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Cami Jannon · Jun 4, 2026

Siete medallas

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El sistema nunca te enseñó a nombrar lo que realmente valés.

Esta semana recibí una encomienda de parte de mi abuela.

Una caja mediana.

Adentro, por supuesto, turrones, galletitas, cosas dulces varias y mis siete medallas al mejor promedio de la secundaria.

“Quiero que las tengas vos”, me dijo en llamada.

Las miré un rato. Las di vuelta, las sostuve… y pensé: a nadie le importa esto.

Jamás me preguntaron algo al respecto. Ni durante mi recorrido universitario, ni cuando recién empezaba, ni en ninguna entrevista, en ninguna conversación que haya importado, en ningún momento donde alguien decidió confiarme algo o trabajar conmigo.

A nadie le importan las medallas, ni las notas.

Y si te soy sincera, tampoco en aquel entonces me parecían mías. No me interesaaba en absoluto. Las gané cumpliendo las reglas de un juego que ni siquiera me propuse ganar. Nunca sentí que eso hablara de mí, de lo que podía hacer, de cómo pienso cuando algo importa de verdad, ni de quién soy como persona.

Estamos acostumbradas a que el sistema premie la acumulación. Notas, títulos, certificaciones, años en empresas que suenan bien. Te armás tu propia cajita y la llevás a todas partes esperando que alguien la abra y diga “esto es exactamente lo que necesitamos.”

Las conversaciones que mueven la aguja no empiezan por esa cajita.

Empiezan cuando alguien te pregunta qué problema resolviste, qué dejaste mejor de lo que estaba, qué pasa en una sala cuando vos entrás, o de qué se pierde el entorno si vos no estás.

Para esas respuestas no hay medallas ni diplomas. Sin embargo, es lo que vale. Es lo que habla de vos, de quién sos, de la huella que dejás con tu recorrido, con tu visión y criterio, con tu forma única de hacer las cosas.

La cuestión no es que tu recorrido no valga, sino que te enseñaron a buscarlo en el lugar equivocado.

Y llevás años acumulando cosas para la cajita: títulos, corpos que suenan bien, y certificaciones sin poder nombrar lo que realmente dejaste en cada lugar que estuviste.

Eso que no tiene diploma es exactamente lo que alguien necesita escuchar de vos. Y no podés nombrarlo porque nadie te enseñó que cuenta.

La solución existe, pero no está en la cajita.

Si mientras leías esto pensaste “yo también tengo recorrido profesional pero no sé cómo nombrarlo”, respondé con una palabra: dirección.

Coordinamos una llamada y revisamos tu caso juntas.

Me encantaría leerte,

Cami

Read on camijannon.substack.com

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