Ayer di una masterclass para un grupo de mujeres que están construyendo una nueva etapa profesional.
Mi exposición en si duró menos de una hora.
Las conversaciones posteriores, en cambio, fueron las que tomaron protagonismo y me dejaron pensando.
Escuché frases que aparecen una y otra vez en distintos momentos de la vida laboral. Y lo sé, porque yo dije estas mismas frases en loop durante 3 años.
“El trabajo me quemó.”
“Creo que mi cambio es por este lado, pero me cuesta dejar atrás todo lo qeu construí.”
“Me cuesta comunicar lo que tengo para ofrecer y que un otro lo valore.”
Mientras las escuchaba, me di cuenta de que ninguna estaba buscando una respuesta mágica.
Lo que estaban haciendo era algo mucho más simple… estaban pensando en voz alta.
Traigo esto, porque existe una imagen bastante instalada socialmente sobre cómo se toman las decisiones importantes.
Una persona se sienta sola.
Analiza opciones.
Hace una lista de pros y contras.
Reflexiona.
Y finalmente llega a una conclusión.
Pero en mi experiencia acompañando a mujeres, pocas veces sucede así.
La claridad rara vez aparece como un rayo de luz.
Aparece mientras hablamos, mientras alguien nos hace una pregunta inesperada, mientras escuchamos nuestras propias palabras.
Hablar no es pedir consejos
Muchas personas confunden estas dos cosas.
Cuando digo que una conversación ayuda a decidir, no me refiero a salir a buscar que otros nos digan qué hacer. De hecho, suele ocurrir lo contrario.
Las conversaciones más útiles no son las que nos dan respuestas, son las que nos ayudan a escuchar mejor las nuestras.
Por eso existen personas facilitadoras, mentoras, terapeutas, o coaches que hacen buenas preguntas y crean las condiciones para que algo se ordene.
Y hay algo que me llama especialmente la atención.
A pesar de vivir rodeadas de información, seguimos necesitando espacios de conversación.
Seguimos buscando encuentros, grupos, cafés, llamadas y comunidades.
Los datos no faltan, mucho menos en tiempos de IA. Lo que muchas veces necesitamos es una conversación para transformar esa información en criterio, y el criterio en decisión.
Una pregunta para vos
¿Cuál fue la última decisión importante de tu vida que tomaste completamente sola?
Y, si sos honesta, ¿cuántas de las decisiones que realmente cambiaron algo se volvieron claras después de una conversación?
Si hace tiempo que estás revisando tu dirección profesional y estás decidida a dejar de dar vueltas sobre las mismas preguntas, respondé este correo con la palabra YO.
Te invito a una conversación de 30 minutos para entender dónde estás y cuál es el próximo paso más importante para vos.
Encontrar una nueva dirección es solo una parte del proceso, después viene lo más desafiante: convertir esa claridad en decisiones y movimientos concretos.
Nos leemos pronto.
Un abrazo,
Cami.-

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.