No hace falta que te cuente que hoy hay eclipse.
La tradición yóguica considera que un eclipse es un momento “bisagra”.
Una pequeña grieta en el tiempo. Un día en el que lo que sueltas se suelta más limpio, y lo que empiezas empieza con más fuerza.
No es magia. Es simplemente que cuando la naturaleza para, tu cuerpo también para. Y cuando tu cuerpo para, escuchas cosas que llevabas meses sin oír.
Por eso antiguamente la gente no trabajaban en un eclipse.
No comían.
Se sentaban en silencio, meditaban, cantaban mantras, se lavaban después.
Y no te pido que hoy dejes tu trabajo. Ni que no comas.
Pero sí que te propongo 5 pequeños rituales para vivir el día 12 de otra manera.
Elige los que te resuenen. Aunque sea uno solo.
01. Silencio digital durante las horas centrales.
Elige la hora del eclipse en tu ciudad. Y decide, antes, que en esas horas el móvil se queda en otra habitación. Sin llamadas, sin scroll, sin correo, sin fotos.
Deja que tu sistema nervioso baje de revoluciones. Es un regalo raro de encontrar.
02. Nadi Shodhana. 10 minutos.
La respiración alternada por las fosas nasales. Se hace tapando una fosa con el pulgar de la mano derecha y alternando: inhalas por una, exhalas por la otra.
Equilibra los dos hemisferios. Baja el cortisol. Prepara el terreno para lo que venga después.
Perfecta antes o durante el eclipse.
03. Escritura de cierre.
Coge una libreta o un folio. Y escribe, sin pensar mucho, dos listas:
Cinco cosas que quiero soltar (patrones, personas, escenas viejas, historias que ya no me representan).
Cinco cosas que quiero que empiecen (o que ya han empezado y quiero regar).
Cierra la libreta cuando termines. No hace falta releerlo. El acto de escribirlo ya hace la mitad del trabajo.
04. Baño consciente después del eclipse.
En la tradición se recomienda un baño después de un eclipse. Como un lavado simbólico de lo viejo.
Ducha larga. Agua algo más fría al final. Y una intención muy pequeña. “Suelto lo que ya no me sirve. Recibo lo que viene.”
Sin más ceremonia. Con eso vale.
05. Compartir con otra mujer.
Los eclipses, en muchas tradiciones, se vivían en grupo. Nunca sola.
Llama a una amiga que también esté sensible estos días. Mándale este correo. Quedad para tomar un té ese día. Aunque sean 20 minutos por videollamada.
Compartir lo que se remueve dentro es la forma más antigua de sanar.
Y una última cosa antes de despedirme.
No te obligues a sentir nada especial.
A veces los eclipses te sacuden. Otras veces pasan y no notas casi nada. Otras te dejan un poso raro que reconoces tres días después.
Lo importante no es notarlo el mismo día. Lo importante es haberte dado el espacio.
Espero lo disfrutes
Paula 🤍

Comments
Nothing yet. Say the first thing.
Sign in to join the conversation.