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Cami Jannon · Apr 16, 2026

Un elefante, un máster y una silla

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Cami Jannon · Cami Jannon

Las conversaciones que tuve estas semanas me trajeron algo que no pude ignorar. Mujeres que habían hecho de todo… hasta no uno, sino varios Masters.

Y sin embargo, el elefante en la sala seguía ahí.

Lo que veo, porque estuve ahí, es que ante la incomodidad de ya no tolerar lo que estás haciendo, los caminos posibles parecen ser dos: formarse más sin sentarnos a pensar intencionalmente en qué, o buscar otro trabajo (el clásico clavo que saca a otro clavo).

Error.

Cuando termina el Master, el elefante sigue ahí, y nos enfrenta a algo más grande que la incomodidad original. Aparece la pregunta que nadie quiere hacerse: ¿para qué hice todo esto?

Y la respuesta incómoda es que nunca tuvo un propósito claro detrás.

El Master no da permiso para tomar decisiones ni ordena lo que está desordenado adentro. Es una credencial más, y las credenciales no resuelven problemas de definición. Incluso, a veces, vienen a sumar etiquetas con las que después tenemos que hacer malabares.

Esto no significa que formarse no tenga valor. A veces un Master abre puertas, amplía perspectivas, funciona como exploración. Pero exploración no es definición y confundir las dos es lo que deja a tantas mujeres con títulos nuevos y la misma pregunta de siempre.

Esa pregunta es una señal y si la mirás con ojos de oportunidad, representa la puerta de entrada para sentarte y conversar honestamente con vos misma.

Históricamente, lo que el contexto nos enseñó es que tenemos que demostrar. Que haya papeles, títulos, credenciales que justifiquen que sabemos. Que estamos haciendo algo. Que nos lo merecemos. Ese estado permanente de sentirnos bajo la lupa nos llevó a confundir capacitación con claridad, y no son lo mismo.

La credencial no es una inversión en claridad. Es una prueba de que estamos haciendo algo para nosotras mismas y para el entorno.

Mientras hacemos, no nos sentamos a conversar con lo que nos pasa.

Algunas incluso me plantean que trabajar de algo significativo es casi una utopía. Eso me genera más ganas de acompañar a otras a entender que no es una utopía. Es un derecho. Un derecho del que nadie nos habló.

Sentarse a conversar de lo perdida que estás sigue siendo un secreto a voces. Un secreto que nos quita espacios, que nos deja relegadas a ocupar sillas que alguien nos dijo que ocupemos, cuando en verdad se trata de ocupar aquellas en las que nuestra voz tenga peso, disfrutemos lo que hacemos e inspiremos a otras.

Trabajar de lo que una más disfruta suena a lujo. Lo entiendo. Pero si lo logramos, no lo subestimemos. Fue producto de nuestra tenacidad, de las horas invertidas en Masters y de la valentía de hacernos espacio.

Si mientras leías esto algo resonó, me encantaría saberlo.

Respondé este e-mail o dejame un comentario. Esas conversaciones son las que más nos nutren y las que más necesitamos.

¿Cerramos por hoy?

Nos leemos pronto.

Un abrazo,

Cami

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Read the original on camijannon.substack.com

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