RSS Amplifier

Causas y Azares · Jun 14, 2026

Algo se ha roto con la ambición en la carrera profesional

0
Sign in to vote or save

Antonio Ortiz · Causas y Azares

Empezamos con lo más leído de la edición anterior: entrevista a Alsina, un Ozempic para la atención, evitar líos con las herencias.

Carlos Alsina, que ocupa uno de los micrófonos más codiciados de la radio española, dejó caer hace unas semanas que aflojaba el ritmo dejando el tramo informativo más influyente. Iñako Díaz-Guerra en El Mundo apunta que el locutor apenas se molestó en disfrazar: está hasta los cojones de madrugar y de trabajar. No hablamos de un becario quemado ni de un repartidor sin convenio: es alguien que ha llegado, que ocupa la cúspide de su oficio, que encarna el premio que la meritocracia promete al final del esfuerzo.

Según una encuesta de InfoJobs que recoge Susana Carrizosa en El País, seis de cada diez trabajadores en España ya no aspiran a subir en la empresa: un 19% no quiere más responsabilidades y un 38% directamente no tiene interés en ascender. Mónica Pérez Callejo, directora de Estudios de InfoJobs, interpreta que el tema principal aquí es la reconfiguración de valores, una generación que ya no acepta que el empleo perjudique su calidad de vida o resulte incompatible con la vida personal.

Esta pieza de Lucía Puerto en El Confidencial recoge un estudio de Dathum que explica que la generación más desenganchada del trabajo no es la más joven, como dice el tópico, sino la que va de los 35 a los 44 años: el grupo con menor compromiso, mayor absentismo, menos productividad y menos reconocimiento. Tiendo a estar más de acuerdo con la explicación material que con la cultural. En este caso son los que hicieron todo lo que se esperaba de ellos (estudiar, esforzarse, encadenar prácticas, esperar su turno) y se asomaron al mercado laboral justo después de la crisis de 2008. Para ellos no ha habido ninguna época de gran crecimiento.

La posición habitual en la discusión en plataformas de estos artículos tiende a explicar la desconexión y la menor ambición profesional con una ecuación simple: se pide mucho sacrificio, se recompensa muy poco. Este forero explica su evolución hacia el desencanto con el trabajo a pesar de la carrera de éxito y añade la capa fiscal para valorar cuánto merece ascender.

“Será difícil encontrar algún aspecto de la vida moderna cotidiana que haya cambiado más en el último medio siglo que la forma en que los padres varones de hoy —y padres los varones en particular— emplean su tiempo”. Estupendo artículo de Derek Thompson (en inglés), basado en datos de EEUU, aunque el fenómeno es universal: los padres actuales se han convertido en lo que sus propios progenitores no fueron.

En el debate hay dos factores con mucho peso (además, añado, de lo disfrutable que resulta lo de ser un padre cuidador):

El primero es la entrada masiva de las mujeres al mercado laboral. Aunque no cuadra del todo, dado que el tiempo de cuidado de las madres no bajó (también subió), y los plazos no encajan del todo porque el hogar de "varón único proveedor" declinó más rápido entre 1950 y mediados de los 80, mientras que el aumento más pronunciado del cuidado paterno ocurrió entre los 90 y principios de los 2000. También se puede entender que la transformación de las normas es más lenta: la definición de "buen padre" se expandió de "solo proveedor" a un rol múltiple que incluye cocriar, cambiar pañales, llevar al fútbol, etc., pero tardó respecto a la realidad material.

El segundo punto es el solapamiento entre el fenómeno de los padres cuidadores y el declive de la socialización. Desde los años 50 los estadounidenses pasan cada vez menos tiempo socializando fuera de casa y más tiempo en el hogar. Los lazos débiles con la comunidad se han debilitado, mientras que la familia nuclear absorbe funciones que antes cumplían los "aloparientes" (abuelos, tíos, hermanos mayores, vecinos). Como el ocio adulto se trasladó del espacio público al doméstico, los hombres simplemente están más presentes en casa, y parte del aumento del cuidado infantil es un subproducto de eso.

Conviene leer la entrevista que la agencia Chaotic Good Projects concedió a Kristin Robinson de Billboard (en inglés) que invita a exclamar, como en el meme: ‘no están confesando, están presumiendo’. No disimulan el orgullo con que explican cómo fabrican el entusiasmo alrededor de artistas como Geese, Cameron Winter, Oklou o Mk.gee. Shaad D'Souza en The Guardian (en inglés) reconstruyó después el mecanismo completo y no tiene desperdicio: cuentas falsas de “fans” en TikTok, microinfluencers a sueldo, perfiles de memes difundiendo la narrativa conveniente, creadores enviados físicamente a los conciertos para grabar vídeos con aire de espontaneidad.

Después de sembrar deseo, llega la recogida de beneficios. Una comparativa de Amy Whittlestone y Annabel Rackham en BBC (en inglés) muestra cómo el precio de los grandes festivales británicos lleva una década disparándose: el pase de fin de semana de Glastonbury rebasó el año pasado los quinientos dólares, y aun así se agota, igual que Coachella, que este año cobró 549 por la entrada general mientras circulaba un chiste sobre los cincuenta dólares que pidieron por tres cafés. Esteban Hernández en El Confidencial postula que el precio de los conciertos es una señal que envían los ricos. La entrada deja de ser el coste de oír música y pasa a ser un bien posicional, un marcador de distinción a lo Bourdieu, la misma lógica de la que hablaba a propósito de La Casita de Bad Bunny y el capital simbólico.

También hay mentira en la escasez de entrada. La técnica de inducir urgencia con el ‘últimas entradas’, el cronómetro y el FOMO de que algo se acaba funciona. Pero a veces es síntoma justo de lo contrario. El caso paradigmático lo acaba de encarnar Fortaleza Sound, que anunciaba ‘tramos agotados’ poco antes de cancelar su edición de 2026 en Lorca a tres semanas escasas de abrir puertas porque no había vendido las entradas mínimas para cubrir costes.

La inteligencia artificial es el "Ozempic de la industria musical": todos lo usan, pero nadie lo reconoce. Es la tesis de este reportaje de Nathan Brackett en Rolling Stone: el sector atraviesa una etapa de "no preguntes, no digas" respecto a la IA: su uso es generalizado pero poco admitido públicamente por el estigma social que conlleva. Según productores y compositores, la IA se ha integrado en los estudios para tareas específicas como la separación de pistas, corrección vocal de cantantes, la masterización, la creación de demos y la generación de samples.

Este hilo de Forocoches sobre “gente pidiendo préstamos absurdos” mete miedo al diablo.

Ya ha empezado la recesión sexual. Tenemos más parejas que nunca y nos tocamos menos que siempre. Es lo que plantea Pol Jordi.

“Este lunes se ha escrito apolíticamente. Sobre ‘El Poeta’ y alguna otra andanza”. Víctor J. Vázquez.

Todos suspenden en algún sitio. Las universidades asiáticas no tienen inflación de notas. Pero tampoco su sistema funciona del todo. Julián Estévez.

Para seguir la polémica Jot Down: la pieza de Alfredo Pascual en El Confidencial con el que empezó a desvelarse el caso “Mar de Marchis”; Verdú explicando su libro en entrevista de Henrique Mariño en Público; la versión de Ángel L. Fernández, actual director de la revista; Javier Bilbao, colaborador muchos años, con los detalles y hallazgos más celebrados

Read the original on causasyazares.substack.com

Comments

Nothing yet. Say the first thing.

    Sign in to join the conversation.