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Calle65 · Nov 8, 2025

La nostalgia de la lentitud: volver a lo analógico en las relaciones

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La lentitud se ha convertido en una especie de anhelo, un deseo de mirar más allá de la pantalla

(Fotografía: ryanandrewgaffney)

A veces fantaseo con escribir una carta. Y vale que yo escribo cartas todo el tiempo, pero son de aquellas que dedico a personas cercanas a mí. Me gustaría, algún día, escribir cartas con intención romántica, disfrutar del corazón acelerado en actos rutinarios tan simples como elegir el papel, pensar en cada palabra, imaginar el rostro del otro al leerla. No me termina de gustar el hecho de que hoy todo se escribe para ser leído en segundos, para provocar una reacción inmediata. Hemos perdido la espera y, con ella, una forma de deseo. Porque el amor también era eso: un crecimiento compartido a través del tiempo.

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Me pasa algo parecido cuando leo historias de amor antiguas. Persuasión de Jane Austen, por ejemplo, me conmueve siempre por la delicadeza con la que trata la espera. Anne Elliot y el capitán Wentworth se escriben una sola carta, y sin embargo, en ese breve intercambio, se condensa toda una vida de amor contenido. En esa lentitud, en esa paciencia, hay una confianza que hoy nos resulta casi inverosímil: la de creer que algo puede madurar en silencio sin desaparecer.

A veces pienso que leer es el último refugio de esa lentitud perdida. Sentada a uno de los bancos de la médiathèque, participo de un ritmo distinto, al margen del mundo. Recuerdo especialmente una autora argentina que traduje el año pasado: sus escenas románticas eran pausadas, suspendidas en una cadencia donde el silencio formaba parte de la estructura narrativa. Traducirla fue aprender —o recordar— que el amor no florece en la prisa, que necesita demora para existir.

En contraste, nuestra época parece diseñada para evitar cualquier pausa. Deslizamos, respondemos, actualizamos. El scroll infinito se ha vuelto nuestro modo de estar en el mundo: siempre en movimiento, siempre hacia adelante, pero sin llegar a nada. Pero hay una corriente contraria que empieza a crecer, una especie de nostalgia por lo lento, por lo pausado. Puedo verlo en la gente que escribe diarios, en quienes imprimen fotos, en quienes todavía envían mensajes largos cuando podrían mandar un emoji. Es el intento, quizá inconsciente —pero profundamente humano y esperanzador—, de volver a sentir el amor a través de vínculos que, si bien tardan en consolidarse, resultan ser más reales, más duraderos.

Porque hoy la lentitud se ha convertido en una especie de anhelo, un deseo de mirar más allá de la pantalla, de hablar sin contar los minutos, de leer y ser leídos sin que la prisa nos arrebate lo más importante: la conexión humana. Tal vez peco de ingenua, pero quiero pensar que esa se está convirtiendo en la nueva revolución sentimental: reaprender a esperar, a escribir, a disfrutar del amor con la paciencia que nos recuerda que algunas cosas solo florecen cuando se les da tiempo.

¿Volveremos a amar “a la antigua”? Algo así como volver a lo analógico, pero en las relaciones.

Yo espero que sí. El ruido tarde o temprano termina por abrumar, y volveremos, por necesidad, a amar sin que la digitalización ambiente nuestras vidas.

Con suavidad y fuego,
Bea.

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