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Causas y Azares · Apr 26, 2026

El tremendo error de hacerte famoso

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Antonio Ortiz · Causas y Azares

Lo más leído de la edición anterior: Eva rompiendo con Byung-Chul Han, cómo leer transforma el cerebro, la inexistencia del tiempo según McTaggart.

Donald Trump ha ordenado a las agencias federales acelerar la investigación sobre los efectos terapéuticos de psicodélicos como el LSD y la ibogaína.

Aunque la gran mayoría de los psicodélicos seguirán siendo ilegales, la medida supone una victoria para los que han defendido el uso de estas sustancias para ayudar a tratar la depresión y problemas de salud mental, especialmente entre veteranos. De hecho, el podcaster Joe Rogan, defensor desde hace tiempo de ampliar el uso terapéutico de los psicodélicos, asistió a la firma de la orden. Matthew Perrone en Independent en español y Javier Carbajal en Wired.

Un poco de contexto: “¿Qué fue del LSD? Vida, muerte y ¿resurrección? de la droga que murió de éxito” de Javier Jiménez en Magnet; sobre por qué veteranos y famosos estadounidenses viajan a México para tratamientos con ibogaína, y sobre el vacío regulatorio alrededor de esas clínicas por Andrés Rodríguez en El País México: además hay un Cazador de cerebros sobre el tema en RTVE; Sam Wong en Mosaic, traducido por El País, nos da el contraste contando cuando lo de usar LSD en terapia era de psiquiatras “renegados”.

Por otro lado, Australia se ha convertido en el primer país en legalizar y regular la terapia con MDMA (éxtasis) combinada con psicoterapia para tratar el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Tras dos años de aplicación, más de la mitad de los casi 200 pacientes tratados han reportado un alivio significativo de sus síntomas, sin que se hayan registrado efectos adversos graves. Andrew Jacobs en NYT (en inglés)

Sus defensores argumentan que, a diferencia de los psicodélicos clásicos como la psilocibina o el LSD, el MDMA estimula la conexión social y la apertura emocional al aumentar la liberación o disponibilidad de serotonina, dopamina y oxitocina, además de reducir la actividad en la amígdala, una región asociada al procesamiento del miedo. E. Zamorano cubrió el uso médico de estas drogas no hace mucho en El Confidencial.

Paul Bloom reflexiona en su lista (en inglés) sobre las ventajas y desventajas de la fama, tomando como punto de partida una experiencia personal: hace años acompañó al actor Alan Alda (al que yo recuerdo por MAS*H) a tomar un café y observó cómo, a pesar de tener ya 73 años, varias personas lo reconocían en la calle, lo seguían y le pedían autógrafos.

Bloom discute si la fama tiene un lado oscuro. El escritor Tim Ferriss, en su artículo “11 Reasons Not to Become Famous”, explica que cuando millones de personas te conocen, inevitablemente algunas serán acosadoras, extorsionadoras o incluso individuos peligrosos. Esto obliga a los famosos a invertir en seguridad. Se estima que Taylor Swift gasta más de diez millones de dólares al año en su equipo de protección.

Ferriss cita a Bill Murray, quien opina que es mejor quedarse en ser rico: «Siempre quiero decirles a las personas que quieren ser ricas y famosas: “Prueba a ser rico primero”. Verás si eso no cubre la mayor parte. Ser rico casi no tiene desventajas, aparte de pagar impuestos y que tus familiares te pidan dinero. Pero cuando te vuelves famoso, terminas con un trabajo de 24 horas al día. … Lo único bueno de la fama es que me he librado de un par de multas por exceso de velocidad. He podido entrar a un restaurante sin llevar traje ni corbata. Eso es básicamente todo.»

Bloom también señala que existen distintos tipos de fama con consecuencias particulares. Bruce Lee, por ejemplo, era constantemente desafiado a pelear en la calle por hombres que querían medirse con él. Las mujeres famosas y atractivas, por su parte, deben lidiar con obsesiones románticas y sexuales muchas veces perturbadoras de desconocidos.

A pesar de todo ello, considera que Murray (y Ferris ya de paso) se equivocan, ya que la fama otorga influencia para generar cambios positivos, atractivo sexual y, sobre todo, la gratificación primitiva de ser admirado y querido por muchos. Como animales sociales, valoramos el estatus y el sentirnos importantes para los demás. De hecho, termina con un ejemplo: Kevin Bacon, tras disfrazarse con prótesis para pasar desapercibido en un centro comercial, descubrió que ser un anónimo era frustrante y concluyó que prefería volver a ser famoso.

Relaciono este tema con la crítica de Ernesto Castro a parte de la divulgación actual: aquella que se dedica sobre todo a la crítica y burla de quien plantea teorías disparatadas o conspiranoicas.

Ambas partes se retroalimentan, dependen una de la otra y acaban en ecosistema. Hace tiempo escribí sobre el nutpicking en blogs y X, el debate público en el que, en lugar de atender a los argumentos más sólidos y a la mejor evidencia de las opiniones con las que se discrepa, presenta los ejemplos más tontos para burlarse de ellos. Y, de paso, se les hace famosos.

Un caso interesante, Colin Wright analiza el salto de popularidad del polemista Nick Fuentes: primero aparenta un éxito en redes basado en el volumen de interacciones (en parte con posturas extremistas diseñadas para provocar reacciones, en parte con bots) para pasar luego a que otros te den visibilidad como una referencia, muchas veces para señalarte como un monstruo inaceptable. Pero, para entonces, ya es famoso.

Matt Vella en Financial Times (en inglés) publicó un largo reportaje estupendo sobre una pareja que pasó 18 años persiguiendo un misterioso lote de códices de plomo. David Elkington, un investigador autodidacta, y Jennifer Solignac, una expatriada estadounidense, vieron por primera vez unos códices de plomo supuestamente hallados en el norte de Israel y atribuidos a los esenios, contemporáneos de los Manuscritos del Mar Muerto

La historia tiene de todo: un comerciante beduino, oficiales de la inteligencia jordana, amargas disputas académicas con un profesor de Oxford, una detención en un aeropuerto, una campaña en blogs evangélicos y un matrimonio que no sobrevivió a la obsesión. Los códices siguen sin verificarse.

De Jordania saltamos a la historia que nos cuentan Angélica Reinosa en El Mundo y Daniel Martín en El Debate. Pedro Jiménez y María Elizari, anticuarios de la galería Theotokopoulos y padres del presentador Iker Jiménez, detectaron en una subasta italiana una talla del evangelista San Lucas que salía anónima por poco más de 5.000 euros, catalogada como pieza menor. Su ojo de especialistas reconoció una obra atribuida a Gil de Siloé, maestro del gótico isabelino, sustraída en julio de 1979 del retablo mayor de la iglesia de Santa Eugenia de Astudillo, en Palencia. En lugar de comprarla, avisaron a la UCO, que abrió la operación Predela.

Cotejada la denuncia original con fotografías históricas, un juzgado palentino emitió una orden europea de investigación y, en colaboración con los Carabinieri, la pieza fue intervenida y repatriada en julio de 2025. Meses después, ya se encuentra en el Museo Diocesano de Palencia.

Otra buena historia que encontré en X. La de Mr Ruby y sus amigos buscando en uno de los 29 libros conservados de los notarios de Málaga de 1614. Habrían dado con un documento que prueba la historia de Squanto, figura clave para que para los primeros “peregrinos” en Estados Unidos sobrevivieran al primer invierno en Plymouth.

Squanto hablaba inglés ¡y se lo encontraron al llegar!, actuó como intérprete y mediador, y les enseñó prácticas agrícolas y de supervivencia locales. Su historia es que se trataba del indígena Tisquantum, secuestrado por un inglés y vendido a un español llamado Reales, ese español llevó a Squanto y a otros 19 “indios” a Málaga.

Registró la escritura en el archivo estatal. Luego un fraile franciscano lo rescataría de la esclavitud y Squanto se hizo católico. Fue bautizado y confirmado en Málaga. Después llegó a Inglaterra, donde trabajó y aprendió inglés. Se reunió con sus paisanos wampanoag. Así que, cuando desembarcaron los peregrinos, se encontraron con un indígena católico y angloparlante que les ayudó a sobrevivir a su primer invierno. Lo ha contado con detalle Nuria Triguero en Diario Sur.

En Error500, de un servidor, “Entrenando al agente de inteligencia artificial que te va a sustituir”:

Oscar Sykes y Benjamin Stubbing en Work in progress con una estupenda historia (en inglés) del café instantáneo.

Las trampas de la pobreza. Francisco de la Torre en El Economista.

Precios dinámicos en los restaurantes: ¿pagaremos más por cenar un sábado?. Alfonso C. Suárez en The Objective.

¿Qué le debe un fotógrafo al retratado? Adulación, control y desequilibrio de poder. Dina Litovsky en su lista (en inglés).

Tigres de papel que muerden a Estasia. Gonzalo Martín en Sesgo y Ruido con “Analogismos contra la sociedad de control”.

“Con tinta se firma el compromiso, la verdad y la esperanza. Con tinta, de alguna forma, intentamos convertir en perdurables las emociones vividas”. Antonio Agredano en The Objective en defensa del tatuaje.

Read the original on causasyazares.substack.com

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