Hola amigo,
hoy sí, hoy te quiero hablar de esos fideos.
De los de la semana pasada, pero del día que me quedaron bien.
Del día que me quedaron mal, no.
Del que me quedaron bien solo.
Y es que la verdad es que hice lo mismo, pero algo era diferente.
Cuando cocino hay muchas cosas que hago siempre igual. Tengo muchos automatismos…
Pero está claro que a veces hay pequeñas diferencias que pueden llevar a un gran cambio en el resultado final.
Deja que te cuente más en detalle.
Los fideos, en el restaurante, eran de sepia, pero yo decidí que los míos serían de calamar.
Al fin y al cabo, buscaba una textura, unos sabores de mar… y además quería que los trozos de calamar se entremezclaran con los fideos udon. Que confundieran al comensal.
Sé que eso de confundir al comensal puede parecer muy presuntuoso, pero estaba cocinando para mi família.
Los quería engañar… que les sorprendiera la textura, que les confundiera el color….
Pero bueno, al final el resultado no pudo ser tan camuflado. Justamente por una de las razones por las que conseguí un resultado mucho mejor que el otro día.
Te cuento…
Uno de los errores que me afectaron la semana pasada fué que me despisté mirando el móvil mientras la pescadera me limpiaba los calamares.
¡No me dí cuenta de que me quitó la piel!
Y esto amigo, creo que me jodío todo el plato. (para unos calamares a la romana no pasaría nada 🙄)
Un calamar con la piel estéticamente no queda tan bonito, pero deja una buena cantidad de jugo y sabor que realmente pueden marcar la diferencia.
Hoy te quiero dar la idea por si quieres probar a hacer los fideos.
Solo la idea.
El resto te lo dejo a ti.
Los fideos tienen que tener mucho sabor.
Un sabor potente.
Puro umami.
Para conseguirlo, además de ese fantástico jugo que te van a dar los calamares con su piel, hay que conseguir más.
En mi caso le puse el agua de rehidratar unas setas shitake que también son una gran fuente de sabor umami, y el agua que me dejaron unos mejillones.
Aquí vino el segundo error. Los mejillones que usé la semana pasada era mejillones tipo dátil, y el resultado fue que dan menos jugo cocinados directamente en la paella sin nada de agua.
Un error que espero no volver a cometer. De todo se aprende.
Finalmente, me hacía falta un poco más de sabor y líquido, y le eché un poco de caldo dashi.
Para que todo el plato aún tuviera un aún sabor más japonés, aromaticé el aceite en el que salteé unas gambas con ajo y jengibre.
La verdad es que el resultado fué muy bueno. No como la semana pasada.
Otro detalle importante fué el hecho de reducir bastante los líquidos para intentar concentrar esos sabores en un caldo.
La semana pasada (seguramente) había menos caldo por culpa de los calamares y los mejillones, y los fideos, que también eran diferentes creo que también absorbieron más líquido.
De todo se aprende, y espero que no me vuelva a pasar.
Con esos tips creo que puedes probar a hacer unos buenos fideos. Quizás no serán como los del restaurante, pero si no tienes ese recuerdo, creo que podrás vivir sin tenerlos siempre en mente.
¡Quizás te quedan tan buenos que los que te obsesionan son los tuyos!
Tu deicides si pruebas a cocinarlos… 😉

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