigía, sola, a un encuentro social. Transportaba un dulce con las dos manos, cosa que habría sido imposible hacer con dos personas pequeñas tirándome del brazo, del vestido, de la pierna, mamamamamama, miramiramiramira, mi hermana me ha pegado, ha empezado ella, etc. Elegí el camino más largo, no por ser el más largo, sino por ser mi favorito, uno de esos lujos que te puedes permitir cuando no tienes prisa, y me puse un buen tecnazo a un volumen seguramente nocivo para mis tímpanos.

Fue entonces cuando me crucé con ella.

Ella era yo, pero hoy no. Hoy yo era una afortunada tarareando cualquier cosa con un postre en las manos. Ella era yo un lunes cualquiera de enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio. O un martes. O un viernes. Tenía la mirada perdida, arrastraba un carro de la compra, y en el carro de la compra había une niñe. Debía tener unos 7-8 años, la criatura, que también andaba con la mirada perdida. Último lunes de julio en la ciudad, la misma en que solíamos pasar el verano a 25 grados y ahora llevamos un mes a 31. ¿Cuantas semanas, días y horas habrá pasado y pasará ese niñe en la ciudad? Habrá ido al casal? Se habrá quedado en casa? Cuanto calor habrá pasado? Habrá pasado más calor en casa o en el casal? Tendrá unxs abuelxs cerca? una casa de pueblo en la que refugiarse? Pasará todo el verano en la urbe? Tendrá energía esa madre para ir a la playa en el cercanías abarrotado el fin de semana? A qué hora se levanta para ir a trabajar? Estará haciendo “teletrabajo” para poder “conciliar”?

En junio entra la luz del sol en casa muy pronto por la mañana y hay que bajar las persianas desde muy pronto pero en julio la cosa amansa y no hace falta vampirizar la vivienda desde primera hora. Estos días de finales de julio tienen una calma especial, la calma de haber mandado a lxs niñxs con sus abuelxs, a practicar el salvajismo, a engullir tres helados y cincuenta piezas de fruta al día dejando sin pensión a lxs susdichxs abuelxs, menos mal que existen las sandías, los melones, los helados de kilo del aldi y que mi padre tiene un huerto.

Las vacaciones antes de las vacaciones.

Recuerdo a la perfección la primera vez que me separé de mi bebé para salir de casa durante más de una hora. Recuerdo la primera vez que me separé de mi segundo bebé, para volver al trabajo, y esas tetas, cómo brotaban, y el sacaleches, que me salvó la vida. Recuerdo los primeros findes sin ellas, recuerdo el primer viaje largo, lejos, las videollamadas. Todas esas separaciones. Recuerdo el dolor que me producían, lo puedo incluso sentir, pero ahora desde la serenidad de saber que estuvieron bien. Recuerdo también cuando a finales de agosto mi padre me dejaba casi un mes en el pueblo con mis abuelxs y cómo a veces íbamos al bar a llamar. No había dolor allí por mi parte, solamente alegría, emoción, curiosidad, libertad.

El Rodriguismo en la ciudad es la combinación perfecta entre un increíble sentimiento de libertad y un dulce echar de menos. Las vacaciones antes de las vacaciones. Un descanso del trabajo de crianza (y una signficativa disminución del trabajo doméstico) antes del descanso del trabajo remunerado. Una cafetera, una taza, dos platos, un táper, un vaso y cuatro cubiertos, y eso los días que hay más cosas por fregar. Media lavadora a la semana. Sofá y ventilador. Muchos helados. Muchas horas fuera de casa. Querer hacer todas esas cosas que no tienes nunca tiempo para hacer.

Ayer les pregunté mis madres de instagram que elegirían entre tener 4 semanas de vacaciones en familia o que fueran solamente 3 de vacaciones en familia y 1 de Rodríguez currando. Participaron casi 700 personas y para sorpresa de absolutamente nadie el 70% eligió tener una semana menos de vacaciones en familia a cambio de estar de Rodríguez una semana.

La agotación

Durante el año gestionas desayunos, mochilas y llantos entre las 7h y las 9h, luego el Estado del Bienestar se encarga de reducir la brecha de clase durante unas cuantas horas, y tu te vas generar la plusvalía con la que se compra pisos tu jefe, y a cambio de la cual te da lo justo para pagar el alquiler, y a alguien que se encargue de tus tesoros de 16h a 19h, que es cuando llegas a casa para gestionar cenas, ropa sucia, platos, ropa limpia, firmar una autorización, clavarte un juguete en el pie, abrazos besos miramamamamamamiramiramira, los dientes, los cuentos, hasta que te quedas frita en las literas, con suerte en el sofá, a eso de las 22h30.

Luego llega julio, que es cuando el Estado del Bienestar se desentiende de la brecha de clase y tu salario va íntegramente a pagar los pisos que se compran Ayuso y tu jefe, y a alguien que cuide de tus tesoros (con un ventilador y una manguera, a 35ºC) mientras tu produces la plusvalía.

Finalmente llega agosto que es cuando tu magnánimo jefe te regala por su gracia y bondad 4 semanas de vacaciones pagadas, porque los sindicatos no sirven para nada y la lucha de la clase obrera es un cuento guerracivilista.

Y cuando llegan esas vacaciones tú estás agotada y arruinada. ¿Cuándo narices vas a descansar tú? Nunquita. Por eso una semana de Rodríguez es un planazo. Porque cuando sales de la oficina estás de vacaciones, de vacaciones de verdad. Todo tu tiempo es tuyo y puedes hacer con él lo que quieras. Nada define mejor las vacaciones que el tiempo, la materia prima de la vida.

La soberanía del tiempo

Pero la clase trabajadora sufrimos de un terrible mal que se llama pobreza del tiempo y que por supuesto afecta más a las mujeres y todavía más a las madres. Tengo que decir aquí que me han escrito madres separadas en régimen de corresponsabilidad real y me han dicho que ellas ya tienen sistemáticamente semanas de Rodríguez. ¿Os imagináis esta misma encuesta diferenciando ingresos, edad de lxs hijxs, tamaño de la población, situación de pareja, etc?

Al final, los resultados de mi pequeña encuesta no hablan de lo mucho que quieren las madres pasar tiempo con sus familias, sino de lo muy agotadas que están y del poco tiempo personal que tienen.

Ayer fui al teatro, hoy he quedado con una amiga y mañana con otra. Tengo claro que cuando por fin me vaya de vacaciones en familia, ese derecho que tengo gracias a la lucha obrera organizada sindicalmente, estaré llena de energía para disfrutar de todos los miramamamamamamiramiramira, las partidas de cartas, los juguetes clavados en mi planta del pie, los abrazos, las peleas, las caídas, los cuentos, los dientes.. y también para ver como cada verano pasan un poco más de mi y se van a jugar con las amigas.

(emoji corazón vendado)

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