Termina el día y cuento. ¿Cuántos libros he terminado ya? Ninguno. ¿He salido a pasear? Una sola vez. ¿He hecho los kegel? Cada día. ¿He entrenado? Jamás. ¿He comido fruta? Menos del 50% de los días. ¿He generado contenido para redes sociales? Un post.
Termina el día y no puedo evitar contar, contar mis logros vacacionales, cuantificar el reposo, cómo si el descanso se midiese en la cantidad de libros que lees, los paseos que das y lo inspirada que estás produciendo contenido espontáneo para tus redes sociales. Cómo si el descanso se midiese en todo lo que haces, en vez de medirse en lo que dejas de hacer.
Mis hijxs llevan quince minutos peleándose, interrumpo la escritura de este texto, en el móvil, para pegar un grito tan fuerte que se oye desde misa. Se callan. Alabada sea nuestra señora de todas las madres.
Llevo cuatro días de vacaciones, hoy es el quinto, todavía estoy a tiempo de cumplir con mis objetivos, me digo. Cuando se acerque la recta final contaré con exigencia crítica: cuántos libros, cuántos paseos, cuántos kegel, cuántos contenidos, cuánta fruta, cuántos entrenos, y me mostraré indulgente con los indicadores bajos, compensándolos con los más exitosos.
En algún momento, quizás, me preguntaré si medir mis vacaciones es una trampa del capitalismo, del productivismo, de la auto exigencia, del sistema que me oprime y me hace creer que durante mis vacaciones soy por fin mi propia dueña, mi patrona, mi mejor versión, es mi única oportunidad para conseguir todo lo que quiero, cuando sino, el resto del año trabajo por cuenta ajena, vendo mi energía y mi tiempo a cambio de llegar a fin de mes, no voy a permitirle a esa perra que descanse, quiero que lea, que escriba, que dibuje, que entrene, que coma fruta, que duerma mucho pero no demasiado, que juegue con sus hijxs, que hable con sus amigas, que salga a pasear, que consiga likes, que gane seguidorxs, que diga cosas ingeniosas y todo parezca sin esfuerzo, que cumpla con los KPI.
He vuelto a ser interrumpida. Ahora es por la tarde y hoy he entrenado un rato pero no he comido fruta todavía. He disuelto tres peleas. He doblado ropa, no he tendido, eso toca mañana. He gritado aléjate de la ventana que te vas a caer. Ha llovido. Tengo que salir a pasear. Tengo que tengo que tengo que.
Tengo que medir, contar, evaluar, tengo que performar, ¿cómo sino, sabré, que he estado de vacaciones?
La autora, de paseo, midiendo sus vacaciones.
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