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Odio no llegar a fin de mes · Jul 7, 2026

Crónicas de una madre trabajadora en verano. Primer tomo.

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Laura · Odio no llegar a fin de mes

Cinco de julio, domingo, veinticinco grados, ocho menos cuarto, la pequeña lleva toda la noche vomitando, tiene el cuerpo caliente y se acaba de quedar frita, mitad encima de mi, mitad en el suelo. Las baldosas están fresquitas y limpias. Yo estoy sentada en el suelo, apoyada en el sofá. Ha bebido un poco de agua. Tengo miedo. Los cuerpos tan pequeños se deshidratan muy rápido.

Hay personas que son buenísimas salvándote. Cuando estás mal, cuando estás fatal, cuando necesitas ayuda, vienen y te salvan. Te ayudan. Te acompañan. Yo tengo amigas así, tengo amigos así, cuando entro en pánico, les llamo. Mercedes era así, hoy he soñado con ella, era un sueño bastante extraño. Yo no soy especialmente buena salvando a nadie, pero hago lo que puedo.

Pasé cierto tiempo llorando a la madre que nunca sería. Un prototipo inalcanzable, “all day, every day, therapist, mother, maid, nymph, then a virgin, nurse, then a servant” pensado para generar frustración eterna y mantenerte ocupada para que no salgas a quemarlo todo. Luego ya no. No sé muy bien en qué momento se produjo el cambio, pero la madre que sí soy quiere salir y quemar cosas, a veces junto, a veces por separado.

Tengo claro que esa idea de la madre idónea la genera el capitalismo en función de sus intereses de mercado. Madres obreras a trabajar a la fábrica. Luego madres obreras a procrear y cuidar sin salario. Luego madres obreras trabajado en negro para llegar a fin de mes. Luego madres trabajadoras incorporándose al mercado laboral full time y que cuiden las abuelas. Luego mujeres egoístas que no quieren ser madres y por su culpa cae la natalidad, madres quejicas que no soportan pasarse la vida trabajando para pagar campamentos y extraescolares. Madres egoístas que pretenden tener tiempo para ellas mismas en vez de destinar todo su tiempo libre en cuidar.

Las personas pequeñas para nada tienen esos criterios, seguramente saltar muy lejos, dibujar bien, bailar en la cocina y hacer crêpes para merendar se asemejan más a criterios reales que podrían usar para medir la maternidad.

Ahora son las siete y media de la tarde y estoy en urgencias pediátricas. En la sanidad pública. Tengo la inmensa suerte de poder ir a urgencias pediátricas caminando un domingo por la tarde. Todas las familias que estamos allí nos miramos con empatía. Urgencias un domingo por la tarde es en realidad un gran clásico de crianza, no es la primera vez, ni la última.

El otro día me sorprendí a mí misma defendiendo el modelo de maternidad que practico. El de la madre ausente. El del mejor padre. El de la madre no abnegada. El de la madre festiva y fiestera. El de la madre con resaca el domingo.

No lo defendí en contra de nadie, porque no creo que sea mejor ni peor, pero lo defendí como opción válida.

Quiero más tiempo. Quiero usar ese tiempo en lo que me de laputagana. Quienes tienen dinero compran el tiempo de las demás para que hagan lo que no les apetece hacer. Poner lavadoras, doblar ropa, hacer desayunos y meriendas, lavar dientes, acompañar a extraescolares, lidiar con el malestar. Quienes no tienen dinero, ponen lavadoras, doblan la ropa, hacen desayunos y meriendas, lavan dientes y cuando llega el momento de lidiar con el malestar quizás mandan a todo el mundo alaputamierda porque ya están hasta el higo. Se llama brecha de clase.

Has tenido las hijas porque has querido, me dice José Alfredo, y tú votas racista y reaccionario porque tú quieres y luego me tengo que comer yo las consecuencias de tu decisión de mierda, José Alfredo, así que a mis hijas las crío yo, las adoctrino yo, pero lo que cuestan lo vas a pagar también tú, José Alfredo, cuando implemente la dictadura feminista comunista que tanto miedo te da, José Alfredo, ya verás que gulag tan bonito te va a tocar con vistas al patio de un cole público. Porque en mi sistema la vivienda estará garantizada incluso para tí, no como el sistema que defiendes José Alfredo, en que los niños son de los padres y las casas de los fondos buitre.

Ahora son las doce del lunes y se ha quedado en casa porque seguía enferma. Es decir, es un día de campamento pagado que no va a usar, ¿cuántos euros me cuesta este virus? Está con el padre. Me llama. Que me extraña. Que ha comido un yogur. Que quiere ver una película. Que me quiere. Yo también.

En la oficina estamos a 25ºC, ahí fuera están casi a 35ºC. En casa hay un ventilador, en el campamento alguno más, pero no te creas. Es un campamento público de escuela pública, no hay climatización, que se vayan acostumbrando les hijes de la clase obrera al calentamiento global, a la crisis climática, al sudor, al malestar, al aplatanamiento.

Ahora son las nueve y media, ha pelado unas zanahorias, las ha cortado, las ha puesto a hervir. Cuando estaban hervidas pero crujientes las ha probado y ha dicho que no las quería. Ha comido unos cuantos macarrones. Al rato la mayor ha venido a avisarme de que su hermana de había quedado frita sin lavarse los dientes. Luego me ha preguntado, mientras anochecía, a 29ºC ¿qué es la ola de calor?

Y he pensado que le estaba funcionando muy bien al sistema lo de acostumbrar a les hijes de la clase obrera a soportar las altas temperaturas sin climatización. La ola de calor es esto, hija.

cosas que (casi) todas las madres piensan

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