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Cami Jannon · Mar 19, 2026

Renunciando por segunda vez

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Cami Jannon · Cami Jannon

¿Qué estoy haciendo con mi vida?

Fue lo que le escribí a Emi, casi sin pensarlo, en un taxi camino a mi turno de uñas.

Su respuesta fue inmediata: “ya te dije mil veces, renunciá y dedicate a lo tuyo”.

Revivir esa escena mientras la escribo todavía me genera algo en el cuerpo, porque ese día de junio de 2025 no fue un día más. Ese día tomé consciencia de algo que venía tomando forma hacía tiempo: la identidad profesional que había construido hasta ese momento necesitaba pasar a un segundo plano. No porque dejara de tener valor, ni porque quisiera tirar al tacho mi CV, sino porque había otra parte de mí que ya no podía seguir en pausa.

El dilema, igual, era más grande que eso.

Un rato antes de subirme a ese taxi había estado en una reunión de trabajo en la que se discutían temas que, para mí, ya no eran relevantes no porque fueran objetivamente menores, sino porque yo ya no estaba ahí. La desconexión era total, y no había “estabilidad” ni sueldo que alcanzara para compensarlo. Y la pregunta que me daba vueltas en la cabeza, casi como una ruleta que no se detiene, era siempre la misma: ¿qué hago acá?

Con el tiempo entendí que esa pregunta no aparece cuando no sabés qué hacer, sino cuando lo que estás haciendo incomoda y dejó de tener sentido para vos.

No voy a decir que todo 2025 fue sufrimiento, pero sí puedo decir que me estaba costando caro sostener algo que ya no me hacía sentido. El problema era seguir sosteniendo un trabajo cuando ya era evidente que me incomodaba. Y cuando eso pasa, empiezan a aparecer señales bastante claras: la angustia de los domingos, la sensación de sentarte un lunes frente a la computadora o ir a una oficina y sentir que te marchitás por dentro, y esa intuición persistente de que tiene que haber otra forma de trabajar que esté más en sintonía con la vida que querés.

Ese fue el punto de partida, pero el proceso siguió.

No fue hasta mi último viaje de trabajo que la decisión terminó de acomodarse. Me bajé de un avión después de haber estado 14 días en Colombia y me dije: no quiero seguir haciendo esto.

Y como si eso no alcanzara, saqué cuentas medio en el aire y me di cuenta de que, entre una cosa y otra, en 2025 había pasado casi un mes y medio fuera de mi casa, de mi rutina y de mi gente por trabajo. Ya sé lo que podrías estar pensando: el famoso “quién pudiera”. Y no te voy a decir que no, porque durante mucho tiempo ese fue exactamente el tipo de vida que quería. Pero había algo que ya no estaba en la ecuación: el disfrute. Y cuando el disfrute se va, lo que antes era un logro empieza a sentirse como un costo y pesa.

Así que respiré hondo, me reuní con mi manager y le dije algo que todavía no tenía completamente resuelto: me voy a ir, no sé cuándo, pero hasta acá llego. Quiero darme la oportunidad de construir lo propio.

Después llegó diciembre, las vacaciones en Mendoza con Emi y Oli, y mientras él trabajaba remoto algunos días, yo me senté con agenda en mano a bajar el ruido de mi cabeza.

Fue en ese momento donde, por primera vez en mucho tiempo, pude ver con cierta claridad que el paso que quería dar no era tan lejano como lo venía imaginando. Y confirmé algo que, en el fondo, ya venía sintiendo: voy a poder con esto.

Llegar a esa claridad no fue inmediato ni lineal. Fue el resultado de bastante tiempo de probar, de dudar, de incomodarme y, sobre todo, de hacer un trabajo interno que no siempre se ve pero que ordena mucho más de lo que parece.

Muchas veces el problema no es no saber qué hacer, sino no poder entender lo que te pasa para tomar una decisión.

Hoy, ese recorrido tiene forma, y es desde ahí desde donde acompaño a otras personas que están en ese mismo punto en el que el trabajo deja de hacer sentido pero las alternativas no se ven tan claramente.

Mi misión es simple: ayudarte a diseñar un camino laboral que tenga sentido para vos y que puedas sostener en el día a día.

Hay momentos en los que no se trata de buscar más respuestas, sino de frenar, ordenarse y animarse a decidir. Sí, aunque de miedo e incomode.

Nos leemos pronto.

Un abrazo,

Cami

Read the original on camijannon.substack.com

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