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Causas y Azares · Apr 19, 2026

Lo que perdemos cuando dejamos de leer libros largos

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Antonio Ortiz · Causas y Azares

Empezamos con lo más leído de la edición anterior: nosotros, los pijos; lo cotidiano y lo sentimental; la guerra en psicología moral.

Pinker expone en este vídeo una idea que se está extendiendo en parte de la élite cultural más entrada en años: Frente a quienes consideran la lectura como la forma más natural de informarse, conviene recordar que la lectura y la alfabetización, aunque han sido fundamentales para el progreso y el desarrollo cognitivo, no son algo “natural” desde el punto de vista evolutivo, sino una habilidad reciente y adquirida.

En los últimos diez años, con la expansión del vídeo ubicuo gracias a que es cada vez más barato de producir y distribuir, se ha revelado que mucha gente prefiere escuchar y mirar antes que leer.

Cada vez más personas (incluso en campos que exigen un alto nivel cognitivo) prefieren escuchar audio o ver un video en YouTube. Esto podría estar reduciendo la práctica y el esfuerzo que exige la alfabetización. Y ocurre justo cuando existen motivos para pensar que esa práctica fue una de las bases del efecto Flynn (el aumento medio del coeficiente intelectual en la población) y la base de una mayor sofisticación cognitiva. Entrevista completa, paradójicamente, en YouTube.

Este tema de leer, los libros largos, y el intelecto que es causa y consecuencia de ello, es una pequeña obsesión de Causas y Azares. Rescato de “Cómo preparar a un adolescente para el futuro: que lea libros largos”:

Cada vez ando más convencido que la capacidad de concentrarse y profundizar en un único tema, prestando toda la atención y sin distracciones, algo como leer 80 páginas seguidas de una novela o un ensayo, va a ser un diferencial en cómo nos desenvolvemos en la sociedad en el futuro cercano.

La neurocientífica Anne-Laure Le Cunff escribe (en inglés) sobre los beneficios que ofrece la experiencia de la lectura, sobre todo ficción: Como resumía Pablo Malo, leer sería una forma natural y poderosa de regular el sistema nervioso y recuperar el equilibrio en una época de constante sobreestimulación.

Es algo que también refleja este pequeño documental de la BBC:

Ángel Barbas en The Conversation nos explica “Cómo la saturación informativa nos ha hecho perder la lectura profunda y qué hacer para recuperarla”. No hay ninguna recomendación demasiado sorprendente, pero hay una que estoy intentando recuperar, “la comprensión se amplía, además, cuando se ponen en diálogo diferentes perspectivas”.

Mi impresión es que plantear la lectura como un gimnasio cerebral, como una práctica útil para el cuidado propio como comer verduras o ir al gimnasio es una derrota intelectural, la sumisión completa a la autoayuda. Creo que no hay mejor proselitismo de la lectura que escribir buenos libros, leerlos y disfrutarlos y contarlo.

Por otro lado, esta pieza colectiva en The Baffler (en inglés) refleja la realidad de una decadencia, un retrato colectivo de la precariedad estructural que rodea a la escritura como oficio. El texto parte de una frase célebre de Wallace Stegner, quien en 1971 le dijo a un joven escritor que había elegido "una profesión que no existe". Los cinco escritores que participan narran en primera persona sus propias experiencias con empleos paralelos, porque de la escritura casi nadie puede vivir.

Quien mejor refleja el cambio de estatus de la literatura en las últimas décadas es Will Self en esta entrevista de Alex Dommett en London Magazine (en inglés). "Cuando tenía unos treinta y tantos, daba una lectura ante quinientas personas, gente joven". De ahí salta al presente en el que le toca admitir amargamente que ya no es leído ni reconocido. Sus ventas se han desplomado, sus ingresos por préstamos de biblioteca han caído casi por completo y (esto ya da un poco de pena) su editorial Penguin incluso ha perdido los archivos digitales de sus obras publicadas durante más de veinte años.

Es posible que haya mucho de crepúsculo personal interpretado como crisis general, sucede mucho en la gente de mi generación:


"Hemos perdido el 50 % de la alfabetización en los últimos quince años. Así que ese epifenómeno de escritores como yo siendo atacados y abandonados por nuestros amigos [..] Alguien que no puede leer un libro no puede deliberar, no puede pensar ni puede conceptualizar y, por tanto, es una amenaza —especialmente los humanos que, en lugar de conceptualizar en aislamiento y ser capaces de pensar dentro de sus propias cabezas, solo piensan a través de la interacción con otros. Ahí es donde arranca el fascismo, o los movimientos sociales que dependen de un nivel casi histérico de identificación".

Un edición de Causas que viene al caso:

Compartía esta semana otra buena de Ganesh en FT (en inglés), esta vez sobre la “tragedia del ocio” y cómo el populismo moderno es, en parte, resultado del lujo de tener demasiado tiempo libre.

El analista parte de su propia vida de bajo estrés (sin hijos, con jornadas laborales moderadas) como punto de partida para la tesis: la abundancia de tiempo libre no está haciendo a las sociedades más felices, sino más conflictivas.

“El balance no es alentador. Las horas de trabajo han disminuido en todo Occidente desde 1950, incluso desde 2000. Y, sin embargo, los electorados se han vuelto más enfadados. Intervienen otros factores, por supuesto. La inmigración ha inquietado a la gente. Pero un enorme aumento del ocio —derivado de semanas laborales más cortas, familias más pequeñas y tecnologías que ahorran trabajo— debería haber sido una fuerza de satisfacción general. En cambio, parece haber tenido dos efectos perversos. Primero, eleva las expectativas. En una vida con poco estrés, el poco estrés que aparece resulta mucho más difícil de aceptar. De ahí nuestra reacción desproporcionada ante los fallos gubernamentales que nuestros abuelos habrían encajado sin más. Además: el ocio deja más tiempo para que la mente se adentre por caminos poco deseables. Internet tiene unos cuantos.”

Creo que Ganesh da con algo, no necesariamente la explicación completa: hay clases culturales descontentas, hay problemas materiales (sobre todo vivienda y reparto generacional), hay crisis identitarias por altas tasas de inmigración. Pero creo que da con algo que está ahí y que de avanzar (pienso en el desarrollo de la inteligencia artificial liberando más tiempo libre) no tendrá el efecto del aumento de la felicidad universal.

Un apunte para matizar el punto de partida, aunque la jornada de cada trabajador individual ha disminuido no lo ha hecho la cantidad total de horas que mete la familia (véase este estudio al respecto).

Hablando de tener más libertad, el otro día dediqué un buen rato a este reportaje de Bridget Read en The Cut (en inglés) sobre la ruptura de los Beckham. Viene muy a cuento porque esta vez yo, ¡pero sobre todo ellos!, gozamos de tiempo libre para malgastar.

El caso es que Brooklyn Beckham rompió públicamente con sus padres, los muy conocidos David y Victoria, tras su matrimonio con Nicola Peltz, una heredera millonaria cuya familia supera en riqueza a los Beckham. A partir de aquí se desencadena una guerra mediática entre ambas familias por el control narrativo y el poder simbólico.

Hay algo morboso en el asomarse a las costumbres y rarezas de otra clase social. En mi caso está la sospecha de que parte de los dramas de estas familias vienen de exceso de tiempo de esparcimiento, ideal para dejar crecer las maquinaciones y las intrigas. Un ejemplo es que el núcleo duro del conflicto familiar, según el propio manifiesto de Brooklyn, es que en la boda de 2022 Marc Anthony dedicó "You Sang to Me" a Victoria en vez de a Nicola. De ahí sale el Beckxit: abogados, manifiestos en Instagram, yates esquivándose en Saint-Tropez, renovación de votos sin invitar a los suegros.

Fantástico artículo de David Oks sobre la extremadamente elaborada cultura funeraria de Ghana. Los funerales son tan caros que a menudo los fallecidos permanecen refrigerados durante semanas, meses o incluso un año mientras la familia reúne los fondos necesarios para pagarlos. Cuando la familia entiende que ha recaudado suficiente dinero, sacan al fallecido del frigorífico.

¿Qué viene a continuación? Contratan a un diseñador gráfico para crear grandes carteles coloridos con su nombre, fotografía, fechas de nacimiento y muerte, y el lugar y la hora del funeral; estos se cuelgan en muros y vallas en cruces de la ciudad. Alquilan un espacio, contratan a un amplio equipo (catering, DJ o banda en directo, fotógrafo, quizá también videógrafo) y eligen una tela funeraria que la familia vestirá. Y, si pueden permitírselo, o quieren que la comunidad crea que pueden, encargan a un artesano que talle un “ataúd de fantasía” con la forma de algo que disfrutaba en vida: una vaina de cacao, un edificio escolar, un cangrejo, un pincel o una enorme tetera azul.

Hay una parte del análisis de Oks que me ha resultado especialmente interesante. Entra a discutir que esta es una consecuencia de que Ghana y gran parte de África tienen una sociedad basada en redes de parentesco: la familia extensa actúa como estado, banco y red de seguridad al mismo tiempo ya que proporciona protección, crédito, resolución de conflictos y cuidado a los mayores. A cambio, cada miembro tiene obligaciones de redistribución constantes e ineludibles.

Aquí es muy oportuno recuperar el libro que más estoy recomendando desde mi lectura el año pasado: “Las personas más raras del mundo” de Joseph Henrich (Amazon, Todos tus libros). En el caso de estos entierros cabe anotar que el cambio tecnológico y la emigración no están cambiando la mentalidad de la sociedad, sino quizás están agudizando los comportamientos tradicionales: la refrigeración permite conservar cadáveres durante meses o años, y los migrantes, especialmente sospechosos de haber abandonado sus obligaciones familiares, compiten por demostrar su fidelidad a través de funerales cada vez más suntuosos.

Un servidor en Error500: Claude se niega a obedecer si no le tratas bien.

La carrera criminal entre dos conductores por la autopista M-30 que acabó con la vida del doctor Juan López. Patricia Peiró en El País.

Que a tu hijo no le guste tu música es normal. Por Ramontes.

Eva Guijarro y su ruptura con Byung-Chul Han.

La inexistencia del tiempo según McTaggart. Sánchez-Migallón.

Angine de Poitrine. Ana Webb en sustrato.

La ‘influencer’ palentina detrás de La Huella Románica. Entrevista de Beatriz A. Casares en El Norte de Castilla.

Imágenes: Antonio Ortiz con Freepik.

Read the original on causasyazares.substack.com

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