Hola,
Te cuento.
Hace unos meses fuimos a un muy buen restaurante japonés.
Tiene fama… Y lo hacen muy bien.
Pues eso.
Resulta que comimos unos fideos udon espectaculares.
Tan espectaculares que me hicieron volver.
El hecho es que fuimos con mi padre y unos primos míos, y con mi hijo, y éramos muchos pero nos partimos los platos para probar más cosas.
Así que volví.
Volví con la idea de comer esos fideos, sobretodo. De comermelos solo, claro….
La verdad es que me fascinaron.
Volví para analizarlos y replicarlos en casa. Me fliparon mucho…
Pues eso.
Me los miré bien, me los comí poco a poco, los saboreé con mucha atención y finalmente llegué a algunas conclusiones.
Eran espectaculares!
Llegué a casa y tenía los putos fideos en mente.
Pasaron unos días y seguían allí.
En mi mente.
Unas semanas más, y allí estaban.
Seguían en mi mente.
Y es que al igual que con los aromas, creo que con los sabores pasa lo mismo.
Se pegan.
Y seguramente la cosa tenga mucho que ver con el hecho de que el gusto está en parte muy influenciado por el aroma, y esta es esta la parte que afecta a ese recuerdo que tenemos.
A mi lo que me preocupa es que me obsesione un plato.
Que me ocupe la mente de tal forma que me pida probar de hacerlo repetidamente hasta conseguir replicarlo de forma perfecta.
Y de eso venía a hablarte hoy.
De ese plato que me ha obsesionado últimamente.
Y de la decepción de la última vez que lo he cocinado.
Pero a ver.
Antes que nada quiero decirte que en la vida hay decepciones a menudo.
No hay que rendirse por eso.
Y en la cocina a menudo las cosas no salen como imaginabas.
Y como te dije hace tiempo, los inventos no se hacen cuando tienes invitados.
Hoy me siento decepcionado porque esperaba que el plato me saliera mejor que la última vez, y estaba on fire porque me pareció espectacular.
Pero la he cagado.
He cambiado la marca de los fideos (pensando que eran mejores), he añadido más comensales (y me he quedado corto de jugo…) y algún error más que seguro que se me escapa.
El resultado ha sido… mediocre.
Y a mi, que me considero perfeccionista, me parece peor que malo.
Creo que la mediocridad es tan poco relevante que es el peor resultado que puedes conseguir.
Supongo que es mi punto de vista, pero es que mediocre es algo gris.
Algo que no se recuerda.
Algo que no pasa ni pasará a la historia.
Justo lo contrario de lo que era el plato que quería replicar.
Algo memorable.
Un plato para repetirlo hasta aburrirlo.
Una puta delícia.
Y perdóname el vocabulario, pero estoy un poco decepcionado.
Nada, que como dice Albert (el gastrónomo angustiado del que ya te hablé), siempre hay que buscar la mejor versión del plato o cocinar lo que sea pensando en hacerlo lo mejor posible.
¿Porque sinó, qué sentido tendría intentarlo?
PD: Si quieres saber qué restaurante era, preguntamelo respondiendo el email.
PD2: Es en Barcelona.
PD3: Hoy no tengo ganas, pero la semana que viene igual te cuento cómo lo cociné esa primera vez y me quedé tan satisfecho que casi me pensaba que me había quedado mejor que el del restaurante 😬
PD4: Evidentemente, lo hice con la ilusión de hacerlo lo mejor posible, que para menos no me pongo.
Hoy no me salió muy bien, pero las ganas estaban ahí.
PD5: Los reyes me han llevado cosas interesantes. Ya te contaré algún día de estos. Creo que es que me he portado bastante bien… 🙄
PD6: No me han quedado ni ganas de ponerte una foto.

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.